Los cambios en las líneas editoriales de los diarios o las lentas maniobras de los portaviones

Los periódicos son grandes portaviones de maniobra lenta pero a veces cambian el rumbo y hay que estar atentos a ello

GABRIEL JARABA

Las líneas editoriales de los periódicos se pueden comparar a grandes portaviones que avanzan por el océano señalando los puntos en los que está previsto que se desarrollen los teatros de operaciones bélicas. El símil guerrero no es ocioso: los periódicos son, por definición y desde su mismo nacimiento, armas destinadas a defender o atacar, en función de objetivos predeterminados que inspiran su orientación informativa.

Para hacerse con un número significativo de lectores los diarios deben ser capaces de asumir la inclinación de sus públicos afines y ofrecerles la representación de sus ideas. La formación de la opinión pública comienza así: los periódicos aspiran a hacerse con la asiduidad de los lectores que se sienten identificados con sus líneas editoriales e informativas y a mantener cautiva esa atención en el marco que ellos configuran. Todas las teorías de la opinión pública penden de ese hecho: la búsqueda y mantenimiento de la atención de los lectores para que revierta en las ventas, la publicidad y la adhesión a ideas, posiciones y hechos que los diarios representan y que van más allá de ellos, afectando a intereses políticos e institucionales.

Luego pueden producirse desplazamientos en esa identificación si las empresas editoras y las redacciones detectan cambios posibles en la realidad social cuando se producen determinadas tendencias que pueden afectar el rumbo invariable del portaviones. Esos portaviones, sin embargo, son naves de maniobrar lento y las tendencias que les afectan lo hacen de un modo levemente perceptible. La prensa española es, de hecho, una prensa de partido que no se confiesa como tal, y cada periódico habita un nicho de público e ideas en el que sus seguidores gustan reconocerse, y no desean correr el riesgo de que un cambio de rumbo ponga en peligro el modelo de negocio, si no es que tal cambio mejora su posición.

A diferencia de los periódicos españoles los diarios estadounidenses suelen declarar explícitamente su apoyo a una opción política determinada cuando es tiempo de elecciones e incluso hacen llamamientos pidiendo el voto para el partido al que pretenden  representar. En España eso no sucede en absoluto, pues esa prensa de partido no sólo no se confiesa como tal sino que sus lectores tampoco desean mostrar de manera explícita un voto determinado por su parte. Es un juego mutuo de aceptaciones implícitas que redunda en un inmovilismo general de la prensa impresa –con sus reflejos digitales— que dificulta enormemente una competencia declarada y vibrante entre diarios mediante la publicación de hallazgos informativos impactantes que no respondan a inducciones promovidas por los intereses que orientan el rumbo del portaviones. Por eso los periódicos españoles son tan distintos entre sí en sus líneas editoriales y tan inquietantemente semejantes por lo que respecta a su oferta informativa.

Los lectores de El Periódico han creído advertir que, últimamente, el apoyo del diario a posiciones socialistas, especialmente a la figura de Pedro Sánchez, ha disminuido un poco, por no decir que se ha enfriado significativamente. Ello representaría una modificación en la línea editorial del diario que significa un cambio importante en un periódico de vocación metropolitana, distanciado del pujolismo desde sus inicios y adherido a una concepción social y política socialdemócrata. Podría decirse que hoy es La Vanguardia quien sostiene con más énfasis a Pedro Sánchez y sobre todo a Salvador Illa y que hace apuestas explícitas por una gobernabilidad barcelonesa más centrada en el conjunto y el concepto metropolitano. 

El cambio de línea suscitado en el diario fundado por Antonio Asensio podría responder a un deseo de mayor integración del periódico catalán en el conjunto de publicaciones del grupo Prensa Ibérica, al que pertenece, formado mayormente por diarios regionales periféricos. El cambio de línea editorial se correspondería con la eliminación “de Catalunya” de la mancheta del periódico y ambas acciones responderían a la mala consideración que en el conjunto de España se tiene de Cataluña. Pero una decisión editorial como la que comentamos no puede basarse únicamente en una cuestión de imagen: el cambio de rumbo del portaviones tiene que responder al avistamiento de un posible cambio de mayorías en el gobierno de España. Los lectores inquietos por lo que consideran un giro significativo pueden ser un precio a pagar por ajustarse a un cambio político cuya realización está por ver. Lo comprobaremos si la composición del consejo editorial del periódico cambia, puesto que en él figuran destacadas de las izquierdas periodísticas como Joan Tapia, Rafael Jorba y Andreu Claret, como mínimo.

En un sentido distinto la imagen que ofrece La Vanguardia es la de un diario urbano, metropolitano y moderno, muy cercano a las tendencias sociales y culturales más extendidas a las cuales se dirigía antes el diario dirigido por Antonio Franco. Su apoyo a la gobernación actual de Cataluña y España contrasta fuertemente con su línea anterior que intentaba hacer de él la realidad del sueño de Jordi Pujol, que era conseguir que el diario más sólido del país fuera no sólo un apoyo a sus políticas sino un elemento más de su damero de juego. El clamoroso fracaso de Pujol como empresario, y más precisamente como empresario de prensa –todas las publicaciones que dispuso a su modo han acabado en la ruína y cerradas— tuvo su misión imposible en la atracción del diario del conde de Godó a su órbita. Dicen los críticos con La Vanguardia que este diario siempre se apoya en le hegemonía de los que mandan en un momento dado, pero su anterior acercamiento a Jordi Pujol y a la corriente independentista estuvo a punto de costarle un desplazamiento del centro sociopolítico al que aspiraba. Véase el camino que ha tomado el diario digital fundado y dirigido por el ex director de La Vanguardia en esa etapa, erigido en el principal agente de Carles Puigdemont, y con el abogado de éste instalado entre sus comentaristas.

No existe un diario declaradamente afín al pujolismo tal como lo conocimos en la prensa diaria de hoy, en todo caso alguna afectación nostálgica. Periódicos como Ara y El Punt Avui navegan en el marasmo del post procés surcando corrientes distintas, el primero tratando de reconstruir un catalanismo transversal que se aleje de la amargura de los decepcionados por el procés y el segundo representando un reducto inasequible al desaliento, de tono ruralizante, que recoja esa amargura y la cocine en espera de tiempos mejores. También ambas publicaciones han experimentado cambios editoriales, relacionados con la gran decepción procesista, con orientaciones sin embargo distintas. Corresponde al lector reflexivo, por otra parte,  considerar el hecho singular de que la radiotelevisión pública catalana, pagada con dinero de los contribuyentes, constituya el principal campo de actuación de la posición realmente existente al gobierno de la Generalitat encabezado por el PSC y ERC. Hay portaviones que eligen su propio rumbo no sólo adaptándose a las circunstancias sino favoreciendo en un futuro cambio del teatro de operaciones, contra viento y marea.

Foto: la redacción del Washington Post en la película Todos los hombres del presidente, con Robert Redford y Dustin Hoffman.

Publicación original: Catalunya Plural

Artículos relacionados
Gabriel Jaraba Online
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.