El Rosco y yo

El Rosco de Pasapalabra es fascinante. Como todo círculo nos remite a la totalidad y a aquella sabiduría ancestral que dio orígen al cero.

GABRIEL JARABA

Me gusta la televisión pero ahora la veo poco. A lo sumo dos programas de entretenimiento ligero que me distraen en las pausas de la escritura. Veinte años trabajando en una televisión pública me han desacostumbrado de la pasión por las imágenes en movimiento y todo lo que arrastran. En TV3 conocí compañeros magníficos y también gente olvidable que me enseñó la diversidad de la condición humana, a mí que siempre he sido un optimista bienintencionado y amigable. Qué le vamos a hacer, la experiencia siempre viene entera y a granel.

Mis dos momentos diarios de tele son los que dedico a ver First Dates y Pasapalabra. El primero es una lección de antropología aplicada muy bien producida, realizada y postproducida, donde se corre el riesgo de ver una galería de monstruos cuando hay una representación elegida de gente normal, que por ser tan normal nos interroga, nos seduce y a menudo nos deja perplejos. Así como existe “el catalán que ahora se habla” existe “la gente que ahora corre por la calle”, que a veces nos parece encantadora y a veces horripilante: las cosas son lo que son y a menudo parecen lo que son. Me apasiona First Dates y no solo me entretiene sino que aprendo con él.

El segundo momento audiovisual de mi vida cotidiana es Pasapalabra, el concurso de adivinar palabras que culmina con El Rosco, la prueba final donde hay que acertar definiciones de la A a la Z que exigen un léxico vigoroso y una concentración bien templada. Voy siguiendo el desarrollo de los concursantes con El Rosco y respondo en voz alta a los sucesivos interrogantes. Cuando mi hija era pequeña decía “mi padre habla como un diccionario”, para aludir a la precisión con que siempre he querido expresarme. Y los que me conocen de toda la vida saben que lo que más me interesa es la gente, lo que hace la gente y la gente tal como es. De manera que estos dos entretenimientos me permiten cultivar dos aficiones que espero sean inocentes.

Ayer era un gran día porque Pasapalabra sustituyó El Rosco por una nueva prueba final, a causa de cuestiones de propiedad intelectual finalmente resueltas en los juzgados. El Rosco se ha convertido en una regla, una línea recta de la A a la Z en la que igualmente se piden definiciones de palabras e incorpora algunas posibles estrategias adicionales para los concursantes. He visto esta novedad con interés y no me ha decepcionado. Creo que podrá mantener el interés de los espectadores y ocupará el lugar que pretende tener. He hecho crítica de televisión en El Periódico y he analizado formatos y proyectos en la dirección de programación de TV3 de manera que tengo el olfato bien entrenado, todavía.

Pero hay un factor sutil, intangible, que juega a favor del Rosco: su circularidad. Y aquí es imbatible. Un círculo es una figura arquetípica de gran poder. Nos remite a la totalidad, al poder universal del Alfa y la Omega, nos fascina por su propuesta de completitud y perfección. Debía de ser contemplando esta fuerza arquetípica que los antiquísimos sabios de la India descubrieron el cero, la cifra inexistente e imposible que revolucionaría las matemáticas. Sin el cero, este Rosco primigenio y fundamental, no hay matemáticas; la numeración romana nos demuestra que la simple lógica y los artificios mentales no tienen nada que hacer allí donde está la profundidad inabarcable de la realidad que trasciende la materialidad para poder ser realmente real. Y el cero es llamado originalmente sunya en sánscrito: el vacío, ese vacío potencialmente omnicreador del taoísmo y el budismo, sin el cual nada puede existir.

Me gustaba El Rosco y me gusta la regla. Me gusta la tele y la gente que sale en ella, me gusta entretenerme con entretenimientos ligeros y me gusta pensar que hay miles de despistados como yo que se quedan encantados. Ayer era El Rosco, ahora es la A a la Z y aquí estoy yo, que creo que soy yo pero cada día, cada momento, soy otra cosa, que va viviendo una vida que ya no es la que era pero eso que era aún soy yo… de momento.

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