Por un movimiento de las mujeres que lidere la sociedad entera

Más allá del feminismo, la sociedad y sus cambios deben ser liderados por un amplio movimiento de mujeres.

GABRIEL JARABA

El caso de las ofensas machistas a Jenni Hermoso parece ser le punta del iceberg de algo más complejo. Es, sí, el “me too” en versión propia pero a la española, en cuanto a cutrez y grosería, sin glamour de Hollywood de por medio aunque con los mismos ingredientes de abuso e impunidad. Pero lo que subyace a esa costra superficial de machismo y desprecio es algo de mayor consideración: la cantidad de asesinatos de mujeres que se producen mes a mes en nuestro país.

Al final de las vacaciones se han acumulado 42 asesinatos de mujeres por violencia machista, en uno de los veranos más violentos en este sentido que se han dado en los últimos años. Es una cifra notable en un país de la Unión Europea cuyas causas son tan complejas de analizar como reveladoras de cierto estado de cosas. El machismo puede adoptar muchas formas pero la eliminación física de las personas denota unos niveles de salvajismo difíciles de asimilar en una sociedad desarrollada. Sean cuales sean las medidas preventivas que se tomen esa brutalidad sitúa las actitudes menospreciativas hacia las futbolistas –no sólo las campeonas mundiales sino todas ellas en general—en su justo contexto de valoración social y cultural.

Estamos lejos de aquella película titulada Las Ibéricas FC en la que se dibujó en 1971 una mala caricatura del fútbol femenino en forma de comedieta chusca. Pero el lastre que arrastramos como sociedad es el mismo que hace medio siglo.  Con una salvedad: el surgimiento de un movimiento de las mujeres que ha puesto de manifiesto esas formas bárbaras de agresión y discriminación y alcanza amplias capas  una conciencia de los derechos de la mujer que se extiende más allá de las organizaciones feministas y alcanza a todos los sectores de la sociedad.

Existe un feminismo, justo y necesario, pero también un movimiento de las mujeres que ha alcanzado al fútbol profesional en tanto que signo de su extensión e implantación. Le llamo “movimiento de las mujeres” para indicar que su naturaleza rebasa las reivindicaciones sectoriales surgidas del ámbito de las ideas y ya implica a amas de casa, señoras mayores, jóvenes profesionales  y las más variadas mujeres del común. Y ese movimiento femenino es, a mi modesto entender, un vector de cambio social que percibo como vanguardia.

Uno revisa los anales históricos y halla que los crímenes machistas de ahora pueden ser equivalentes a la eliminación física de los líderes obreros producida en los años 20 y 30 por una patronal que reaccionaba violentamente ante su potencial de cambio. Aquella pulsión violenta de la sociedad, descrita en libros como Quan mataven pels carrers, la volvemos a encontrar no ya en una élite económica sino en el seno en los miembros masculinos de unas capas trabajadoras que se consideran agredidos por el progreso de sus conciudadanas. Esa es la gravedad de fondo del asunto y no sólo que un tipejo grosero se agarre los huevos ante una audiencia mundial.

La reflexión pertinente concierne no a las mujeres progresistas o simplemente sensibles ante la injusticia sino a la población masculina en general. Y muy especialmente a los miembros de los movimientos sociales que pueden preguntarse si no será que las justas reivindicaciones de los trabajadores deben reconsiderarse situando al movimiento de las mujeres como lo que es: una vanguardia de cambio sin la que no existirá transformación social. ¿El movimiento femenino ha llegado a sustituir al movimiento obrero como vector de cambio social en vanguardia? Quizás lo que llamamos sociedad compleja sea que la visibilización del conflicto corresponda ahora al fútbol y no a la manifestación en la calle.

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