Artículos y textos míos

Las siete virtudes capitales de Pilar Rahola o cómo se construye un personaje mediático

GABRIEL JARABA

La imagen de Pilar Rahola correteando apresuradamente y entre aplausos por el pasillo para invitados distinguidos de una manifestación independentista nos aporta un signo tan interesante como contradictorio: unos la acusan de vedetismo, otros la ovacionan y todos la identifican como una periodista influyente muy connotada políticamente. En todo caso una periodista que ha llegado a ser influyente convirtiéndose a la vez en una vedette; todo eso no tiene nada de malo sino que es muy meritorio. Una figura como Pilar no brota como una seta ni tampoco se fabrica, es necesario que se reúnan una serie de circunstancias –unas, ya dadas, otras, inducidas—pera obtener un personaje mediático tan depuradamente representativo de cierto espíritu del tiempo.

Es muy difícil convertirse en un icono mediático en el campo del periodismo manteniéndose a la vez en los límites estrictos del oficio de informar. Para ello hace falta un ecosistema informativo influyente y solvente, y esto, en España, no lo proporciona ni la prensa impresa ni los informativos de televisión. Ni siquiera el franquismo, con una televisión única, consiguió convertir en estrellas a los presentadores de la época ni a tiros. Hubo que esperar a los inicios de la transición cuando la aparición de Lalo Azcona e Isabel Tenaille nos trajo a los primeros periodistas televisivos considerados informativamente solventes y físicamente atractivos. Pero Mercedes Milá, periodista de formación y de profesión –recuerden que fue reportera de informativos en TVE Catalunya—tuvo que pasarse al espectáculo para ser ídolo de masas.

Por todo ello es muy meritorio todo lo que ha conseguido Pilar Rahola: guste o no, se ha situado en la cumbre de toda una generación de periodistas catalanes d’opinión. Este éxito puede ser explicado si no nos quedamos en las filias y las fobias que despierta y tratamos de examinar los potenciales comunicativos que pueden explicar el alcance, limitaciones y circunstancias del personaje.

Ir a buscar al público allí donde se encuentra

Lo primero que hace falta es saber dónde está tu público e ir en su busca. La popularidad de Pilar Rahola empieza como escritora de ficción. Su trabajo anterior como periodista no le había dado fama, ni como redactora en los informativos de TV3 ni como tertuliana en programas de Ràdio 4, en los años 80. El público lector que decide los libros más vendidos en Catalunya son las señoras de mediana edad o más jóvenes, el público lector real, en catalán pero también en castellano. Un público femenino lector en catalán que tiene una sensibilidad coincidente con la televisión catalana, consumidor de ficción que crece con las telenovelas (Poble Nou, Nissaga de poder) y que decide mes tras otro los libros más vendidos en Catalunya (también en castellano, por cierto: los hombres apenas leen ficción).

Este intento no fue el primero; empezó con Isabel Clara Simó, cuando ganaba premios literarios y estaba entre los autores más vendidos. Pero Rahola tiene un magnetismo muy particular y una simpatía que la hacen especial, además de otros elementos de proximidad que analizaremos más adelante, y ello le hizo superar la ventana de oportunidad abierta para la predecesora valenciana en esta dimensión. El público popular formado por la alfabetización en catalán estaba allí pero Pilar supo ir a buscarlo.

Una periodista e intelectual a la que se entiende

Para conectar con la gente hay que hacerse entender. Pilar Rahola es periodista y se le entiende lo que dice, dos circunstancias que no siempre coinciden. La crisis actual del periodismo se debe a una cosa muy sencilla: no se explican las cosas que interesan a la gente, no se explican las cosas que hay que explicar, lo que se pretende explicar se hace a medias y lo que se explica no se entiende. La gente esperaba de los periodistas que le explicásemos los cómo y los por qué, y cuando han creído que no lo hacíamos nos ha retirado la confianza. Pero Pilar habla el lenguaje de la gente, sabe establecer complicidades (emocionales, de referentes comunes, de sensibilidades) y “dice las cosas claras”, o así lo cree su público.

Lo podemos entrecomillar todo lo que haga falta, pero el periodismo y el discurso crítico público han sido contaminados por la lengua de madera de las ciencias sociales, el lenguaje críptico, pretencioso e infumable que se extiende de los papeles de investigación al conjunto de la cultura de modo que es confunde indebidamente el primero y la segunda. Pilar Rahola huye como gato escaldado del lenguaje y referentes culturales del mundo llamado progresista, consciente de que la apariencia de intelectual resta más que suma en los populismos ascendientes, como ha demostrado Donald Trump, y que las izquierdas no solo han perdido la hegemonía cultural sino el dominio del lenguaje que comunica realmente y no el que se limita a exponer y argumentar.

Comunicar una sola idea y encarnarla

Para influir hay que centrarse en una idea y repetirla lo suficiente. Las directrices de la comunicación populista neoliberal, como antes hicieron los totalitarismos, indican que hay que insistir siempre en una sola idea, aunque sea presentada desde diversos ángulos. Sea en su columna en la prensa, en la televisión o en las apariciones públicas, Pilar Rahola no sólo expone una idea sino algo mejor: aparece ella personalmente asimilada a esta idea. La corporeización de una idea es la culminación de un proceso de comunicación personal.

Estar en todas partes

Cuanta más visibilidad, mejor, y sin medida. Aquellos a quienes Pilar Rahola desagrada le critican lo que es una de sus virtudes: estar en todas partes. En La Vanguardia, en los programas más diversos de TV3, en plataformas políticas y en los acontecimientos más diversos. La persona asimilada a la idea proyecta así un efecto de ubicuidad que impulsa a otro: una imagen de marca. Hay algo mejor que el “que hablen de mí aunque sea bien”, de Salvador Dalí: que hablen de ti bien y mal a la vez de modo que no haya más remedio que contar con tu presencia en todos los campos de la vida social. La diversificación de la presencia contribuye a la potencia del propio nombre como marca. Pilar ha conseguido algo muy difícil: tener marca, plataforma y públicidad a la vez.

Imagen de coherencia

Hay que hacerse percibir como coherente pera hacer creíble la idea fundamental. Esta presencia diversificada se centra en una idea axial pero proyecta la sensación de que la autora se ocupa de una gama de centros de interés y asuntos tan diversos como el feminismo, la educación de los hijos, el civismo, la defensa de los animales, el vegetarianismo, la denuncia del totalitarismo islamista o el derecho de existencia del estado de Israel. Que sea muy a menudo previsible en el tratamiento de estos temas por parte de los lectores acentúa la imagen de coherencia, que es muy apreciada en determinadas mentalidades. Las izquierdas, que en su versión más hardline consideran la coherencia como el non plus ultra –aunque ss base en repetir siempre los mismos errores—critican a Pilar precisamente por practicar lo que ellos proponen. Véase cómo Julio Anguita, invariable en su pensamiento, es aúna altamente celebrado por muchos.

Proximidad con el poder y con la gente a la vez

El poder no es problema si te beneficia y mejor aún si haces creer que puedes beneficiar a otros. El problema de los periodistas con el poder es el de las mariposas con la luz: es muy atractivo pero una proximidad excesiva acaba por quemarte. Pero la cosa es distinta cuando estás inmerso en un movimiento tan peculiar como el independentismo catalán, y en particular a causa de la similitud de este con el peronismo clásico argentino. Un movimiento con una dinámica de fuerzas vertical que hace que el gobierno busque la movilización del “pueblo” para resolver obstáculos; que el gobierno, a pesar de disponer de un fuerte poder ejecutivo, simule tener poco (el general Perón ponía delante de él a Evita, la abogada de los pobres; Pujol simulaba, como Pla, ser un payés; Macià se hacía pasar por un abuelo protector cuando era un militar profesional de alta graduación; Torra aparenta ser un pobre hombre).

Rahola circula con comodidad por esta línea vertical de tal manera que, cuando está arriba, haciendo una paella o una fiesta con los que mandan, lo presenta como una barbacoa familiar, y cuando está abajo, se deja percibir como alguien que está bien relacionado con los dirigentes y que por tanto vale la pena estar cerca. En estas condiciones uno no es quema con la luz del poder sino que extrae energía de ella. Así es percibida como mediadora entre el poder percibido como benéfico y el pueblo que lo vota, y en las dos direcciones del eje vertical: Evita de corto alcance local pero que mantiene lubricado el canal de comunicación vertical.

Franqueza y expresión llana

El populismo, en todo el mundo, se presenta como un revelador de imposturas a través de un efecto de sinceridad. Los primeros intentos de elecciones “creíbles” en la “democracia orgánica” de Franco (las elecciones a procuradores en Cortes) tuvieron un precursor excelente del populismo neoliberal actual: Eduard Tarragona i Corbella, empresario que se presentabaa en Barcelona con el lema (en catalán) “Al pa, pa, i al vi, vi”. Tarragona se inspiraba en Lerroux pero detrás del populismo puigdemontista está la práctica inspirada por los thinktanks de Trump.

Pilar Rahola busca una complicidad con su público, una vez identificado adecuadamente, que le permita prescindir no sólo del lenguaje pretendidamente intelectual sino que haga que a pesar de haber pasado por ser diputada en el Congreso de los Diputados, concejala en el Ayuntamiento de Barcelona y dirigente de dos partidos políticos, PI y ERC, parezca que nunca se haya sometido a las servidumbres de la política ejecutiva.

Su virtud culminante consiste, precisamente, en haber tenido una fortísima vinculación institucional y ejecutiva, haber estado íntimamente ligada al poder autonómico catalán y a pesar de ello ser percibida por los suyos como una personalidad independiente y a la vez líder de un movimiento político. Ningún periodista, opinador, intelectual, spin doctor, asesor o dirigente político catalán, ni ninguna otra personalidad pública influyente, ha conseguido nada parecido.

Contexto

Mucha gente cree que basta con dinero, poder político y poder mediático para hacer que una persona se convierta en un comunicador potente e influyente. Eso es necesario pero no tanto ni ello se consigue en un abrir y cerrar de ojos o con un ordeno y mando; hace falta un talento que no ss compra en la farmacia ni se endosa como un traje a medida. Demasiados políticos tienen mentalidad de encargado de fábrica y creen que basta con espetar las órdenes del dueño para que las cosas se hagan. Toso comunicador verdadero, nos guste o no, es auténtico porque comunica con su público a partir de una comprensión intuitiva de lo que les vincula a ambos. La comunicación en Europa bebe demasiado de una sociología postmarxista y de una crítica cultural que se sustenta en la escuela de Frankfurt y muy poco consciente de la investigación de los pragmáticos de Palo Alto como Watzlawick, Bateson y Birdwhistell que estaban atentos a los vínculos que ss dan en los procesos comunicativos interpersonales.

Cuando las derechas se propusieron conquistar la hegemonía cultural par hacerse con la hegemonía política –recuerden la tesis del capitalismo popular de Margaret Thatcher y Ronald Reagan— empezaron por contraponer a la cultura de izquierdas una nueva generación de intelectuales de derechas con una potente intuición comunicativa: Alain Finkielkraut, Bernard Henry Levy, Michel Onfray y otros, los “néo—réacs”, los neorreaccionarios.

En Catalunya el pujolismo quiso crear una vanguardia propia dado que el mismo Pujol jugaba ferozmente a la contra de unos periodistas, intelectuales y figuras de la cultura a quienes les sabía opuestos, i a los que quería desarticular como tejido creador de opinión. Quiso ayudar a nacer una hornada de pensadores nacionalistas, algunos de una gran calidad literaria como Baltasar Porcel o Vicenç Villatoro, favoreció el ascenso de periodistas igualmente excelentes, como Francesc-Marc Àlvaro o Antoni Bassas, pero enseguida se dio cuenta de que el punto débil de la hegemonía de izquierdas estaba, precisamente, en su intelectualismo, la dificultad de adaptar su pensamiento crítico a nuevas realidades, el recelo frankfurtiano de la cultura mediática y la relativa dependencia de la universidad y los partidos y organizacionrs generadores del lemguaje de madera, “langue de bois” que pretende argumentar pero que no comunica, es decir, pone en común idees entre las personas.

El avance de una cultura del entretenimiento favorecería una “polonización” de la política (palabra con la que aludo a la asimilación a formas representativas y lingüísticas propias del programa de TV3 Polònia) y marcó un cambio de era: son Toni Soler, el productor de este programa, y Miquel Calçada, animador de programas de entretenimiento ideologizado quienes reciben el encargo de reposicionar el mito del 1714 para las jóvenes generaciones post-Moviment de Defensa de la Terra y asimilados. Los “néo-réacs” ya no serán escritores demócrata-liberales moderados sino activistas desacomplejados en las formas y cultivadores de cierto brutalismo verbal, como Jordi Graupera, Bernat Dedeu, Jordi Galves o intelectuales orgánicos provistos de una misión y desprovistos de manías como Vicent Partal y Agustí Colomines. La mutación independentista del nacionalismo pone por delante una nueva hornada de “condottieri” que no tienen nada que ver con los intelectuales del catalanismo clásico más o menos tocados de noucentisme, que eran nacionalistas pero al fin y al cabo celosos de una independencia intelectual personal.

El contexto del éxito de Pilar Rahola es precisamente ser una comunicadora intuitiva consciente a la vez de las debilidades de la cultura de izquierdas y del gran potencial del peronismo catalán y que sabe situarse en el centro tanto de los intelectuales noucentistes (de los que proviene y a quienes entiende) como de los nuevos ejecutores del poder hegemónico, a los que supera a fuerza de conocimiento de su público. No se preocupa per aparecer como sofisticadamente leída como hacen los pretenciosos del brutalismo (ella es más leída que ellos) i se columpia en la cultura mediática haciéndose querer en un juego de proximidades mucho más sofisticado. Las izquierdas y su cultura, mientras tanto, no tienen nada que hacer porque no han entendido ni un ápice de todo esto.

Publicación original: Catalunya Plural.

Temas de los que ando conversando con mis amigos en Facebook:
RECUERDO DE VÁZQUEZ MONTALBÁN; ROSA LLUCH BRAMON; PREMIO A MARTÍN CAPARRÓS; PERIODISMO DE VIAJES.

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Publico regularmente mis artículos en el diario Catalunya Plural, generalmente análisis sobre información, comunicación y cultura de masas. Os recomiendo esta publicación así como el Diari de l’Educació, Diari del Treball, Diari de la Sanitat y la revista juvenil XQ.

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