Notas de internamiento/ Actitud y disciplina

Cuando nos hablan de disciplina pensamos en obedecer órdenes. Y no, disciplina es la capacidad y sabiduría de ser discípulos. No es fácil ser discípulo porque ello implica saber escuchar (obedecer viene d’ob-audire, prestar atención). La disciplina cuesta porque es la autoconstrucción de uno mismo a partir de un criterio válido sometido a la propia experimentación.

Estos días nos vemos obligados a ser disciplinados si queremos responder a la obligación cívica que se nos impone (ob-ligación, la necesidad que nos une a los demás) y para eso necesitamos una actitud. La actitud es lo que siempre marca la diferencia y lo que acaba decidiendo la calidad de nuestras acciones. Pasa un hombre por el camino y se encuentra a un picapedrero golpeando un trozo de piedra. “¿Qué haces?”. “Estoy construyendo una catedral”. Eso es actitud y disciplina, mostradas en una alegoría masònica. Cuando estemos en casa, enclaustrados, si nos preguntan “Qué haces?” podremos decir “Estoy construyendo una sociedad civilizada”.

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