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Manuel Monereo: “El primer problema de España son unas derechas que siempre han vivido del Estado”

Manuel Monereo

PEDRO VALLÍN

Veterano militante de IU, mano derecha de Julio Anguita y de tránsito no exento de sobresaltos hacia Podemos, Manuel Monereo (Jaén, 1950), al que algunos señalan como padre político de Pablo Iglesias, es hoy diputado de Unidos Podemos por Córdoba y una de las voces relevantes dentro del recién creado gabinete Rumbo 2020, un think tank o un consejo de sabios que Iglesias ha creado como laboratorio intelectual y político para preparar el objetivo de Podemos de gobernar en 2020. Monereo, abogado y veterano militante de los comunismos españoles, encarna también a una generación muy activa en la implantación social de Podemos y cuya principal misión es evitar que la joven formación cometa los errores que llevaron a otros naufragios de la izquierda española.

Su último bautismo es Rumbo 2020, pero Pablo Iglesias concibió este nuevo órgano como un shadow cabinet a la manera británica. ¿En que consiste exactamente su tarea?

Esto que llamamos Rumbo a 2020 es una idea muy de Pablo, porque él es muy de fijarse objetivos. Los objetivos son como la utopía, que decía Galeano: siempre hay que tener un horizonte. Cuando llegas, a lo mejor no has llegado, pero es importante saber siempre hacia dónde quieres ir.

La clave para nosotros es construir un proyecto de país y para eso hace falta un programa. Cuando hablo de programa estoy hablando de tres cosas: en primer lugar un ideario de país, esas ocho o diez ideas fuertes que uno necesita para explicarse ante los demás y explicar qué quiere ser. A eso es a lo que normalmente se llama discurso. Luego necesitamos concretar eso en un conjunto de ideas políticas coherentemente hilvanadas, y por último, ponerle números a las propuestas.

Queremos, por una parte, ganar confianza, presentar a la gente un programa que es a la vez posible, viable y transformador. Para que la gente nos vote, no le basta saber que somos buenos y que somos honrados, que la gente ya lo sabe, nos tienen que ver solventes. Queremos transformar el país y tenemos propuestas viables y equipos capaces de llevarlo a efecto.

 ¿Y su papel dentro de este gabinete? ¿Se especializará?

No lo sé. Yo ya estoy más pallá que pacá. Estoy en una fase en que debo ir retirándome. De hecho, yo ya estaba bastante retirado, pero los jóvenes me convocaron y volví. Pero creo que lo que puedo hacer es lo que he hecho en estos meses: de pontonero. Yo construyo puentes, entre lo viejo y lo nuevo, entre las viejas ideas y las nuevas ideas, y en este caso lo único que puedo hacer es ayudar transmitiendo ciertas cosas que sé. Aquello que no deberíamos hacer, y eso lo sé con mucha claridad, y algunas cosas que creo que deberíamos hacer. Pero en general prefiero tener un papel secundario en este proceso e ir poco a poco retirándome.

En el desarrollo de Podemos nadie ha puesto en duda su eficacia en la impugnación de lo existente, pero sus adversarios siempre han cuestionado su capacidad constructiva. ¿A eso responde este gabinete?

Es muy difícil impugnar sin un proyecto alternativo, y nosotros lo tenemos. Pero eso proyecto alternativo está compuesto sustancialmente de valores y principios, ideas jurídico-políticas, y lo que debemos hacer es traducir eso en una propuesta viable y concreta, transmitiendo que somos solventes. Pero ser solventes no significa obrar como obraría cualquier político que llegara al poder; esa es una idea de la solvencia que yo no acepto. Se trata de poner sobre la mesa las ideas, propuestas y equipos, pero desde nuestros valores, pues son esos valores los que han hecho posible la impugnación de lo existente.

La principal misión de Monereo es evitar que la joven formación cometa los errores que llevaron a otros naufragios de la izquierda española

Con un suelo político sólido por encima del 20% que, incluso en lo más duro del proceso interno, ha resistido, ¿tienen la sensación de que el tiempo camina a su favor, como sostienen algunos analistas de mercados electorales?

No estoy de acuerdo. Nosotros no hemos venido aquí a tener un 20% de los votos. Es bueno tener suelo, pero la cuestión es no tener techo. Nosotros tenemos que construir una alternativa para gobernar. Es lo que ha hecho a Podemos una fuerza diferente. Necesitamos generar una masa crítica como para aspirar a gobernar, y eso significa que tenemos que superar los 10 millones de votos. Tenemos que duplicarnos. ¿Es difícil? Mucho. Pero nosotros no vamos a bajar la guardia. Celebramos tener el 20% de los votos, cómo no vamos a celebrarlo. Yo, con mi historia, habría celebrado hasta el 6%.

Pero el problema no es ese, el problema es que nosotros tenemos urgencia por gobernar porque los problemas del país son muy graves. Lo diré de otra manera: si se consolida este proyecto de restauración del PP, las consecuencias negativas para el país se sentirán durante décadas.

El objetivo es que este proyecto que el PP defiende con el apoyo directo de Ciudadanos e indirecto del PSOE, no se consolide. Y para eso tenemos que ganar nosotros. Por eso necesitamos estar con el tiempo, que el tiempo nos ayude y no dejar pasar la ocasión. Y por eso hacemos tanto hincapié en proyecto, equipos y movilización social. Entendida, la movilización, no tanto como la algarabía, sino como conciencia de la gente de su propia fuerza. Si la gente supiera lo que puede hacer movilizándose, lo haría, el problema es que la gente lo sepa, que tome conciencia. Movilizarse para aspirar a otro tipo de país, otro tipo de modelo social, a un nuevo tipo de justicia, a un nuevo modelo de estado…, todo eso es lo importante.

La historia de España sanciona que este es un país especializado en la reacción. De la contrarreforma el golpe de estado del 36, pasando por la Guerra de Independencia, Fernando VII, “vivan las caenas”, la Restauración… Cada vez que España pudo ponerse al paso de la vanguardia histórica parece que al país le temblaron las piernas y decidió abrazar el pasado. ¿Qué le hace pensar que esta vez será distinto?

Para nosotros, cada vez que hemos dado marcha atrás es porque nos han disparado en las piernas. Cuando nos tiemblan las piernas es porque nos disparan, y no es una metáfora. Yo creo que el gran desafío que ha tenido España, que tiene que ver con muchas cosas que pasan en Catalunya y en Euskadi, pero también en Andalucía, es definir cuál es problema real de España. De todos los problemas que hay, que siempre son más de uno, y más de cuatro, ¿cuál es problema fundamental de España? Y creo que el problema real son y han sido las derechas del país.

En España no ha habido desde la Guerra de Independencia unas derechas capaces de tener un proyecto alternativo e inclusivo de país, capaces de generar un modelo de industrialización, un estado fuerte, democrático con derechos y libertades. No. Ha sido una trama, una oligarquía, una burguesía que ha vivido del estado, no con el estado, sino del estado. Por eso en el siglo XIX se fragmenta la burguesía española. Una parte industrializa el País Vasco, otra parte, Catalunya, otra parte industrializa Asturias, otra va articulando una industrialización en distintos focos, con una burguesía diferente, que siempre ha sido una burguesía de estado, en el sentido preciso de que vive del estado, de los recursos del estado. Eso, que hemos visto hoy con el PP, es la historia de España, de los Borbones, de Fernando VII, de Isabel II… Madre mía, Isabel II, que se casó con un gay y el hijo nunca fue suyo, era hijo de un coronel… Es una visión patrimonial del país.

Quizá la persona más adecuada para entender esto sea Esperanza Aguirre, es el prototipo de la España cañí, del capitalismo de amiguetes, la mezcla entre una marquesa populista que hace una política de derechas, que corrompe un partido y luego no sabe que había corrupción en su partido. Es algo increíble. Este es el gran problema de España, la derecha española, la derecha económica y política que vive del Estado y que de una u otra manera nos roba a todos.

Se habla mucho en estos tiempos, en el marco de Europa Occidental, de un periodo de fin de época, se relaciona con lo ocurrido en los años treinta del siglo pasado, y este discurso se mezcla con la revolución digital, lo que Manuel Castells llama la autocomunicación social, ajena a los canales convencionales de opinión pública. ¿Cómo cree que operan todos estos factores?

Creo que la expresión se la he leído a su compañero, el periodista Rafael Poch: estamos ante la Gran Regresión. Desde los noventa, sobre todo desde Maastricht hacia acá, acuciado por la crisis de 2007, estamos viviendo una regresión de nuestro modo de vida, de nuestra civilización. Está cambiando el modelo social a uno más desigual, con menos derechos, menos libertades. Delante de nosotros están desapareciendo los derechos sindicales y laborales prácticamente sin darnos cuenta. Ante nosotros hay un mundo que se está cuarteando en el que los ricos son cada vez más poderosos y se está produciendo un fenómeno que yo diría que es dramático, que explica la Gran Regresión: una gran redistribución de renta, riqueza y poder de los más a los menos. De los trabajadores, de las capas medias, de los intelectuales, los universitarios, a una oligarquía cada vez más poderosa y más fuerte.

Cuando vas leyendo los informes de Oxfam, los de los propios de los aparatos del Estado, como el INE, todo nos indica que esta Gran Regresión tiene un signo: los de arriba viven cada vez mejor y los de abajo tiene cada vez más dificultades. Eso, ¿qué genera en la sociedad? Miedo, inseguridad. ¿Y qué desea la sociedad? Protección. Las mayorías sociales, lo que le están pidiendo a las fuerzas políticas, y en particular a las de la izquierda, es recuperar los derechos sociales, una educación de calidad, un sistema de salud de calidad, unas prestaciones sociales de calidad… Es decir, le está pidiendo a la izquierda que sea de izquierda.

El problema es que la izquierda no es de izquierda, que, cuando gobierna, hace políticas de derecha. El ejemplo viene al pelo con lo que ha pasado en Holanda. Todo el mundo está contentísimo de que este populista de derechas haya fracasado pero nadie dice dos cosas: que la derecha liberal ha perdido y que la socialdemocracia casi desaparece. Ese es el dramatismo de la situación.

Puedes estar muy contento por haber vencido a los populistas, pero si mañana tú haces un gobierno como el que tenías, donde las mayorías sociales pierden derechos y libertades, donde los ricos cada vez lo son más, y a su vez haces una política exterior que empobrece a los pobres y los obliga a emigrar… si haces todo eso, el populismo de derechas ganará, en su versión más dura o más blanda, pero va a ganar. Y debemos preguntarnos por qué eso no ocurre en España. ¿Por qué? Pues porque está Podemos, que ha servido como nadie para impulsar el cambio político en un sentido democrático y plebeyo. Los demócratas de este país, de izquierdas, de derechas y de centro, deberían estar agradecidos de que exista Podemos porque es el antídoto a la extrema derecha del país.

Ante ese fracaso de la extrema derecha holandesa y cierta pérdida de empuje de movimientos como el de Marine Le Pen, ¿puede ser que Donald Trump esté actuando como vacuna, como contraejemplo ante los votantes de Europa?

Es probable. Pero hay que distinguir tres elementos. El primero, que a mí me divierte mucho: las derechas o a la progresía socialista criticando a Donald Trump. Si siguen así van a terminar siendo antiimperialistas. Madre mía. Van a terminar criticando a la madre Estados Unidos, al centinela de Occidente, al fundamento de nuestras vidas, cultura y civilización… Segundo: Es evidente que Donald Trump es un elemento peligroso, no tanto por lo que dice y hace, que no es muy diferente de lo que han hecho los demás, incluido Obama, sino porque es una señal de que los ricos de Estados Unidos se están preparando para lo que viene.

Trump no es tan peligroso por lo que dice o hace sino porque es la señal de que una plutocracia es la que está controlando los intereses de Estados Unidos. Directamente, sin intermediarios políticos. Esa es la gran diferencia. Antes gobernaba la familia Bush, o los Clinton, Obama… familias políticas, políticos profesionales que han hecho de la política su modo de vida. Ahora no, esto es otra cosa.

Ahora son directamente los ricos que han dicho: “Están pasando cosas, y esto lo tenemos que ventilar directamente nosotros”. Eso es lo que más me preocupa y me da miedo de Estados Unidos, la señal de que algo muy profundo está cambiando en los poderes de Estados Unidos, que se están preparando para la crisis que viene. Para mí este gobierno está poniéndose la venda antes de la herida, se está preparando para un asalto que no sabremos muy bien cuál es ni de dónde vendrá, pero para el que ya están tomando medidas. Será un conflicto mundial en el que Estados Unidos quiere jugar con cartas muy poderosas.

Para mí no es ninguna broma, no es un populismo sin más, sino que se trata de que en el capitalismo norteamericano, en sus entrañas, algo muy serio está pasando, se están anticipando a una crisis. Y efectivamente, como decías, eso pueda llevar a países europeos a temer, lo entiendo. Pero si se siguen haciendo las mismas políticas en Europa que desencadenan los populismos, los populismos van a continuar. Hoy se les puede derrotar, pero tres años más haciendo las mismas políticas y acabarán ganando, y ganando por mucho. Que es un poco lo que venía diciéndose.

Nos reíamos del padre de Marine Le Pen, pero ya nos reímos menos cuando fue solo frente a Chirac. Ahora seguramente lleguemos a un escenario en el que se enfrenten Macron y Le Pen. Y ante ese escenario ¿qué votarán los trabajadores? ¿A un rico que es algo así como Rivera con dinero? ¿El hombre de la banca Rothschild o una populista de derechas como Marine Le Pen? Eso es muy delicado. En Estados Unidos hubo una posibilidad que fue Bernie Sanders frente a Hillary Clinton. El stablishment dijo no a Sanders porque era un radical. Pero ese radical podía haber ganado las elecciones.

Ahora en Francia va a ocurrir lo mismo. No puede ser Mélenchon, no puede ser Benoît Hamon, tiene que ser un hombre moderado, del centro moderado, tiene que ser Macron. Pero Macron ¿qué va a hacer? ¿Desmantelar el Estado francés?, ¿los derechos sociales?, ¿acabar con las libertades republicanas y con los derechos de los trabajadores en Francia, que han sido duramente combatidos por el propio partido socialista? Ese es el problema. Si se hacen las mismas políticas Marine Le Pen o cualquiera ganará las elecciones, éstas o las próximas en Francia.

Una de las dificultades para un proyecto transformador en España como el que ustedes propugnan es la dimensión europea. A parte de Syriza o Cinque Stelle, no se vislumbran muchos aliados continentales potentes para torcer la mano de Bruselas.

El problema de fondo es que esta UE es una maquina de fabricar fascistas y partidos de extrema derecha. No es que haya una Europa democrática y lleguen de fuera los fascistas y la ultraderecha, sino que una cosa es consecuencia de la otra. Hay un poder externo a ti, no democrático, como es la UE, que es un protoestado no democrático, que coloca poderes por encima de tu soberanía para tomar decisiones con las que no estás de acuerdo o que implican no poder cambiar las políticas del país.

El ejemplo de Syriza es paradigmático. ¿Qué le dice la troika al pueblo griego? “Os habéis equivocado votando a Syriza. Y os vamos a demostrar que os habéis equivocado castigándoos duramente. Vamos a hacer un escarmiento con Syriza”. Eso fue lo que se hizo. ¿Y por que se hizo un escarmiento? Pues por los cambios que se estaban dando en Europa, por Podemos y la sensación que corría por Europa de que todo tenía que cambiar. Lo que va a ocurrir ahora es que están alarmados ante los populismos, pero los alarmados son los que han creado las condiciones para que surja esa extrema derecha: por su carácter profundamente antidemocrático, subalterno a los intereses imperiales de Estados Unidos, su carácter profundamente regresivo en cuanto a derechos sociales y libertades, y, sobre todo, su dependencia enorme de los poderes económico.

Con estas cuatro características es claro que este modelo no tiene ninguna adhesión por abajo, no tiene un relato, como dicen ahora los jóvenes, ilusionante o esperanzado que permita vislumbrar que de ahí venga algo positivo. Y nosotros queremos gobernar este país pero también sabemos que una parte sustancial del obstáculo para gobernar vendrá de la UE, y nos preparamos también para vencer esos obstáculos. Nos gustaría que la UE; lejos de ser un obstáculo, que se convirtiera en un instrumento de liberación. Nosotros aspiramos a hacer dos cosas: cambiar nuestro país y contribuir a cambiar Europa en el sentido que quieren los europeos y las europeas.

Es decir, todo a lo que aspiran los trabajadores del sur de Europa es aquello a lo que aspiramos nosotros: consolidar nuestras libertades públicas, desarrollar nuestros derechos sociales, trabajo y dignidad, pleno empleo y quien no lo tenga, una renta garantizada, defensa irrestricta de una educación y una salud de calidad… Eso es lo que quiere la ciudadanía. Nosotros vamos a intentar por eso, veremos qué margen de maniobra nos da la Unión Europea. Ya nos gustaría que fuésemos un instrumento para cambiar las cosas en España pero también en la Unión.

Acabamos de ver lo que ha pasado con los socialdemócratas en Holanda y lo que ha pasado con los socialistas franceses, que la militancia o los simpatizantes quieren impugnar la política del partido…, en este cuadro, ¿qué cree que va a pasar con la socialdemocracia española?

Te he hablado antes de las derechas como el gran problema de España y mezclo la derecha económica y política, lo que sería la trama. Estamos en un país en el que, después de lo que ha pasado desde 2007, no cabe para la derecha un PSOE dirigido por Pedro Sánchez. Hemos visto cómo los poderes fácticos de este país, incluido el grupo Prisa, la gran banca… han intervenido para echar a un secretario general del PSOE, ¡a un secretario general del PSOE! Hemos visto una cosa increíble, que lo han intentado con Podemos, por cierto: una alianza de lo interno y lo externo para liquidar a un secretario general. Es decir, estamos viendo cómo se interviene una fuerza política y esa intervención la ejecutaron los poderes fácticos porque consideraban que Sánchez había ido demasiado lejos en su polarización con el PP.

Es evidente que hay motivos sobrados para un debate político intenso en el partido socialista. Todos han estado intentando ocultar ese debate porque el más interesante era el de Podemos, porque interesaba que el de Podemos fuese lo más duro posible, lo más dramático posible, y no mezclarlos para no hacerle un favor a Podemos. Ahora estamos ante de una situación nueva que es que por primera vez puede haber un candidato outsider en el PSOE. Y este outsider, este Corbyn, puede terminar siendo Pedro Sánchez.

El outsider puede ser secretario general; el antiguo secretario general, que ha devenido outsider del propio PSOE, fíjate el dramatismo de esto, de lo que es hoy el partido socialista. Y está suelto el hombre por ahí porque de golpe y porrazo se dio cuenta de que nadie era de Pedro Sánchez, de que estaba más solo que la una, que los señores que estaban al lado suyo en el parlamento y decían que no es no, ahora resulta que sí es sí, y que Sánchez era un peligroso izquierdista. Ese es el debate real que hay en el PSOE: tienen que dar cuenta a la militancia de que el partido ha sido intervenido por los poderes, que ya no es un partido independiente y que es parte de una restauración del país en un gobierno en la práctica tripartito.

Por tanto, como parte del debate universal de Europa, una socialdemocracia neoliberal es una socialdemocracia condenada a desaparecer o tener resultados electorales muy débiles. Hoy, quien ha entendido eso es Pedro Sánchez. Que hoy se enfrenten tres candidatos y una de ellos sea la presidenta de la Junta de Andalucía, que estuvo detrás de la operación para liquidar al secretario general, demuestra que hay una facción del PSOE que es parte de los poderes dominantes del país y ya no refleja la opinión de sus bases.

Publicación original: La Vanguardia

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