Por qué la prensa actual no evoluciona

La prensa actual no evoluciona porque está bloqueada entre dos modos de edición que no pueden cumplir con su misión

GABRIEL JARABA

Se dice que la prensa impresa acabará desapareciendo, pero esto no está tan claro. Sí disminuirá la tirada y la distribución pero quedará un remanente que cumple una función: circular en las instituciones y grupos influyentes en la creación de opinión centrada en las élites y sectores más activos de la opinión pública.

Continuará habiendo prensa impresa junto a una prensa digital ampliamente difundida por internet, plataformas y teléfonos móviles, que reunirá un número mayoritario de lectores pero habrá un reducto de diarios impresos que utilizarán el código establecido de valoración de las noticias –portada, titulares y compaginación– para incidir en la mirada de unos lectores selectos habituados a recibir la información formateada de esta manera, pues se han formado hace tiempo como lectores de prensa impresa.

Existe la pregunta de que si esta prensa impresa enfocada a la creación de opinión entre las capas dirigentes de la sociedad podría evolucionar hacia un producto más centrado en los contenidos de largo recorrido, como periodismo de investigación –periodismo de verdad y no filtraciones interesadas– dossieres y recapitulaciones monográficas, firmas de prestigio, informes especiales. Pero no se ve en ninguna parte que las empresas periodísticas inviertan en información, con corresponsales, especialistas y redactores dedicados a búsqueda de largo recorrido. La información es un producto caro de construir, y ni siquiera esta inversión se está convirtiendo, a una escala inferior, para nutrir a los diarios en su formato actual. Existe un aligeramiento de contenidos generalizado en la prensa que es coherente con el modelo que se ha consolidado. Una prensa informativa de mayor grosor y alcance no se vislumbra en ninguna parte.

La convivencia del modelo de diario impreso y el digital sigue, dando forma así a un fenómeno extraño: una prensa dirigida a un público selecto y otro popular que son servidos a la vez por un modelo informativo único. Esto es lo que no podrá continuar durante mucho tiempo porque el modelo digital, que calca el modelo impreso, irá quedando obsoleto si aspira a crecer y expansionarse.

Los directores de los periódicos son conscientes de ello, con iniciativas específicas como newsletters de primera o última hora, vídeos o titulares por correo electrónico, pero el diario digital idéntico al impreso sigue intocable; las redacciones no son capaces de generar dos productos diferenciados al mismo tiempo. Véase cómo los intentos de unificar las redacciones informativas de TV3 y Catalunya Ràdio han topado siempre con la oposición de los periodistas de ambas empresas. Los intentos de cambios de marca en la CCMA, con la unificación de identificaciones, quieren superar este problema tirando por elevación.

Ciertamente las empresas periodísticas se afanan por incorporar innovaciones tecnológicas a sus productos. La evolución de las ediciones web de los diarios se ha puesto de manifiesto en los últimos años gracias a una innovación destinada a la vida en el nuevo entorno digital, pero sin potenciar los contenidos informativos más allá del vehículo técnico. Los diarios digitales incorporan vídeos, podcasts y multimedia pero sin que el concepto informativo se desmarque sensiblemente de las ediciones impresas. En realidad, muchas de estas mejoras en los periódicos se dirigen a personas que no leen diarios y la desorientación de las empresas informativas en la búsqueda de nuevos públicos en la red es notable, y más aún en los nuevos digitales que se supone deberían irse a la vanguardia en este sentido.

Los periodistas se enfrentan a la confusión entre información y ruido y las empresas no les dan herramientas para impulsar la primera para saltar por encima del segundo. A los periodistas se les pide algo parecido a lo que se pide a los maestros: que hagan su trabajo en un entorno que ha cambiado y en el que se han trastocado las reglas del juego.

La situación es la siguiente: los diarios impresos no pueden contribuir a la formación de opinión en las capas selectas en la actual sociedad compleja por la imposibilidad de producir unos modelos informativos más completos e influyentes, pero creen que una circulación limitada de ejemplares en estos círculos hará, de momento, el trabajo. Y los diarios digitales, en expansión por el trasvase de los lectores del papel a la pantalla, no pueden evolucionar hacia productos más adecuados a la sociedad, los públicos actuales y los hábitos de lectura presentes, debido tanto al peso del modelo impreso que consume todos sus esfuerzos como a la ausencia de una cultura y una práctica de la innovación en el seno de la empresa periodística.

Es en esta situación autoblocante que incide el sistema de subvenciones a la prensa actual, que pretende ayudar a las empresas periodísticas a mantenerse a fin de servir el derecho a la información y que de hecho no sólo responde a la voluntad de disponer del modelo impreso de formación de opinión sino que a la vez sirve la continuidad de la realidad que impide la evolución de los modelos informativos que la sociedad necesita.

Publicación original: Catalunya Plural

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