OTAN no

Una vez alguien dijo que las tragedias de la historia se repitean pero esta vez en forma de comedia. También se dice que la historia no se repite pero rima. Y también es cierto que la historia tiene la humorada de mostrarse con cinismo en su crueldad

GABRIEL JARABA

Una vez alguien dijo que las tragedias de la historia se repitean pero esta vez en forma de comedia. También se dice que la historia no se repite pero rima. Y también es cierto que la historia tiene la humorada de mostrarse con cinismo en su crueldad. Todo eso puede ser posible o no, pero los reflejos de crueldad cínica en el devenir aparecen de vez en cuando y nos producen escalofríos.

Véase cómo el lema de “OTAN no, bases fuera”, que ha venido esgrimiendo la izquierda postcomunista le ha sido arrebatado por el agente menos pensado: Donald Trump. Es el presidente americano el que reclama que España salga de la organización militar. Eso es lo que dice Trump respecto a España: no a la OTAN. Lo que una vez fue bandera de Izquierda Unida y otros partidarios se convierte ahora en propuesta del macroenemigo de la izquierda y la democracia.

No sé si eso es una rima de la historia, una comedia respecto a lo que fue tragedia o una serendipia personificada por el monarca de Mar-a-Lago. Pero es tan escalofriante no por la propuesta en sí sino porque ha dejado a las izquierdas alternativas sin su proclama principal. Uno no se imagina a la izquierda replicando: “Oh, no, que sigan las bases americanas en España”, por contradecir a Trump como es, ejem, debido. Y tampoco asintiendo a su proclama: “Eso, eso, OTAN no, aunque lo diga aquel tío”. Reina un silencio que nos atreveríamos a llamar incómodo si se percibiera incomodidad en el ambiente, que no es el caso.

Un momento; otro dicho afirma que quien calla otorga. La llamada de Trump a que España abandone la OTAN, o que la OTAN abandone a nuestro país, no ha tenido réplica por parte de la izquierda española. No por falta de ánimo polémico ni por incapacidad de argumentación, sino por algo más prosaico: les da pereza. Es curioso ver cómo, cuando las izquierdas han pasado de ser herramientas de cambio político a artefactos lingüísticos –véase la importancia que hoy se le da al “discurso”—la izquierda que se quiere transformadora entra en una mudez inquietante. El presidente americano dice “quiero a España fuera de la OTAN” y la izquierda calla y con ello otorga. ¡Cáspita! ¿Va a ser Donald Trump el que haga realidad la más clamorosa proclama de las izquierdas alternativas españolas?

Todo esto es un embrollo que no tiene nada que ver con lo humorístico o los versos y mucho con la crueldad del paso del tiempo. El problema de la izquierda devenida artefacto lingüístico es que hay que actualizar y resetear a menudo el programa –en todos los sentidos del término, véase Julio Anguita—si uno no desea verse un día con que te han quitado la alfombra bajo los pies de un tirón. Como se decía en Alicia en el País de las Maravillas, la cuestión no es el sentido de las palabras sino saber quién manda aquí.

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