No a la sentencia del Tribunal Supremo, no al independentismo. Que salgan de la cárcel ya

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El autor de este blog es, como todos saben, contrario a la independencia de Catalunya, y lo soy por razones que van mucho más allá de la sentimentalidad, los planteamientos relacionados con la idea de nación y la manera de leer la historia que ha llevado a la gente, en la edad moderna, al desastre. He definido innumerables veces a los dirigentes independentistas como irresponsables, temerarios, torpes y nocivos para la nación catalana. Pero hoy pido rotundamente, sin reservas, la libertad inmediata de estos dirigentes encarcelados y condenados. No me adentraré en la mayor o menor calidad democrática del estado en España: estos ciudadanos han de estar en la calle inmediatamente. No me importa la calidad de juez de quien haya apreciado violencia en algún aspecto de los casos juzgados; sea juez o bedel no tiene la menor idea de lo que es violencia, de manera relativa a una manifestación. Puedo incluso considerar que las sentencias se ajustan a derecho; me da igual. Un país moderno que quiere mirar al futuro no puede andar así. Si por mi fuera,  a los condenados los correría a gorrazos calle abajo por burros y presuntuosos (nunca creyeron que se llegaría hasta hasta aquí) pero ahora los quiero libres ya, no importa bajo qué recurso, medida o subterfugio legal o paralegal. Quien considere eso desorden, más desorden es no sólo judicializar la política sino dejar que la judicatura se apodere de decisiones cuyo alcance político ha de estar en manos políticas y no judiciales. ¿Ahora hemos de sufrir, Catalunya y España, una medida de profunda influencia política tomada por gente que no se presenta a les elecciones? Amos, anda.

Esta sentencia, ni siquiera considerándola justa, es una monstruosidad. Exijo la libertad de los condenados. Pero no con las acciones infantiloides, testimoniales y sin efecto que propugnan Torra y otros temerarios ineptos como  él, porque este comportamiento beneficia a las estrategias de estos inútiles, incapaces de gobernar un país moderno como lo han demostrado, sino con un testimonio cívico colectivo y masivo como el que Catalunya supo hacer un día, antes de imitar trapacerías batasunescas. Si no lo hacemos así, desaparecerá el catalanismo en tanto que terreno común de encuentro, construcción y debate democrático y la nación tendrá que vivir con la losa encima de unos dirigentes encarcelados por burros pero no por malos. Que salgan de la cárcel ya.

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