Religió

El “movimiento de Jesús”

The_Sermon_on_the_Mount_by_Jan_Brueghel_the_Elder_Getty_Center

Por Gabriel Jaraba

(Artículo publicado en la revista La Luz Digital, portavoz de la Iglesia Española Reformada Episcopal, comunión anglicana).

Gracias a la actividad en Facebook de nuestro hermano José David Amado Lagares encuentro en la página que la Iglesia Virtual Anglicana tiene en esa red un vídeo con una entrevista al obispo Michael Curry, recientemente electo como obispo presidente de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos. Y descubro de entre sus palabras una expresión sugerente y a mi entender, muy feliz: “El movimiento de Jesús”. El obispo Curry utiliza esta expresión para designar algo que no parece ser exactamente sinónimo de iglesia, o que en todo caso podría ser la iglesia en acción. Según sus características, el “movimiento de Jesús” consiste en “evangelización, en formar discípulos y seguidores de Jesús, y en dar testimonio mediante el servicio personal y la profecía pública”.

Esa visión dinámica del hecho eclesial me parece sumamente atractiva. Por una parte, porque se inscribe en una tradición de iglesia peregrina, común a diversas partes del Cuerpo de Cristo, y por otra, porque viene a sacudir cierto concepto estático que a mi entender se infiere erróneamente de la traducción de “ekklesia” como “asamblea”. Y porque más allá de su significado, la expresión “el movimiento de Jesús” parece apuntar a algo de mayor profundidad y alcance que un mero programa de acción.

Me pregunto si la traducción de “ekklesia” como “asamblea” es lo que los traductores profesionales llaman un “falso amigo”: traducir literalmente una expresión de un idioma a la palabra que parece corresponderle directamente en el idioma al que se ha vertido el texto, sin darse cuenta de que aunque las palabras sean las mismas significan cosas distintas. Y el caso es que, implícita o explícitamente, la “asamblea” que es o se supone que es la iglesia cristiana se parece muy poco a lo que una asamblea es.

Cualquiera que haya participado en un movimiento asambleario, de tipo sindical, político o cívico, sabe que una asamblea es algo móvil y plástico por naturaleza, caótico incluso. La asamblea evoluciona, cambia y nunca permanece igual a sí misma, entre otras razones porque está siempre pendiente de la realidad a que responde, una realidad externa –la necesidad final para la que surgió—y una realidad interna –las necesidades concretas que expresan sus miembros–. Además, y por encima de todo, las asambleas son forzosamente abiertas: de ellas se entra y se sale, a ellas se incorporan sus participantes con propuestas obtenidas del exterior. Y algo muy relevante respecto a la pertenencia asamblearia es que lo que se requiere para que sea efectiva es la presencia, la participación en su movimiento, la aplicación de las acciones fruto de la deliberación y el acuerdo. Lo que no exige la asamblea es una profesión de fe; sus miembros son, ciertamente, militantes, pero no les une el acatamiento a una confesión de principios sino la puesta en práctica de unas acciones acordadas.

El “movimiento de Jesús” al que se refiere el obispo Michael Curry no pretende ser una alternativa a la iglesia, pues él mismo declara –nada menos—que “hemos sido bautizados en el movimiento de Jesús, al que pertenece la iglesia”. Aquí la expresión se hace todavía más sugerente e invita a reflexiones muy diversas. En mi modesto entender, y a primera vista, percibo una vía de salida a las interminables cuestiones sobre unidad (a menudo queriendo decir uniformidad) de la iglesia de Cristo y una salida muy anglicana, ortopráctica más que ortodoxa, en movimiento dinámico más que en adscripción estática. El concepto de “movimiento de Jesús” nos engloba a todos sus seguidores, proponiendo que nos unamos en la acción y en la comunidad de recta intención antes que en la resolución de debates teológicos, consideraciones de primacías y legitimidades de tan diversa índole. Es la pertenencia a esa asamblea abierta y en constante movimiento evangelizador lo que iría marcando las huellas del camino que recorre la iglesia peregrina: las huellas que deja “el movimiento de Jesús” a su paso.

Un “movimiento de Jesús” de esta índole me parece, por otra parte, especialmente relevante por lo que respecta a ciertas características de nuestro tiempo: la “sociedad líquida” teórizada por el sociólogo Zygmunt Bauman y la “sociedad compleja” descrita por el también sociólogo Edgar Morin. El obispo Michael Curry alude a ello de manera muy directa: “En un tiempo como este la iglesia no puede esperar a que la congregación venga a ella, la iglesia debe ir donde está la congregación”. En la frase no solamente resuena el eco de las “periferias” a las que el papa Francisco desea dirigirse, concebidas como espacios liminares de la cultura, las formas de vida, la condición socioeconómica o el lugar del planeta donde se vive, sino algo incluso más perentorio: hoy día todo lo que rodea a la iglesia de Cristo es periferia respecto a ella.

Digámoslo claro: el lenguaje eclesial, incluso el propio lenguaje evangélico no tiene ya significado alguno para las masas que viven en esa “sociedad compleja” y lo hacen de manera “líquida”. Sí lo tendría la evangelización y el testimonio mediante el servicio personal y la profecía pública. Pero a través de la construcción de narraciones distintas que puedan reproponer la Palabra, mediante formas lingüísticas y metafóricas que obren en este tiempo y lugar lo que otras realizaron de modo pertinente antaño, expresándose en formas de interrelación humana en las que pueda darse ahora y aquí el testimonio y la acción profética. Hace ya algunos años que observo en otras iglesias, más allá y más acá del Tiber, la confianza en que la mera representación y difusión propia de las tecnologías de la información y la comunicación es suficiente para renovar el mensaje evangélico para hoy. Con ello demuestran una concepción meramente instrumental de la comunicación hasta ahora ostentada por los partidos políticos. Y en la iglesia, en el movimiento de Jesús, no prima la estrategia para la obtención de resultados sino la transformación de corazones de piedra en corazones de carne; la cuestión es, para tal fin, hallar mediación semejante.

Me gusta el “movimiento de Jesús” porque me hace sentir parte del Cuerpo de Cristo sin inquietarme por ir más allá o más aca de la iglesia según la forma que esta adopta. Y porque donde la institución no llega –y es natural que no lo haga—puede alcanzar esa “larga marcha” de seguidores de Jesús establecidos en todos los centros y periferias del mundo. La institución podría transformarse o no hacerlo, pero como dice el obispo Michael Curry, “podemos avanzar porque no nos movemos por nuestra propia fuerza. Nos movemos y vivimos en el poder del amor de Dios, y nada puede frenar el amor de Dios. Si no me creen, pregúntenle a Poncio Pilatos”.

(Ilustración: El Sermón de la Montaña, por Jan Brueghel el Viejo).

Entrevista con el obispo primado de la Iglesia Episcopal de Estados Unidos, Michael Curry, con subtítulos en español (18 minutos de duración; fuente: Episcopal News Service)

La Luz Digital

Iglesia Española Reformada Episcopal

 

Lee sobre mis reflexiones y actividades cotidianas en GABRIEL JARABA BLOG

En este sitio web, GABRIEL JARABA ONLINE, figuran mis textos y documentos y noticias y recursos sobre los asuntos que me interesan. Mis reflexiones y actividades cotidianas se publican en GABRIEL JARABA BLOG, de manera más ligera y a modo de intervención.
Ir a Gabriel Jaraba Blog›
Te recomiendo que visites mi blog o leas las últimas publicaciones en el módulo de abajo.

SUSCRÍBETE A LAS ACTUALIZACIONES PER CORREO ELECTRÓNICO

Sólo hace falta que envçies tu dirección de correo electrónico al enlace siguiente (vuestros datos serán custodiados).
Suscríbete a Gabriel Jaraba Online por correo electrónico