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Las redes sociales tienen dueño pero nosotros somos los clientes

GABRIEL JARABA En cuatro días, la modernidad que...

Las redes sociales tienen dueño pero nosotros somos los clientes

GABRIEL JARABA

En cuatro días, la modernidad que podía representar Twitter ha cambiado en el peor rostro del capitalismo sin control: reajuste masivo de plantilla, lockout patronal, desprecio al cliente, pérdida de anunciantes y chulería empresarial. Un tuitero americano decía recientemente: “Estamos asistiendo en directo a un curso acelerado de cómo no hay que dirigir un negocio”.

Mientras intento poner orden en la contemplación de este caos, Albert Sáez, director adjunto de El Periódico, me ayuda con el titular de una de  sus columnas a hacer el título de este artículo. La entrada de caballo siciliano en Twitter de Elon Musk nos ha venido a recordar que las redes sociales con las que nos entretenemos en internet tienen dueño, que es quien paga la fiesta de los servidores que permiten su difusión mundial, y que los accionistas de la empresa aspiran a obtener beneficios de su inversión.

Nada que censurar, faltaría más. Sólo que los berridos (se hace difícil llamarlos trinos) del dueño tuitero obligan a los usuarios a poner las orejas tiesas no sólo para prever una u otra evolución (o involución) de la red sino para que no nos tomen por el pito del sereno. En este episodio se juegan millones de dólares mientras nosotros miramos a otra parte; no importa excepto si nos detenemos a pensar que estos negocios descomunales se han hecho y se hacen a partir de nuestras aportaciones: no sólo en atención dedicada sino respecto a la creación de contenidos que hace todo ello posible.

Ha sido Stephen King, el autor de misterio y terror, quien ha plantado cara al magnate y ha desenmascarado sus pretensiones: hace como Tom Sawyer, el chico travieso personaje de Mark Twain que, castigado a pintar nueva una valla, invita a sus amigos a participar de la obra creativa cediéndoles el privilegio de darle a la brocha por unos minutos mientras les cobra unas monedas por participar en el trabajo.

Sugerimos, pues, una reflexión sobre qué son y qué podrían ser unas redes sociales en internet dignas de tal nombre, ya que lo que ahora pasa por ser tal cosa es otra muy distinta.

  1. Las redes sociales se han construido con la creación de contenido de los usuarios.

A diferencia de los medios de masas tradicionales, las llamadas redes  de internet son totalmente participativas, y por tanto, su contenido es creado por los usuarios: cada día, segundo a segundo. Entramos en ellas para ver qué dice este fulano o aquel mengano y no prioritariamente para seguir a profesionales o personajes destacados. Twitter tiene amo, pero somos los clientes quienes ponemos la animación. Que tiene un nombre y un valor: creación de contenidos.

  1. Los usuarios hemos invertido en Twitter un capital simbólico

La creación de contenidos más valiosa se produce cuando aportamos a Twitter una atención continuada o frecuente. El valor y el prestigio de la marca le han sido conferidos por los usuarios reunidos a su alrededor, y estos usuarios son, como hemos visto, el mismo producto que la marca vende. Sin la gente y los contenidos que los usuarios aportan Twitter es una piedra, no sirve para nada. En internet es un error confundir los usuarios con un público pasivo, simplemente receptor. Los tuiteros somos la red y la atención y esfuerzo que hemos invertido, su capital.

  1. El negocio somos nosotros

Creación de contenidos, aportación y mantenimiento de la atención y la interacción, este es el material que los propios clientes aportamos al negocio del señor Musk: un respeto, pues, cuando dice “obtenéis lo que pagáis”. Por no entender que la lógica entre producto, clientes y relaciones en red se van a hacer puñetas en los negocios en internet hechos con mentalidad de medios de masas. Cuidado con la chulería que en el timeline de Twitter somos todos iguales.

  1. Las redes sociales (aún) no existen

Todo lo que hemos dicho hasta ahora se desprende de un descomunal equívoco: esto que tenemos ahora en internet no son redes sociales, son  otra cosa. Son, ciertamente, formas de interacción comunicativa en red, pero les faltan todavía muchas formas y funciones que desarrollar. Lo que ahora conocemos como redes sociales, empezando por Twitter y Facebook, son experimentos y aplicaciones surgidas de intuiciones muy creativas que han tenido un éxito muy grande y muy rápido  –porque han servido a una necesidad muy perentoria del público— pero que no han llegado a desarrollar todo el potencial que el ingenioso planteamiento inicial prometía. La extraordinaria riqueza de relaciones comunicativas a nivel mundial que estas plataformas han suscitado esconde la realidad: las interacciones comunicativas entre personas implican mucho más, y a los espacios y mecanismos que las propician hay que exigirlos mucho más.

  1. No son redes, son medios con forma de plataformas informativas

Estas llamadas redes a medio desarrollar se han convertido en espacios informativos de alcance mundial que más que redes son plataformas. Han ido tomando cuerpo unas dinámicas de moderación, tanto humana como por algoritmos y una promoción de tendencias que las convierte, quieras o no, en alguna cosa más que una convergencia de personas. Los gestores quieren permanecer en el anonimato pero no importa: también los editoriales de los diarios van sin firma pero explicitan con claridad la línea informativa del medio, y en las llamadas redes esta se va imponiendo de manera permanente y subrepticia, no como declaración que seguir sino como corriente a la que sumarse. En contra de lo que dice y quizás piensa Elon Musk la información no es sólo libertad de expresión: es gestión consciente de las colisiones entre los diversos intereses y roces entre expresiones informativas para que esta libertad prevalezca. Las llamadas redes son ahora mismo como plataformas informativas por agregación de personas y grupos con derivación de tendencias, que han de ser consideradas medios informativos. Que no tengan línea editorial, cabecera o formato periodístico habitual no quiere decir que no lo sean sino que la información evoluciona hacia formas diferentes de las que el periodismo ha consolidado en el siglo XX.

  1. Estos medios son empresas informativas, no tecnológicas

Si Twitter y Facebook tienen dueño, se compran y se venden, y pretenden proporcionar aquello por lo que uno paga, son empresas. Y si el negocio de la empresa son ideas, palabras y conceptos que dan cuenta de la actualidad, son empresas informativas. Lo son incluso si no cobran por ejemplar, visionado o subscripción: así pasa con los diarios impresos gratuitos, de los que no decimos que sus empresas sean de publicidad o de artes gráficas. Cuando niegan ser empresas informativas y dicen que son corporaciones tecnológicas nos la dan con queso, y lo hacen para disimular o rehuir las responsabilidades que les corresponden. En los países democráticos la libertad de prensa no sólo está establecida por la constitución: está hecha realidad por la norma legal que regula el ejercicio de las empresas que afectan a la realización de las libertades democráticas.

  1. Las empresas informativas en plataforma tienen obligaciones: las propias de la responsabilidad informativa

Las empresas informativas que producen espacios digitales de encuentro, interacción y difusión informativa están sujetas a las mismas leyes, normas, obligaciones y exigencias éticas que el resto de las de su ramo. Es necesario pedirles responsabilidad en este sentido, tanto en la Unión Europea como en cualquier otra parte: “El pájaro vuela libre pero en Europa lo hace según nuestras normas”, ha dicho Guy Verhofstadt, diputado liberal en el Parlamento Europeo y ex primer ministro de Bélgica, respondiendo a Elon Musk en un tuit. La pretensión ultraliberal de no someter a ninguna norma la industria de la información esconde la pretensión de no sujetar el dinero a la democracia.

  1. La gente ha de recuperar la iniciativa comunicacional y acabar de construir una verdadera comunicación en red

Si sabemos que como usuarios de las plataformas informativas somos los clientes de la empresa hemos de asumir nuestras responsabilidades como consumidores y ciudadanos. Consumidores de un producto y ciudadanos titulares del derecho democrático a la libre expresión. Pero habíamos quedado en que queríamos algo más que consumir información: la promesa de la web 2.0 es lo que Manuel Castells llamó “autocomunicación personal”, el súmmum del “policentrismo comunicacional” propuesto por Vázquez Montalban. No es otra cosa que la culminación del ideal ilustrado: medios y oportunidad de enviar y recibir información fehaciente entre personas y grupos para estar en condiciones de ejercer la ciudadanía. Que esto es posible lo ha demostrado la Wikipedia, con la aportación masiva y solvente de contenido por usuarios y expertos, moderación y equilibrio modélicos, calidad en el resultado publicado y sostenimiento económico mediante aportaciones populares. Su creador y propietario, Jimmy Wales, ha demostrado de sobras no sólo que es un anti Musk sino que les palabras, formas y hechos de este último no sólo son contraproducentes sino anticuadas y trasnochadas. Con el espíritu wiki hemos de exigir de Twitter y de todas las redes responsabilidad, calidad y respeto en la gestión, hemos de explorar otro tipo de redes si deben ajustarse mejor a nuestros intereses, hemos de inventar formas de interacción y cooperación que representen una mejor forma de comunicación popular, hemos de proponer a los grandes medios que propicien las funciones de red de sus ofertas, y sobre todo, hemos de recuperar el espíritu activo, creativo y orgulloso de cuando nos llamábamos internautas. Porque Twitter es, no lo olvidemos, el espacio de comunicación política más grande del mundo y eso no tiene precio.

Publicación original: Catalunya Plural.