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Lectores inteligentes

GABRIEL JARABA  

En los años 50 los tebeos de mi infancia publicaban una sección titulada “Diálogos para besugos”, que era un ejercicio de humor irónico y lectura ligera que arrancaba una sonrisa del lector aunque este tuviera siete u ocho años.  Aparecía en el semanario DDT y era obra de  Armando Matías Guiu, uno de los singulares personajes que poblaban entonces el mundo de la edición y el periodismo. Matías era el autor de “Tambor”, el cuento infantil que emitía cada mediodía Radio Barcelona y los niños escuchábamos al salir del colegio (la radio de entonces,  extráñense, difundía cuentos para los niños, y dos en vez de uno: “Cascabel”, por la tarde, en Radio España. El escritor llegó a producir más de siete mil cuentos inolvidables, con personajes como El Grillo Violín, consumado concertista o el Cucarachín Multa Gorda, guardia urbano del jardín de fantasía. Si la televisión que vino después no hubiera estado dirigida por zotes, Matías, también autor teatral, hubiera podido ser un exitoso autor de sitcoms.

Los besugos dialogantes eran sujetos perplejos ante el mundo que representaban una suerte de humor del absurdo que muchas veces no entendíamos pero del que captábamos perfectamente la ironía de su sinsentido. “Buenos días”, comenzaba invariablemente la conversación, a lo que el interlocutor respondía “Buenas tardes”, y eso bastaba para hacernos reír antes de sumergirse en un diálogo delirante. Con esos textos, entre otros, educamos desde la niñez una cierta sensibilidad de lectores que a muchos nos ha llevado a interpretar los textos como algo más que un folleto de medicamento, como parece ser que ahora abunda. Cuando nos hicimos lectores de periódicos hallamos nuestro refugio en ciertos billetes cortos escritos con intención, como Las rumbas de Joan de Sagarra, en TeleeXprés o Au jour le jour, de Robert Escarpit, en Le Monde, en los que habitaba esa energía que hace de la vida un paraje más llevadero. Ahora que la red nos permite publicar un medio propio aprovechamos pues para hacer como nuestros ancestros y caminar en busca del lector inteligente. Por eso abro esta sección parafraseando el título de aquellos modestos escritos en una revista infantil firmados por un hombre alto, alegre y bueno, con quien pude coincidir en un tiempo en las ruedas de prensa y al que todos veían como un modesto reportero y que para mí era Elvis. Buenos días, buenas tardes.