La desinformación, una amenaza a la democracia

JOSEP CARLES RIUS Las amenazas y bulos contra El Diario.es y El País proferidas por Miguel Ángel Rodríguez, el jefe de gabinete de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, fueron, posiblemente, la expresión más descarada de los ataques a la libertad de información en España.

JOSEP CARLES RIUS

Presidente del Consell de la Informació de Catalunya

Presidente de la Fundació Periodisme Plural

Ex decano del Col·legi de Periodistes de Catalunya

“Os vamos a triturar. Vais a tener que cerrar”. Las amenazas y bulos contra
El Diario.es y El País proferidas por Miguel Ángel Rodríguez, el jefe de
gabinete de la presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, fueron,
posiblemente, la expresión más descarada de los ataques a la libertad de
información en España. La punta del iceberg de la estrategia sostenida en el
tiempo de sectores políticos y mediáticos de la derecha y de la ultraderecha.
Y son el reflejo del deterioro democrático que implica la importación a
nuestro país del trumpismo.
Donald Trump aplicó en Estados Unidos la estrategia de los “hechos
alternativos”. Es decir, la creación de una realidad paralela basada en
falsedades. Tenemos dos grandes precedentes. La acusación infundada de
que Sadam Husein disponía de armas de destrucción masiva para justificar
la invasión de Irak. Y las mentiras que siguieron a los atentados del 11-M y
que supuestos periodistas sin escrúpulos mantuvieron durante años. En
ambos casos aparece de fondo la figura de José María Aznar, el padre
político de Miguel Ángel Rodríguez (MAR) y de la estrategia del Partido
Popular en los últimos años.
El trumpismo atenta contra uno de los pilares de la democracia: la libertad
de información. Y no hay neutralidad posible. Ni silencios. Porque lo que
está en juego es la misma esencia de la democracia. El artículo 19 de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que “todas las
personas tenemos derecho a la libertad de expresión y opinión, que incluye
el hecho de investigar y recibir informaciones/opiniones y, si se quiere,
difundirlas, sin ningún tipo de limitación, por cualquier medio de
expresión”.

La Declaración de Múnich de 1971, un texto que fue aprobado por las
federaciones y organizaciones de la prensa europea como carta
deontológica, recuerda que “los periodistas debemos ser garantes de una
libertad que es de todos los ciudadanos”. Es un deber ético. El profesor
Norbert Bilbeny, en su libro Ética del periodismo (UB Edicions) es
contundente: “El periodismo es una profesión inseparable de la ética. Sin
ella no hay veracidad, no hay independencia, ni interés por el público, ni
trato justo a las personas ni a la sociedad en general. Nos quedamos solo
con la técnica de la extracción y transmisión de datos”.
Pero, además, el periodismo debe combatir la mentira y la desinformación.
Raúl Magallón, en su libro Unfaking news. Cómo combatir la
desinformación (Piramide) explica que, frente al trumpismo, la lengua
inglesa dispone de términos precisos para reflejar la complejidad del
concepto de desinformación: misinformation (‘información errónea’),
disinformation (‘información creada con una intencionalidad estratégica’) y
malinformation (‘información que contorsiona parcialmente la realidad y se
asocia más a nuestra tradicional manipulación’). Los seudomedios digitales
que han irrumpido en los últimos años en el ecosistema mediático
madrileño manejan con maestría todas las acepciones del término.
El periodista Guillermo Altares publicó en 2023 un magnífico libro titulado
Los silencios de la libertad. Cómo Europa perdió y ganó su democracia
(Tusquets). En él viaja desde la Atenas clásica hasta el holocausto y, al
final, concluye: “En este largo combate por la libertad, muchas cosas, más
de las que podemos pensar, dependen del camino que sigamos. Muchas
decisiones nos superan, a veces es imposible elegir, otras no se puede
encontrar el valor suficiente. Pero la lucha por la democracia se compone
de millones de pequeños actos individuales. Somos cada uno de nosotros
los que podemos romper los silencios de la libertad”. Esta es la verdadera
‘libertad’ que está en juego ahora en España.

Publicación original: El País.

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