Creativitat

Siete propuestas para ir más allá en tu creatividad

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GABRIEL JARABA

En un artículo anterior os proponíamos siete consejos para activar la capacidad creativa. La creatividad no es privativa de los artistas, los genios o la gente singular sino una cualidad intrínseca del ser humano. Presentamos aquí siete propuestas más para ir un poco más lejos en el cultivo de la creatividad, que nos revelan que ser creativo no es ser ingenioso sino vivir asombrado por el mundo y los seres humanos.

  1. Afírmate en lo que haces bien. Ya se sabe que el césped de la casa de al lado es más verde, pero esa creatividad a la que aspiras ya la tienes y se demuestra en las cosas que haces. Examina cuáles son las cosas que haces bien, incluso haciendo una lista de ellas. Piensa qué es lo que hace que te salgan bien. Y reflexiona sobre cómo podrías profundizar en esas habilidades, y sobre todo, en cómo podrías aplicarlas a otros campos de actividad. Ello expandiría enormemente tu campo de acción excelente.
  2. Alégrate de lo que haces. Muchos de quienes persiguen la felicidad se pierden la alegría por el camino. La felicidad puede ser cosas muy distintas para cada persona diferente pero experimentar alegría es idéntico y común a todos los seres humanos. El mal de la cultura occidental ha sido el olvido de la alegría y su suplantación por el jolgorio en situaciones y momentos acotados. Se ha confundido la seriedad con la adustez y se ha olvidado que la tristeza es una forma disimulada de egoísmo. Y la cosa es tan simple como esto: sin alegría la vida es un asco. Por cierto que si no nos alegramos también por la vida y los logros de otras personas nuestra alegría no será verdadera: si ningún hombre es una isla, como dijo John Donne, nadie se alegra solo.
  3. Lee por placer. Los que siempre hemos sido lectores voraces y hemos conseguido que nuestra profesión incluya la lectura en cantidad y calidad tenemos un problema: que no nos queden ganas de leer una vez terminada la jornada. Tenemos que reaprender a leer y hallar qué tipo de lectura nos puede devolver el placer de la lectura por ella misma. Deberemos entonces rebuscar en nuestra biblioteca o en otras y pasear por las librerías con mirada distinta. ¿Qué tal si recuperamos aquél Las mil y una noches de nuestra infancia y lo leemos con ojos adultos? ¿Y leer enteros todos Los tres mosqueteros y Veinte años después para pasar a El conde de Montecristo, haciendo una maratón Dumas? También podemos dedicarnos a descubrir autores, géneros o estilos, de modo que la lectura se convierta de nuevo en un juego de buscar y encontrar.
  4. Contempla el arte con todos los sentidos. La pintura, la escultura, la fotografía y las artes plásticas en general no se limitan a ser imágenes que pueden ser observadas. Las grandes obras de la pintura universal son la forma corpórea que adquiere una poderosa idea creativa que se expresa comunicando con gran profundidad. La última vez que estuve en el museo del Prado salí de allí con una intensa sensación de que había hecho mucho más que mirar pinturas; su visión pero también su proximidad me había llevado a un estado diferente, espiritual y físico. No se va a los museos a “ver” obras de arte sino a entrar en contacto con ellas y con su particular y sutil influencia que nos alcanza directamente en el alma.
  5. Sé siempre curioso respecto al conocimiento. Todo creativo es un curioso insaciable. Por eso los niños, maestros de la creatividad, andan siempre preguntando “¿y por qué?”. Ojos y orejas bien abiertos y preguntas siempre a punto. Aprender y conocer de todo. Especial atención a la ciencia y a la técnica. No te refugies en tu vena artística, aprende matemáticas. Y viceversa: si eres de ciencias aprende a dibujar (los naturalistas son unos maestros en combinar análisis y dibujo). Mantente al día en avances científicos y aprende cada día una cosa nueva. Es uno de los mejores lubricantes para la mente creativa.
  6. Busca la inspiración en tu interior en medio de la actividad. Para hallar inspiración no hay que recogerse en un retiro silencioso e inmóvil, o por lo menos no necesariamente. La meditación silenciosa y quieta es un arte que aprenderemos una vez nos hayamos desempeñado en el flujo dinámico de la actividad cotidiana eliminando cada vez un obstáculo tras otro. Hay que aprender a vivir en la actividad continua y al mismo tiempo sintiendo que la inspiración que buscamos está en nuestro interior. Esa inspiración interior no es el producto forzado de una práctica que realizamos a contracorriente sino el fluir natural de nuestra sabiduría innata. Es así de sencillo: hagas lo que hagas mira dentro de tí, a tu punto de autenticidad personal, y confiésate si lo que te propones a hacer es justo y es lo que debes hacer en este momento precisa. Todo lo demás sobra.
  7. Encuentra tu ritmo. Y aprende a diferenciar entre diligencia y apresuramiento. El flujo natural que menciono en el punto anterior surge de la comprensión de esa diferencia. “Vísteme despacio que tengo prisa”, dice el dicho popular, y eso no es un llamamiento a la pachorra. No hay aprisa o despacio, hay apresuramiento indebido o procrastinación nociva. Nada existe en la naturaleza que no responda a una pauta y por lo tanto a un ritmo. Nada hay caótico ni desordenado, y para que nuestra vida y acción sean creativas deben ir ajustándose a un ritmo personal. Ritmo es armonía, y si se aspira a la segunda hay que buscar el primero.

Publicación original: Aika, Diario de Innovación en Tecnología y Educación

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