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	<title>Una sola humanidad | Gabriel Jaraba Online</title>
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	<description>Todas mis publicaciones y actividades</description>
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		<title>Malala: “Leer un libro sola en su habitación es un acto de resistencia para una niña afgana”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2026 11:56:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Una sola humanidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz, promueve la educación de las niñas en todo el mundo y la calificación de apartheid de género a las actividades antifemeninas de los talibanes]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="464" src="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/03/malala-2-1024x464.jpg" alt="" class="wp-image-7308" srcset="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/03/malala-2-1024x464.jpg 1024w, https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/03/malala-2-980x444.jpg 980w, https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/03/malala-2-480x217.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></figure>



<p>Malala Yousafzai, la joven paquistaní que desafió a los talibanes y premio Nobel de la Paz, pasa unas horas en España para entrevistarse con el presidente Pedro Sánchez y el ministro de Exteriores, José Manuel Albares mientras impulsa un movimiento mundial para que el borrado sistemático de las mujeres en Afganistán sea reconocido y tipificado como aparthei de género. </p>



<p>Esta acción se produce ahora que Naciones Unidas negocia un nuevo tratado sobre crímenes contra la humanidad de modo que codificar “el borrado de las mujeres de la vida pública” permitiría cerrar el vacío legal que hoy deja esos abusos sin una herramienta específica para perseguirlos.</p>



<p>Malala ha sido entrevistada por Patricia R. Blanco en El País y de esa entrevista extraemos las siguientes declaraciones de la joven activista feminista y por los derechos humanos.</p>



<p>«Afganistán es hoy el ejemplo más extremo de opresión sistémica contra mujeres y niñas. Los talibanes, como grupo misógino y opresor, están arrebatándoles todos sus derechos: el derecho a aprender, el derecho a trabajar… Y están castigando a quienes se atreven a hablar, a ir a trabajar o a aprender en secreto. Debería alarmar al mundo que tal opresión pueda ocurrir, que la mitad de la población de Afganistán esté siendo borrada de la vida pública. Pero observo pasividad y <a href="https://elpais.com/planeta-futuro/2025-06-21/zuhal-sherzad-activista-afgana-todo-el-mundo-sabe-que-pasa-en-mi-pais-pero-miramos-hacia-otro-lado.html">cómo el mundo mira hacia otro lado</a>. Han pasado casi cinco años y no vemos ningún progreso. Al contrario, <a href="https://elpais.com/planeta-futuro/2026-02-25/el-nuevo-codigo-penal-taliban-15-dias-de-carcel-por-partir-el-brazo-a-una-mujer-y-cinco-meses-por-maltratar-a-un-camello.html">vemos a los talibanes anunciando nuevas reglas extremas</a>: una mujer no puede ser vista desde la ventana de su casa. Incluso si está enferma y necesita ver a un médico, sus movimientos públicos están limitados. Las activistas afganas y los expertos en derechos humanos lo llaman “apartheid de género”.</p>



<p>La herramienta principal que emplea Malala en su tarea de defensa de las niñas es la educación. «Estamos haciendo todo lo posible para que las niñas puedan estudiar desde sus casas. Apoyamos a organizaciones afganas que ofrecen educación alternativa a través de la televisión, la radio y plataformas en línea. Hablé con varias niñas que siguen aprendiendo en escuelas clandestinas y me contaron cómo aprender les da esperanza en estos tiempos oscuros. Una de ellas me dijo que incluso leer un libro sola en su habitación es, para ella, un acto de resistencia. Las niñas afganas no se rinden. Tienen valentía y determinación, pero necesitan que el mundo esté a su lado».</p>



<p>El riesgo es que el mundo pueda n normalizar la opresión contra las mujeres en Afganistán porque «Afganistán es hoy el ejemplo más extremo de opresión sistémica contra mujeres y niñas. Los talibanes, como grupo misógino y opresor, están arrebatándoles todos sus derechos: el derecho a aprender, el derecho a trabajar… Y están castigando a quienes se atreven a hablar, a ir a trabajar o a aprender en secreto. Debería alarmar al mundo que tal opresión pueda ocurrir, que la mitad de la población de Afganistán esté siendo borrada de la vida pública. Pero observo pasividad y cómo el mundo mira hacia otro lado. Han pasado casi cinco años y no vemos ningún progreso. Al contrario, vemos a los talibanes anunciando nuevas reglas extremas: una mujer no puede ser vista desde la ventana de su casa. Incluso si está enferma y necesita ver a un médico, sus movimientos públicos están limitados. Las activistas afganas y los expertos en derechos humanos lo llaman “apartheid de género”. Y copncluye: «Los derechos de las mujeres deben estar en el centro de la agenda internacional»</p>



<p>Mientras tanto, Malala y su organización trabaja en la educación de las niñas, para que » puedan estudiar desde sus casas. Apoyamos a organizaciones afganas que ofrecen educación alternativa a través de la televisión, la radio y plataformas en línea. Hablé con varias niñas que siguen aprendiendo en escuelas clandestinas y me contaron cómo aprender les da esperanza en estos tiempos oscuros. Una de ellas me dijo que incluso leer un libro sola en su habitación es, para ella, un acto de resistencia. Las niñas afganas no se rinden. Tienen valentía y determinación, pero necesitan que el mundo esté a su lado».</p>



<p>Esta lucha no es una reivindicación sectorial y «la cuestión de los derechos de las mujeres en Afganistán no debe considerarse un tema secundario. Si decimos que somos feministas y creemos en la igualdad de género, pero no somos capaces de actuar, de nada sirve. Tenemos que preocuparnos por lo que está sucediendo con las mujeres y las niñas en Afganistán. Porque no solo es importante para Afganistán, sino para las mujeres y las niñas de todo el mundo». Pues «cuando la misoginia se institucionaliza y no ocurre nada, me preocupa que no se detenga ahí. Puede parecer un problema lejano, pero está más cerca de lo que pensamos.</p>



<p>Malala es tajante: la educación es la clave para lograr la igualdad de las niñas. «Creo que la educación es la base para garantizar la igualdad de mujeres y niñas. Hoy hay 120 millones de niñas en el mundo que no pueden ir a la escuela por distintas razones».</p>



<p>Y este es su mensaje a las niñas afganas: «Estamos con vosotras. Sois valientes y resilientes. Seguid aprendiendo, aunque sea en secreto. Seguid alzando la voz de la manera que podáis. Tenéis hermanas y aliados en todo el mundo, y cada vez más personas estarán a vuestro lado. Queremos que tengáis derecho a ir a la escuela. Queremos que podáis vivir con dignidad. No nos rendiremos. Siempre estaremos con vosotras».</p>



<p><a href="https://malala.org/">Malala Fund, organización de Malala Yousafzai para la promoción de la educación de las niñas</a></p>



<p><a href="https://elpais.com/planeta-futuro/2026-03-05/malala-leer-un-libro-sola-en-su-habitacion-es-para-una-nina-afgana-un-acto-de-resistencia.html">Entrevista publicada en El País</a></p>



<p></p>



<p></p>



<p></p>



<p></p>
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		<title>Pedro Sánchez: esta es la razón por la que Occidente necesita a los migrantes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Feb 2026 19:46:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Una sola humanidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Artículo publicado por el presidente del gobierno de España en The New York Times, en español]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-large"><img decoding="async" width="1024" height="576" src="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/02/Pedro-Sanchez-1024x576.jpg" alt="" class="wp-image-7269" srcset="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/02/Pedro-Sanchez-980x551.jpg 980w, https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/02/Pedro-Sanchez-480x270.jpg 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) and (max-width: 980px) 980px, (min-width: 981px) 1024px, 100vw" /></figure>



<p>PEDRO SÁNCHEZ</p>



<p>Presidente del gobierno de España</p>



<p>Imagina que eres el líder de un país y te enfrentas a un dilema. En tu país viven alrededor de medio millón de personas que son cruciales para la vida cotidiana de todos. Cuidan de nuestros mayores, trabajan en pequeñas y grandes empresas, cultivan los alimentos que hay sobre la mesa. También forman parte de tu comunidad. Los fines de semana pasean por tus parques, cenan en los mismos restaurantes que tú y juegan en el equipo de fútbol de tu barrio.</p>



<p>Pero algo crucial diferencia a este medio millón de personas del resto de tu país: no tienen permiso de residencia. Por lo tanto, no tienen los mismos derechos que tú y tampoco pueden cumplir con las mismas obligaciones. No pueden acceder a la educación superior, pagar impuestos ni aportar a la seguridad social.</p>



<p>¿Qué deberíamos hacer con estas personas? Algunos dirigentes han optado por detenerlos y deportarlos mediante operaciones ilegales y crueles. Mi gobierno ha elegido un camino distinto: una vía rápida y sencilla para regularizar su estatus migratorio. El mes pasado, mi gobierno promulgó un decreto que hace que hasta medio millón de migrantes en situación irregular que viven en España puedan obtener permisos de residencia temporales, con ciertas condiciones, que podrán renovar al cabo de un año.</p>



<p>Lo hemos hecho por dos razones. La primera y más importante es moral. España fue en el pasado un país de emigrantes. Nuestros abuelos, padres e hijos se mudaron a América y a otros lugares de Europa buscando un futuro mejor en las décadas de 1950 y 1960 y tras la crisis financiera de 2008. Ahora, las cosas han cambiado. Nuestra economía está prosperando. Son los extranjeros quienes llegan ahora a España. Es nuestro deber convertirnos en la sociedad acogedora y tolerante que nuestros familiares habrían esperado encontrar al otro lado de nuestras fronteras.</p>



<p>La segunda razón que nos hizo comprometernos con la regularización es puramente pragmática. Occidente necesita gente. Actualmente, pocos de sus países tienen una tasa de crecimiento demográfico creciente. A menos que acepten la migración, experimentarán un fuerte declive demográfico que les impedirá mantener a flote sus economías y servicios públicos. Su producto interior bruto se estancará. Su sanidad pública y sus sistemas de pensiones se resentirán. Ni la IA ni los robots podrán evitar este resultado, al menos no a corto o medio plazo. La única opción para evitar el declive es integrar a los migrantes de la forma más ordenada y eficaz posible.</p>



<p>No será fácil. Lo sabemos. La migración trae consigo oportunidades, pero también enormes retos que debemos reconocer y afrontar. Pero es importante darse cuenta de que la mayoría de esos retos no tienen nada que ver con el origen étnico, la raza, la religión o el idioma de los migrantes. Más bien, están impulsados por las mismas fuerzas que afectan al resto de la ciudadanía: pobreza, desigualdad, mercados no regulados, barreras para acceder a la educación y a la atención sanitaria. Deberíamos centrar nuestros esfuerzos en abordar estos problemas, porque son estas, y no otras, las auténticas amenazas a nuestro modo de vida.</p>



<p>Hoy en día, no muchos gobiernos están de acuerdo con la regularización de los inmigrantes. Pero hay más gente que sí lo está de lo que a menudo suponemos. El esfuerzo de regularización que se está llevando a cabo en España comenzó en realidad como una iniciativa ciudadana respaldada por más de 900 organizaciones no gubernamentales, incluida la Iglesia católica, y cuenta con el apoyo tanto de asociaciones empresariales como de sindicatos. Y lo que es más importante, cuenta con el respaldo de la población: casi dos de cada tres españoles creen que la inmigración representa una oportunidad o una necesidad para nuestro país, según una encuesta reciente.</p>



<p>Puede que los líderes del estilo del movimiento MAGA digan que nuestro país no tiene la capacidad de acoger a tantos migrantes, que se trata de una medida suicida, el acto desesperado de un país que se hunde. Pero no dejen que los engañen. España está en auge. Por tres años consecutivos, nuestra economía ha liderado el crecimiento entre los países más grandes de Europa. Hemos creado casi uno de cada tres nuevos puestos de trabajo en toda la Unión Europea, y nuestra tasa de desempleo ha caído por debajo del 10 por ciento por primera vez en casi dos décadas. También ha crecido el poder adquisitivo de nuestros trabajadores, y los niveles de pobreza y desigualdad han caído a su nivel más bajo desde 2008. Esta prosperidad es el resultado del duro trabajo de los ciudadanos españoles, del esfuerzo colectivo de la UE y de una agenda integradora que considera a los inmigrantes como socios necesarios.</p>



<p>Lo que funciona para nosotros puede funcionar para otros. Ha llegado el momento de que los líderes hablen con claridad a sus ciudadanos sobre el dilema al que todos nos enfrentamos. Las naciones occidentales debemos elegir entre convertirnos en sociedades cerradas y empobrecidas, o abiertas y prósperas. Crecimiento o retroceso: esas son las dos opciones que tenemos ante nosotros. Y por crecimiento no me refiero solo a la ganancia material, sino también a nuestro desarrollo espiritual.</p>



<p>Los gobiernos pueden optar por el pensamiento de suma cero de la extrema derecha y retirarse al aislamiento, la escasez, el egoísmo y la decadencia. O pueden aprovechar las mismas fuerzas que, no sin dificultades, han permitido a nuestras sociedades prosperar durante siglos.</p>



<p>Para mí, la elección está clara. Y por el bien de nuestra prosperidad y dignidad humana, espero que muchos otros sigan el ejemplo.</p>



<p><a href="https://www.nytimes.com/es/2026/02/05/espanol/opinion/espana-sanchez-migrantes.html">Publicación original: The New York Times</a></p>
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		<title>Las fronteras son relojes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Gabriel Jaraba]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Jan 2026 17:48:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Una sola humanidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Este texto es el prólogo que he escrito para el libro Fronteras Caribe, un libro multimedia que resume el proyecto Taller periodismo y educación mediática para la cobertura informativa del territorio fronterizo entre República Dominicana y Haití desde la co-creación y la construcción colaborativa de miradas alternativas sobre la violencia, la mujer y la inmigración”, realizado por el Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="750" height="422" src="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/01/Frontera-Caribe.png" alt="" class="wp-image-7258" srcset="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/01/Frontera-Caribe.png 750w, https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2026/01/Frontera-Caribe-480x270.png 480w" sizes="(min-width: 0px) and (max-width: 480px) 480px, (min-width: 481px) 750px, 100vw" /></figure>



<p>GABRIEL JARABA</p>



<p>A menudo se dice que las fronteras no existen. Lo que se quiere decir con esto en realidad es que no deberían existir, porque las fronteras, haberlas haylas. Vaya que si las hay; que les pregunten si no a los migrantes que a menudo se dejan la piel en ellas para ejercer el derecho a buscar un mejor lugar donde vivir, o a los traficantes y demás aprovechados que buscan la manera de lucrarse a costa de este derecho. Me parece que deberíamos abandonar ese lenguaje que pretende ser iluminativo y que no hace más que oscurecer las realidades. Somos periodistas y nuestra misión es precisamente esa: arrojar luz donde hay sombras bajo las que se esconde la explotación del hombre por el hombre, el sometimiento del más débil, la prevalencia del dinero sobre el derecho.</p>



<p>El problema que tenemos los periodistas, y no sólo nosotros, es que las cosas no son lo que parecen. La filosofía de cejas altas no se rebaja a admitir rotundamente este principio epistemológico fundamental y se envuelve en dignos ropajes de muy diversa laya: una apariencia oculta siempre una realidad distinta. Los periodistas somos gente más vulgar que partimos del principio de que cualquier interlocutor es un mentiroso en potencia. Nada es lo que parece y lo que parece &nbsp;ser un modo de ordenar sensatamente la distribución de las personas y los bienes en los distintos territorios acaba siendo, como cualquier acción humana, una medida de la que alguien acaba sacando provecho.</p>



<p>Corriendo el riesgo de resultar un poco fátuos podríamos convenir en que las fronteras son relojes: señalan los tiempos por los que ha pasado el devenir del hombre. En tiempos pasados decíamos que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, y que el motor de la historia es el conflicto. Las fronteras son las manecillas de los relojes históricos de los colectivos humanos, marcadores que no se ven pero que dejan huellas profundas en las personas y en los pueblos. Nosotros y ellos; de un lado estamos nosotros, los que somos de esta manera y del otro, ellos, que son de otra, ese es el fundamento del racismo latente o institucionalizado. Todas las ideas de progreso que la humanidad ha sido capaz de generar tienden a considerar como deseable la unidad del género humano, a partir de la idea que el señalamiento de diferencias produce injusticias. Una cosa son las diferencias legítimas, propias de la cultura, el origen o la manera de vivir, y otra las diferencias que se postulan para señalar que los unos son los buenos y los otros son los malos. Ahí comienzan las guerras, las violencias, ese es el germen de la catástrofe permanente.</p>



<p>Las fronteras son relojes que reclaman una puesta en hora adecuada y necesaria. Se dice que un reloj estropeado acierta a dar la hora dos veces al día. Una manera de poner en hora los relojes es hacer de las fronteras espacios de paz, convivencia y humanidad. Porque esas manecillas de reloj señalan también puntos de tensión, lugares de conflicto, conflictos pasados, presentes y posiblemente futuros. Y el conflicto es el agua en la que los periodistas habitan, que les permite respirar como peces allá donde los demás se ahogan. El periodista que no apunta al conflicto no es un pez sino un reptil, porque no pretende nadar contracorriente sino deslizarse subrepticiamente para pasar inadvertido en el silencio cobarde.</p>



<p>El compromiso del periodista es con la verdad y con el ser humano. La verdad que ilumina la injusticia que aherroja al hombre. Todos nuestros artefactos lingüísticos, indagatorios, racionales, o apuntan al agua refrescante y sanadora del conflicto que demanda ser desvelado o están al servicio del terrario reptiliano. Ahí comienza y termina nuestra profesión.</p>



<p>Seamos relojeros capaces de poner los relojes en marcha para que impere la hora de lo genuinamente humano: la hora de la verdad.</p>
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		<title>España y Europa ante los retos de una nueva civilización planetaria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redaccion]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Jan 2024 20:30:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Una sola humanidad]]></category>
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					<description><![CDATA[Vivimos un momento verdaderamente crucial en la historia de la humanidad]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<figure class="wp-block-image size-full"><img loading="lazy" decoding="async" width="300" height="168" src="https://gabrieljaraba.com/wp-content/uploads/2024/01/planetw03.jpg" alt="" class="wp-image-5928"/></figure>



<p><strong>MANUEL ÁNGEL VÁZQUEZ MEDEL<br>Catedrático de Literatura Española e Hispanoamericana de la Universidad de Sevilla</strong></p>



<p></p>



<p>Vivimos un momento verdaderamente crucial en la historia de la humanidad. Estamos insertos en una dinámica de cambios tan profundos que en alguna ocasión he afirmado que no se trata de una <strong>“tercera ola”</strong> (tras las dos anteriores de la revolución neolítica y la revolución industrial, según dijera <strong>Alvin Toffler</strong>), sino de <strong>un verdadero<em> tsunami</em>,</strong> tal vez solo comparable al largo proceso que llevó a la emergencia de lo humano, al surgimiento del <em>homo sapiens sapiens </em>en el planeta Tierra<em>. </em>Solo que ahora no es consecuencia de un proceso de milenios y de lentas transformaciones desde el mundo de las interacciones materiales (<em>physis), </em>sino de una <strong>acelerada</strong> (dromológica, <strong>Paolo Virilio</strong>) mutación promovida por el ser humano en <strong>un nuevo entorno biotecnológico</strong>, en esta era que algunos llaman ya <em>antropoceno</em>.</p>



<p>Dicho lo cual, de inmediato es conveniente adoptar en nuestros análisis y diagnósticos pautas equilibradas que -desde el pensamiento crítico- nos alejen por igual de tentaciones apocalípticas o integradas, como muy acertadamente indicara <strong>Umberto Eco.</strong> Adoptar una actitud positiva o negativa ante esta revolución biológica, tecnológica y comunicacional (Vázquez Medel: una verdadera “transhumanización”) depende tanto del cálculo de sus posibles consecuencias (y por ello es imprescindible recuperar la previsión y la prospectiva), como de la evaluación que cada uno haga de ellas, desde su propio horizonte interpretativo, axiológico y vital (desde su propio emplazamiento).</p>



<p>Lo que resulta indudable es que <strong>nada</strong> (economía, política, organización social, cultura, educación, religión, ideologías, etc.) <strong>será igual que antes.</strong> No dejo de insistir, especialmente a los más jóvenes, que de nosotros se exige, en mayor medida que a otros seres humanos en la historia de la humanidad, <strong>otras formas de pensar, otras formas de sentir, otras formas de comunicar, otras formas de actuar…</strong> No podemos seguir echando vino nuevo en odres viejos, porque todos los odres comienzan a reventar.</p>



<p>Ante lo cual, quienes están instalados en el inmovilismo o en la tentación involutiva <strong>hacen crecer el miedo, como instrumento de dominación de las mentes.</strong> Un “miedo líquido” que se cuela por todas las grietas y que promueve espectaculares concentraciones económicas en la voluntad inútil de asegurar todo en la vida. Y <strong>el único antídoto para ello es la educación y la cultura,</strong> que deben adquirir una centralidad indiscutible, para que todos los demás cambios que se están produciendo venga acompañado de un cambio de mentalidades y de profundas transformaciones personales. Por ello recomendamos el último libro de <strong>Emilio Lledó</strong>&nbsp;<em>Sobre la educación, la necesidad de la literatura y la vigencia de la filosofía.</em></p>



<p>Solo si las profundas transformaciones promovidas por la ciencia y la tecnología van acompañada de un verdadero cambio de mentalidades y un fortalecimiento de los valores esenciales para la convivencia podremos afrontar con esperanza el futuro.</p>



<p>Uno de los aspectos que más condicionará el fluir de esta “modernidad líquida” <strong>(Zygmunt Bauman)</strong> será la <strong>búsqueda de sentido</strong> (individual y colectivo), como ya señalaran <strong>Berger</strong> y <strong>Luckman</strong> y, dentro de él, las dinámicas identitarias (nacionales, religiosas, políticas, deportivas, sexuales, etc.) a las que <strong>Manuel Castells</strong> dedicó el segundo volumen de su trilogía sobre la sociedad en red. Y que pueden convertirse, como indica el título de un importante libro de <strong>Amin Maalouf,</strong> en&nbsp;<em>Identidades asesinas:&nbsp;</em>procesos identitarios que, para afirmar lo propio, necesitan negar y excluir lo ajeno, lo otro, lo diferente.</p>



<p><strong>España y Europa, antes que nada, son signos complejos</strong> (tal vez con <strong>Kristeva</strong> y <strong>Cross</strong> podríamos decir que “ideologemas”, significantes que implican connotaciones ideológicas) que apuntan hacia referentes concretos, marcos físicos y experiencias históricas. Solo que estos referentes, lo que pueda haber en ellos de “real”, son aprehendidos por cada ser humano, por cada comunidad interpretante desde su propio emplazamiento, y por ello resulta imprescindible acotar <strong>de qué España, de qué Europa hablamos.</strong> Porque si tenemos claro, desde la formulación machadiana, que al menos hay dos Españas (según algunos, una por cada español), en el caso de Europa también apreciamos esa tendencia bipolar, en la que algunos oponen a una Europa de mercados, mercancías y mercaderes,<strong> una Europa de la gente, de los pueblos, los valores éticos y las culturas.</strong> Tal vez, desde una perspectiva no maniquea, que acepte las luces y las sombras de la realidad, podríamos afirmar que en ambas posiciones extremas puede haber algo de verdad, algo de “real”, solo que transformado, hermenéutica y axiológicamente, en “realidades”, construcciones culturales inevitablemente limitadas y sesgadas. Como decía <strong>Gianni Vattimo,</strong> nuestra época se caracteriza por <strong>“el conflicto de las interpretaciones”.</strong> En este caso, la clave nuclear del conflicto radica en decidir si se ponen los seres humanos al servicio de una economía especulativa y vacía, o si -como debe ser- la economía se pone al servicio de los seres humanos.</p>



<p>El problema terminológico, conceptual e ideológico es igualmente aplicable a lo que he llamado aquí (adoptando, sin duda, una posición concreta) <strong>“nueva civilización planetaria”,</strong> siguiendo a <strong>Edgar Morin,</strong> impulsor del <strong>pensamiento complejo</strong>, cuya “vía” (véase su libro&nbsp;<em>La vía para el futuro de la humanidad)</em>&nbsp;comparto en gran medida.</p>



<p>En alguna de mis publicaciones he indicado <strong>el problema del lenguaje en relación con las nuevas dinámicas</strong> (las lenguas están surcadas, como dijera <strong>Fuentes</strong>, por la memoria y el deseo, y son un poderoso instrumento de condicionamiento mental): globalización remite a una matriz economicista, en la que parece anteponerse una economía especulativa, acumulativa y vacía (algunos dirían que criminal) a la realidad de lo humano. Por su conexión con cierta deriva ultraliberal, U. Beck ha hablado de “globalismo” e I. Ramonet, aún más plásticamente, de “globalitarismo”. Indicaré que mi elección (precaria y condicionada como todas), siguiendo al Derrida último, es “mundialización”, que conecta con la idea central de cierto altermundialismo: es posible concebir y trabajar por otro mundo más ético, más humano, en el que podamos realizar el gran proyecto en el que libertad, igualdad (justicia social) y fraternidad sean interdependientes y se enriquezcan mutuamente. Creo que tales planteamientos, coincidentes con el contenido de la Declaración Universal de Derechos Humanos tal como los ha entendido, por ejemplo, Federico Mayor Zaragoza, son los que comparten algunos importantes colectivos como “Humanismo solidario”.</p>



<p>Lo que parece indudable es que el proceso de interacción e integración planetaria es irreversible. Algunos intentarán oponerse a él; tal vez entremos en una oscura fase de involución… pero al final, ese proyecto de desplazamiento y despliegue de lo humano (de una única y sola humanidad) que comenzó en la sabana africana, acabará por realizarse. Aunque su dirección y su sentido ético están aún por decidir.</p>



<p>En esta encrucijada, ¿qué entiendo que pueden aportar España y Europa al proceso? En primer lugar, mucha humildad, aceptación del camino recorrido con sus luces y sombras, para no repetir los mismos errores que llevaron al límite mismo de destrucción de la humanidad. Autoconocimiento, análisis crítico, aceptación, recuperación de la capacidad prospectiva y del rumbo de decisiones compartidas y razonables.</p>



<p>No se trata, pues, ni de flagelarse inútilmente desde la aceptación acrítica y anacrónica de las leyendas negras, ni de justificar los errores y horrores que indudablemente se han cometido poniendo el acento solo en lo positivo.</p>



<p>Sabemos que el proyecto euro-occidental de la modernidad ha sido el proyecto más ambicioso formulado a lo largo de toda la historia de humana. También somos conscientes de todo el dolor, de toda la devastación provocada en nombre de un etnocentrismo que -desde nuestro punto ciego- éramos incapaces de contemplar. Eurocentrismo, androcentrismo y desmesura de lo patriarcal, objetivismo cientificista fueron tres de las raíces podridas que llevaron a una historia colonial que ya no podemos borrar, que hemos de asumir y que incluso cada cual justificará como pueda.</p>



<p>Pero lo cierto es que ha sido la desmesura (F. Flahault), la hipertrofia de determinados valores la que ha llevado (desde el principio de enantiodromía) a situaciones a veces opuestas a lo que supuestamente se deseaba alcanzar. Sabemos, por ejemplo, dónde conducen los ideales impositivos y la unificación a la fuerza, como intentaron ya en la modernidad Napoleón, Hitler o Stalin.</p>



<p>España y Europa lo saben. Pero en estos momentos corren el peligro de querer ignorarlo.</p>



<p>Por ello hemos de volver a los grandes valores que están en muchas de las realizaciones hispanas y europeas: pluralismo y aceptación de la diferencia, alteridad, otredad, apertura, diálogo, equilibrio entre lo racional y lo emocional… En otras palabras, hacer posible el proyecto dialéctico de diálogo e integración superadora, que era ternario (tesis, antítesis, síntesis), frente al binarismo opositivo de tesis y antítesis irreconciliables. Para no convertir la dialéctica en dualéctica.</p>



<p>Es necesario conciliar la libertad con la igualdad y la fraternidad, y no renunciar nunca, desde una gnoseología de la relatividad (equidistante del dogmatismo y del relativismo), al horizonte de la verdad, la bondad y la belleza, en la limitada medida en que seamos capaces de caminar hacia ellas, alcanzarlas y compartirlas con los demás.</p>



<p>Al mismo tiempo, huir de los grandes vicios: imposición monolítica e identidades autoafirmantes y excluyentes, egocentrismo e insensibilidad ante el otro (cuando no rechazo al diferente, alofobia, xenofobia, homofobia, etc.), cierre, reiteración monológica (y ratificación constante del sesgo), desmesura de lo racional (con ausencia de lo emocional, que según Damasio, es lo que nos hace humanos y forja culturas inteligentes y equilibradas) o desmesura de lo emocional (con un inaceptable irracionalismo, que denunciaba poco antes de morir la Premio Nobel Rita Levy Montalcini). En este marco, la necesidad de unos medios de comunicación que recuperen su horizonte y su pulso ético resulta imperativa. No podemos aceptar que nos encontramos en ninguna era de la posverdad, porque la búsqueda de la verdad es lo que nos caracteriza como humanos, aunque solo podamos alcanzarla limitadamente y siempre en compañía, como afirmaba Machado.</p>



<p>Que no es tarea fácil, bien lo sabemos. Que el salto desde los principios a la praxis, al mundo de la vida (Lebenswelt) es a veces casi un salto mortal, también.</p>



<p>Pero los seres humanos, criaturas del límite dotadas de una razón fronteriza (E. Trías), estamos acostumbrados a saltar con todas nuestras fuerzas cuando nos encontramos al borde del abismo. Y el camino nunca será el cierra y la exclusión, la fragmentación y la reclusión de cada cual en su fanal, porque ello daría lugar a un mundo de fanáticos. Hay que saber vivir a la intemperie, “contaminarse” con el otro, porque la relación entre seres humanos siempre fecunda, enriquece y produce vida y sentido.</p>



<p>Sabemos, por ejemplo, que nuestro arte y nuestra literatura han sido más grandes cuanto más abiertos han estado al mundo. Que nuestra lírica se forjó en contacto con lenguas hermanas (sea la galaico-portuguesa o la de raíz provenzal), que nuestra poesía se renovó con el impulso del petrarquismo y del renacimiento italiano, y que el propio Cervantes sería inconcebible sin su experiencia italiana y su contacto con la cultura árabe norteafricana… Que la Ilustración la hicieron nuestros afrancesados y que lo mejor de nuestra poesía romántica y posromántica se debe a impulsos que vienen de Alemania (“suspirillos germánicos” llamaron a las rimas de Bécquer), que la renovación poética que impulsaron Juan Ramón y Antonio Machado sería impensable sin el parnasianismo y el simbolismo francés… y que incluso la renovación de nuestro premio Nobel se produjo -al igual que lo más singular de la poesía cernudiana- gracias a la lectura de la lírica en lengua inglesa. Cultura con raíces, culturas sin fronteras.</p>



<p>Tengo ya que concluir, y quiero hacerlo desde un realismo lleno de esperanza: no seamos apocalípticos. Como decía Nietzsche, ya hemos cruzado el Gran Mediodía, nos estamos adentrando en la que tal vez será una noche oscura para la Humanidad, pero habrá un nuevo amanecer, una nueva aurora, y de ella surgirá una nueva esperanza. Seguro que lleva la impronta de una nueva humanidad en cuyo ADN habrá rasgos genéticos de lo mejor de lo mejor de lo español y de lo europeo. Y también de los demás colectivos de nuestro planeta, de nuestra única Matria, frente a tantas patrias.</p>
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