Jordi Garcia-Soler, un periodista honrado, generoso y fiel

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Hay amigos que son como hermanos, a los que incluso se llegan a querer como si ambos fuerais hijos de la misma madre. Jordi García-Soler era exactamente eso para mí. Éramos amigos desde los 17 años, cuando nos conocimos en los ambientes de la nueva canción. Él era ya entonces un acreditado cronista musical en la prensa de Barcelona, ​​después de haber trabajado en la redacción de Serra d’Or, y yo tocaba con Els Tres Tambors, grupo pionero de lo que se ha llamado rock catalán. De concierto en concierto, Jordi y yo conversábamos sobre todo tipo de cosas y pronto coincidimos en muchas cuestiones, como la militancia en el PSUC y el convencimiento de que la lucha por la cultura era lucha por la democracia.

La amistad de Jordi se demostraba con hechos. Yo me interesaba también por el periodismo pero como un servidor formaba parte de lo que se llamaba clases subalternas no podía pagar una formación reglada. Mi aprendizaje lo hice a su lado, viendo cómo escribía sus crónicas, reportajes, entrevistas y críticas, a la manera de como antes aprendían los aprendices junto a los oficiales, mirando cómo lo hacían los que sabían y callando. Jordi era apreciado por todos por una razón: era un hombre, aunque joven, de una honestidad insobornable; se había mantenido al margen del juego sucio de pagos encubiertos a los críticos musicales por parte de discográficas y managers a cambio de un comentario favorable. No sólo eso, sino que no se cortaba en denunciar estas prácticas,

Esto hacía que si Jordi recomendaba a alguien le escuchara con atención porque quería decir que su valoración era auténtica. Así pues, un día me proporcionó mi primera oportunidad profesional: me puso en contacto con Josep Toutain, un personaje singular, padre de la moderna escuela del cómic catalán de la mayor calidad, y entré a trabajar en su empresa, Selecciones Ilustradas, como redactor. Yo era un crío y en Toutain el hombre que había llevado los dibujantes catalanes a publicar en las grandes revistas americanas e inglesas, Playboy incluido, me tomó en serio y me hizo responsable de la redacción de una revista musical semanal. Allí, junto a gigantes como Víctor Mora, Carlos Giménez, Lluís Ribas y tantos otros artistas fui aprendiendo a editar, compaginar, hacer guiones, y ser capaz de hacer todo tipo de trabajos editoriales. Salí de SI convertido en profesional gracias a la generosidad de Jordi Garcia-Soler.

Él mismo fue quien me introdujo en la prensa diaria, junto con Josep Maria Huertas Claveria. Jordi me presentó a Josep Pernau, redactor jefe del Diario de Barcelona, Huertas hizo lo mismo con Josep Maria Cadena, jefe de información local. Jordi hacía crónicas musicales en el Diario y más tarde comentarios políticos, yo hice de reportero en Barcelona, ​​compaginador y “platinero”, el periodista que hacía de puente entre la redacción y los talleres. El resto es una historia que ha durado más de 50 años.

Hoy se ha hablado bastante de la conocida generosidad de Jordi. Algunos lo han limitado a un cronista musical, como una vergonzosa nota difundida por la agencia Efe. Jordi era un militante antifascista. Cubrió la revolución de los claveles portuguesa y volvió impresionado por los socialistas del país hermano, incorporándose al Moviment Socialista de Catalunya para empezar a construir lo que sería el Partit dels Socialistts de Catalunya. Siempre junto a Joan Reventós -que fue todo un padre para él- y de Raimon Obiols, construyó la Dirección de Comunicación del PSC, partido al que ha sido fiel hasta la muerte. Nunca agradeceré bastante que, siguiendo con su generosidad, me aproximase a Joan Reventós -los tres compartíamos la pasión por los castellers- e hiciera que el fundador del PSC llegara también a adoptarme “filialmente”, él que tenía tantos. Los días de verano compartidos en Sant Salvador con ellos fueron para mí una verdadera escuela de humanismo y un espejo en el que aprendí a ver qué significaba ser persona.

Jordi Garcia-Soler fue miembro del Consejo de Administración de la Corporación Catalana de Radio y Televisión. En él defendió no sólo las posiciones de su partido, sino una idea muy clara de lo que debía ser el servicio de radiotelevisión pública. Él, que había escrito en la gran mayoría de periódicos y revistas de prestigio de toda España, fue expulsado de Catalunya Ràdio, en la que hacía un programa semanal, de una manera infame y vergonzosa para sus directivos y “condottieri” adheridos, con una excusa indecente no por sectaria sino por malévolamente falsa, él, que siempre había ayudado a todos y había sido generoso y cariñoso sin medida ni límite. Hemos visto después de lo que han sido capaces los ejecutores de políticas no sólo erráticas sino rastreras. Pero la dignidad de Jordi Garcia-Soler, militante antifranquista, periodista honrado y militante socialista fiel al PSC, quedará siempre por encima de la mezquindad de los unos y el sectarismo rencoroso y analfabeto de los otros.

Día sí día no, un servidor cogía el teléfono y llamaba a Jordi y charlábamos un buen rato sobre tantas cosas, durante más de medio siglo. ¿A quién llamaré yo ahora? ¡Qué soledad me cae encima! Me consuela saber que Jordi y nuestro padre “adoptivo” Joan cantan juntos La Internacional en el cielo en el que no creía pero que es el auténtico hogar de los que creen fervientemente en la fraternidad humana. Pero, ¡qué soledad, ahora!

Publicación original: Paios.

Reproducido en Catalunya Plural.

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