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Guerra en Ucrania, una invasión imperialista

CESÁREO RODRÍGUEZ-AGUILERA

La brutal invasión militar rusa de Ucrania sólo puede calificarse como una agresión imperialista absolutamente injustificada e indefendible. La extrema derecha europea partidaria de Putin permanece en silencio, al igual que cierta izquierda radical anacrónica y más allá se echan en falta grandes manifestaciones pacifistas en toda Europa ante esta barbarie. Putin ha simulado que buscaba una solución diplomática, cuando su decisión intervencionista estaba tomada desde hacía tiempo, y ni siquiera se ha tomado la molestia de buscar falsos pretextos para invadir. Por ejemplo, supuestas provocaciones del Ejército ucraniano. Al ser enorme la desproporción militar entre Rusia y Ucrania, el desenlace bélico está prácticamente sentenciado en favor de Putin, pero los problemas no dejarán de agravarse a continuación. Los Estados Unidos de América (EUA) tienen una amarga experiencia de ocupaciones que se acaban convirtiendo en una pesadilla: Afganistán e Irak.

En Europa nunca se creyó que Putin lanzara una operación de tal envergadura y, como mucho, se contó con la simple ocupación de todo el Donbás. Por el contrario, Biden no cesó de advertir sobre el riesgo inminente de una invasión completa y los hechos le han dado la razón. Putin juega con ventaja porque sabe que la OTAN no intervendrá militarmente de forma directa. En primer lugar, porque Ucrania no forma parte de la Alianza, y , segundo, porque Rusia es una temible potencia nuclear.

Por supuesto, toda la retórica de Putin es insostenible: a su juicio, Ucrania no existiría como nación pues habría sido una simple concesión soviética e históricamente siempre habría formado parte de la Gran Rusia. Ni qué decir tiene que la excusa de defender a “compatriotas” (los rusófonos del Donbás) supuestamente amenazados nada menos que de “genocidio” por los “fascistas” de Kíev no resiste el menor análisis. De entrada, el Ejército ucraniano no dio ningún paso para reconquistar las regiones rebeldes del Donbás. Haberlo intentado hace unos días, con presencia de casi 200.000 soldados rusos en sus fronteras, habría sido suicida.

Deben quedar claras algunas cosas: 1) casi todo el mundo (menos el Presidente ucraniano Zelenski) sabe que Ucrania no entrará en la OTAN y 2) una Ucrania genuinamente democrática (con muchas dificultades parecía abrirse camino) hubiera sido un muy molesto contrapeso para la Rusia de Putin. En el fondo se ha dirimido un conflicto de poder geoestratégico, pues Putin sabía que con la ocupación de Crimea y el apoyo a los rebeldes del Donbás era imposible que Ucrania ingresara en la OTAN. Ahora Putin ha dejado meridianamente claro que Ucrania es su “patio trasero” en el que acabará imponiendo a un gobierno títere que aceptará el mapa que Rusia quiera dejar en ese país tras las operaciones militares.

 Ante toda esta brutalidad, la UE y los EUA deben aplicar cuanto antes las más severas sanciones económicas y financieras nunca antes vistas, ya que, aunque Putin pueda contar con China, le infringirán un severo perjuicio. A continuación, la UE podría recomendar a sus Estados miembros que rompan relaciones diplomáticas con Rusia y, de paso, aquella debería dotarse de nuevos mecanismos supranacionales más efectivos para tener un mayor peso político mundial como tal. 

Por su parte, la OTAN incrementará sus tropas en los países miembros próximos a Rusia y proporcionará medios militares a Ucrania, salvo que este país colapse en muy poco tiempo. En todo caso, Putin ha conseguido dar una nueva razón de ser a la OTAN y ésta va a tener mucha más presencia en la zona, dos hechos con los que seguramente no contaba. Su compensación, pese al alto precio que pagará, será convertir a Ucrania en un protectorado. En todo caso, la impotencia occidental ante esta incalificable agresión tiene un coste añadido: puede animar a China a invadir Taiwán, una vez constatado que los EUA no intervendrán militarmente de forma directa. China ya aprendió mucho de la caída de la Unión Soviética para no repetir los errores de Gorbachov y ahora está a la espera de ver el desenlace de esta desgraciada y condenable guerra para operar en consecuencia. Pésimos tiempos para la estabilidad y la paz mundiales.

Publicación original: Catalunya Plural.