Desayuno con diamantes

Leer el nombramiento de Pedro Sánchez en el BOE es un placer indescriptible

GABRIEL JARABA

Ayer me desayuné con el Boletín Oficial del Estado sólo para tener ante mis ojos la imagen que encabeza estas líneas: el decreto de nombramiento de Pedro Sánchez Pérez-Castejón como presidente de España. Uno se va haciendo mayor y se le van hurtando placeres y vicios diversos, de modo que alguna alegría debe quedar en la casa del pobre aunque para ello deba venir vehiculada por el diario más aburrido de España. Ver que el episodio iniciado el 23 de julio pasado ha concluido con final feliz –en el buen sentido—le pone a uno de muy buen humor y le hace sentir, ¿puedo decirlo?, vengado.

Llevamos décadas con esa murga indecente. Mucho antes de que comenzaran a proferir “váyase, señor González”: el ulular de la derechuza intolerante comenzó con el mismo mandato de Adolfo Suárez, cuyo recorrido no fue otra cosa que su arrastre paulatino hasta el golpe de Tejero a cargo de la infame patulea que  más de 45 años después se muestra impúdicamente como lo que es. Verles en todo su digamos esplendor azuzando a quienes se complacen en ser azuzados, tanto da vistan toga o uniforme, supone un curso acelerado de democracia liberal mediante la contemplación de cómo sería un mundo regido por ellos. Ni a Suárez toleraban esos mastuerzos, desengañémonos, que se hicieron en la Fuerza Nueva de Blas Piñar y los guerrilleros de Cristo Rey de Sánchez Covisa, otra agrupación de nombre blasfemo.

Muchos hemos vivido en aquel país y sabemos cómo las gastan: punto. Por eso los coqueteos de los nacionalistas catalanes con una posible repetición de las elecciones nos suena como un bofetón en la cara de los cuatro puntos de la Assemblea de Catalunya: libertades democráticas, aministía sin excepción, estatuto de autonomía y solidaridad entre los pueblos de España (último punto este que se ha ido disimulando hasta hacerlo desaparecer, pero yo lo conservo impreso, en catalán, en mi bono de apoyo a la asamblea adquirido entonces). Y por eso leer el nombramiento de Pedro Sánchez en el BOE le sienta a uno como agua de mayo, uno que aspira simplemente a vivir en un país miembro de la Unión Europea en el que la democracia es mandatoria. Bien está lo que bien acaba.

Servidor ha formado parte durante décadas de las organizaciones que se reclamaban de un comunismo democrático (tal como lo concebíamos entonces, como lo hacía el PC italiano). Hoy se definiría simplemente como un federalista europeo, un socialista democrático radical. Creo que uno tiene ganada la tranquilidad cívica después de tanto trajín. Quién me iba a decir que mi gran placer iba a ser leer el BOE y votar tantas veces como haga falta para que mande un socialdemócrata de temple como Pedro Sánchez.

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