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Los 5 animales del Dr. Hua Tuo: de la raíz chamanica a la contemplación simbólica

grulla

Por GABRIEL JARABA

1. Los orígenes chamánicos del qigong

¿Qué tienen en común un tigre, un ciervo, un oso, un mono y una grulla? Cuatro mamíferos y un ovíparo; un depredador carnívoro con fuertes garras junto a un herbívoro puro dotado de gran cornamenta; un plantígrado y un primate que comparten agilidad, pero disimulada en uno y manifiesta en otro; junto con un ave que anida en la tierra pero que es capaz de desarrollar unas danzas nupciales que pueden durar de horas a meses. Cinco animales de cinco especies distintas, con diferentes cualidades y habilidades, habituales en los entornos rurales de la antigua civilización china al norte del río Amarillo en el neolítico. ¿Cómo llegaron a convertirse en modelos de pedagogía terapéutica en manos del doctor Hua To? ¿Por qué el creador del Wuqinxi (el juego de los cinco animales) creyó que sus cualidades podían inspirar una práctica que influyera en cada uno de los cinco órganos? Y sobre todo, ¿por qué escogió estas especies tan “terrestres” y cotidianas (al menos para un habitante del neolítico chino; un servidor no tiene costumbre de relacionarse con tigres y osos, aunque nunca se sabe) en lugar de los fastuosos animales míticos que nutren las mil y una leyendas de una civilización que ha creado una narrativa popular fantástica y miticosimbólica al lado de la cual palidecen los sueños narrados en Las Mil y Una Noches?

Antropólogos y sinólogos coinciden en hacer remontarse los orígenes del qigong al chamanismo primitivo chino, pero no explican lo fundamental: cómo se transcurre de una práctica chamánica, orientada a tomar contacto con el alma de un “animal de poder” para incorporar sus cualidades, en estado de trance inducido por un profesional especializado en las tecnologías del éxtasis, a una práctica terapéutica sistematizada y realizada en estado de conciencia de vigilia, minuciosa y metódicamente ejecutada. El recorrido que separa el chamanismo del qigong es muy largo, tanto como el que se halla entre una sociedad tribal del neolítico, cuyos habitantes viven la conciencia de un mundo en el que conviven tanto con las almas de los ancestros como con el alma de la naturaleza, y una sociedad dotada ya de una estructura económica, social y política propias de la separación entre familia, propiedad privada y estado. Tres siglos después de Cristo, tiempo en que vivió Hua To, la sociedad no se organizaba en torno a la visión chamánica tribal sino en una economía organizada y un poder político estructurado.

Pero los expertos nos dicen cosas muy sugerentes. Por ejemplo, que los habitantes del húmedo norte del río Amarillo practicaban “danzas terapéuticas” destinadas a combatir los efectos de una humedad que penetraba hasta el último rincón del entorno. O, como el antropólogo taiwanés K.C.Chang, que la combinación de meditación y ejercicio físico es el método esencial para la consecución del éxtasis chamánico. (1). Catherine Despeux es terminante: “Los ejercicios gimnásticos son desarrollos tardíos de técnicas chamánicas originarias”. (2).

Así pues, la continuidad existente entre las antiguas danzas chamánicas y la posterior gimnástica terapéutica no sólo es cultural sino técnica: estas últimas aplican en profundidad principios psicofísicos hallados a partir de las primeras.

Pero ajustemos mejor la lente de observación y abramos más los ojos. Que un elemento de la cultura chamánica primitiva sea fuente de conocimiento válido en la actualidad no es excepción sino regla. Nuestra perspectiva está deformada por muchos avatares históricos y culturales propios de nuestra civilización. Entre nosotros, el saber chamánico ha sido olvidado después de haber sido combatido, y a sangre y fuego por cierto. La oposición entre ciencia y religión a que se refieren los racionalistas es falsa: ambas han sido aliadas históricas en su combate común contra cualquier vestigio restante de la antigua sabiduría popular, arrancada al mundo mediante la combinación de observación aguda del entorno, integración absoluta en la naturaleza y fusión no dual con la realidad. Ese conocimiento inmanente y trascendente a la vez es la verdadera raíz del saber humano, un saber no fragmentado y por tanto inagotable. A sus restos deformados les llamamos superstición, pero sin su origen vivo y fresco no existiría civilización alguna, pues son la expresión primera del conocimiento humano último.

2. Una sociead des-encantada que vuelve sus ojos al encanto de la naturaleza

Las prácticas chamánicas ancestrales y aborígenes cobran hoy nuevo atractivo ante las miradas de los ciudadanos de nuestra civilización “desencantada”. Desencantada del moderno relato mítico del progreso y de la historia, y despegada por tanto de las utopías de la ciencia redentora –ciencia ficción incluída– o de la liberación social colectiva. Y des-encantada en el sentido literal del término: despojada de encantamiento, de magia, y por tanto, de encanto. Una sociedad que sufre la falta de una vida comunitaria rica y plena, cuya inteligencia se halla desconectada del misterio y por tanto incapaz de establecer una conexión íntima y afectuosa con el mundo, los seres que lo habitan y el conjunto de seres humanos. El encantamiento es considerado absurdo, pero en realidad resulta sospechoso porque comprende lo lúdico y lo erótico, y cierta fuga de la lógica, algo intolerable en una cultura de ambición extrema. (La venganza del encantamiento proviene de los niños, y el éxito de Harry Potter, elevado a superventas mundial mediante un boca a oreja de miles de jóvenes lectores antes de que se convirtiese en un producto cinematográfico).

Ni la religión ni la ciencia pueden proveer encantamiento hoy día. La primera, porque no es más que teología defensiva; la segunda, porque ha olvidado que sus padres fundadores, Newton incluído, asentaban sus raíces perceptivas en el sustrato alquímico y esotérico de la sabiduría renacentista, conocedora de que “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. El encantamiento hunde su raíz en la naturaleza: el día y la noche, las estaciones y los ciclos naturales; el firmamento y la armonía de las estrellas; los instintos y sensaciones que se proyectan en el paisaje y son influídos por él. Y los animales, que muestran un “alma pura”, en la que Francisco y Clara de Asís hallaron una renovada fraternidad en contraste con sus tiempos de crueldad humana.

“Hagamos plegarias al Cuervo. El Cuervo que es. El Cuervo que fue. El Cuervo que siempre será. Hagamos plegarias al Cuervo. Cuervo, tráenos fortuna”. Así rezan los Koyukon, pueblo indígena que habita el norte de Alaska, según los cuales, todas las cosas, naturales o humanas, proceden de una época tan remota que nadie puede explicar o comprender su inicio. Durante esa época los animales eran humanos, tenían forma humana, vivían en una sociedad humana y hablaban un lenguaje humano. En cierto momento en el Tiempo Lejano, ciertos humanos murieron y se transformaron en seres animales o vegetales. Las narraciones del Tiempo Lejano describen un mundo primordial y su transfiguración en la forma moderna. Explican los comienzos de las entidades que pueblan el cielo: el sol, la luna, y la aurora. Dan cuenta de ciertos fenómenos atmosféricos, tales como las tormentas, los cuales son la personificación de un espíritu previamente humano.

Al final del Tiempo Lejano hubo una gran catástrofe. Toda la tierra resultó inundada, y bajo la supervisión del Cuervo una pareja de cada especie se embarcó en una balsa. Estas plantas y animales sobrevivieron pero, cuando la inundación finalizó, ya no pudieron comportarse nunca más como personas. Todos los humanos del Tiempo Lejano murieron, por lo que el Cuervo recreó a la gente con su forma actual.

Ahí tenemos, en los mitos fundacionales de una tribu india perdida, la relación entre el Cielo y la Tierra del taoísmo, la íntima unión esencial entre animales y humanos propia de todos los chamanismos del mundo, y el relato bíblico del diluvio universal. En el que, por cierto, corresponde al Cuervo un papel más decisivo que a la Paloma.

A medida que las ciencias humanas y sociales han profundizado en el conocimiento antropológico, se ha hallado que todas las culturas humanas ancestrales, en todos los continentes y civilizaciones, han desarrollado formas de lo que hoy llamamos chamanismo.Y los factores comunes de los chamanismos primigenios son la experiencia de un mundo superior propio de los seres celestiales, un mundo medio que habitan los humanos en su ambiente natural, y un mundo inferior, el que moran las almas de los muertos y otros seres que se hallan conectados con las profundidades anímicas de los humanos. De todos esos factores comunes destaca el papel de los animales como espíritus guardianes. La relación entre el mundo de los humanos y el animal es básica en el chamanismo. Por medio de su espíritu guardián o animal de poder, el chamán conecta con el poder del mundo animal, los mamíferos, aves, peces y otros seres.

Pueden hacerse visibles moviéndose en un elemento que no es su entorno normal: mamíferos terrestres o serpientes que vuelan. Trascienden así la naturaleza y existencia de un animal normal, y conceden asimismo al chamán el poder de transformación, actuando de alter ego. (A quienes extrañe o repugne esa tutela animal respecto a los humanos, recuerden que incluso en nuestra cultura religiosa beligerantemente antichamanista sólo podemos concebir a los ángeles guardianes como dotados de alas, atributo específica y únicamente animal).

3. Inspiración neochamánica en el postmodernismo occidental

Para que occidente reconociese el valor de las culturas ancestrales e indígenas hizo falta una profunda transformación de las ciencias humanas en el siglo XX, durante la cual se ha ido abandonando la consideración de “salvajes” o “primitivos” de los pueblos previamente conquistados militarmente y sojuzgados colonialmente. La obra fundacional de Mircea Elíade (3) puso de relieve la solidez y extensión del hecho chamánico en las civilizaciones antiguas. Pero fue la influencia de tres antropólogos y sus investigaciones la que ayudó a que creciera una nueva mirada hacia los pueblos tradicionales. El estructuralista Claude Levi-Strauss (4), quien produjo el primer gran libro sobre antropología que resultó ser una obra popular; Bronislaw Malinowski (5) y su vida entre los nativos de las islas Trobriand del Pacífico occidental; y Margaret Mead (6), con sus hallazgos sobre adolescencia, sexo y cultura en Samoa.

Margaret Mead era la esposa de Gregory Bateson, lingüista y figura prominente de los ambientes académicos de la California de los últimos 50 y primeros 60. Con Paul Watzlawick (7) y otros crearon la tendencia lingüística conocida como “los pragmáticos de Palo Alto”, y a ellos se acercaron jóvenes estudiantes y profesores de los ambientes contraculturales y hippies de la época. En ese ambiente surgieron, por ejemplo, la terapia Gestalt de Fritz Perls (8) o la Programación Neurolingüística de Bandler y Grinder (9), y un conjunto cada vez más variado y complejo de psicoterapias y abordajes transpersonales en los que se valoraba cada vez más lo “espontáneo” y lo “primal”. La sabiduría de los pueblos tradicionales pasaba, de superstición, a fuente de inspiración, y sus culturas, de objeto de catalogación, a sujeto candidato a ser revivido (¿re-animado?).

Un inesperado superventas literario escrito por Carlos Castañeda (10), antropólogo peruano que atribuía a su creación literaria el carácter de cuaderno de trabajo de campo con los indios Yaquis en México,convirtió en éxito mundial una nueva mirada hacia las tribus indígenas y sus técnicas del éxtasis. Años antes, el periodista e investigador independiente Robert Gordon Wasson (11), pionero en el estudio de los hongos que inducen estados modificados de conciencia, había dado a conocer a la chamana mexicana María Sabina y con ello, transformado el arquetipo de la bruja en el de la mujer sabia.

Al mismo tiempo, otros antropólogos e investigadores realizaban trabajos y descubrimientos con menos alharacas pero de no menor importancia. Michael Harner (12), que convivió entre 1956 y 1957 con los jíbaros (Shuar) fue capaz de aportar no sólo conocimiento científico sino la aplicación práctica de la sabiduría de las sociedades no desencantadas al reencantamiento de las nuestras. Creador de una fundación de estudios chamánicos, ha diseñado prácticas que permiten al hombre occidental beneficiarse de las prácticas chamánicas ancestrales en su búsqueda de armonía, reintegración y conservación y potenciación de su energía. Los talleres neochamánicos basados en los desarrollos de Harner han dado orígen a multitud de prácticas, hasta amalgamas de habilidades muy distintas e incluso contradictorias, que han puesto al alcance de la mano de los ciudadanos occidentales deseosos de recuperar el encanto técnicas que reviven en sus cuerpos y espíritus la probada eficacia de unos métodos que han superado la prueba del tiempo y que hoy son vistos no ya como supersticiones inútiles sino como, por lo menos, un punto de partida para un re-encantamiento de la vida urbana en busca de la re-animación de las personas. Pues no en vano la más alta tarea que han debido afrontar los chamanes de todos los tiempos y lugares ha sido viajar en busca de la recuperación del alma perdida del sufriente.

4. La capacidad pedagógica de un médico y psicólogo y el prestigio de los animales de poder

Provistos de esta nueva perspectiva, echemos de nuevo un vistazo al doctor Hua To, su tiempo y su gente. Pero nosotros no somos eruditos ni investigadores especializados, sino ciudadanos que deseamos conocer el qigong para beneficiarnos de su práctica y compartirla con otras personas. ¿Qué pudo llevar a aquel médico a crear un método de qigong basado en un “juego” con animales? ¿Por qué esos cinco, y no otros? Tratemos de sentar ciertas bases para ver claro.

Lo que sigue no es el resultado de una investigación sino de una deducción lógica, a la luz de la antropología, la historia, el psicoanálisis, la comunicación y la sociología. Debe entenderse que es una simple hipótesis de trabajo, una hipótesis que no pretende ser llevada al terreno de la investigación sino que puede servir como punto de vista para comprender, en cierto modo, la naturaleza de las raíces del Wuxinqi, no tanto de sus orígenes históricos estrictos (si es que eso puede tener algún valor) para poder descubrir en ella los nuevos horizontes que abre la mirada analítica y poética del simbolismo.

Hua To no era chamán ni vivía en una sociedad chamánica. Por supuesto, la antigua sabiduría había originado toda su civilización, pero ese mismo desarrollo nos sitúa a un médico chino del siglo III d.C. lejos de las técnicas arcaicas del éxtasis e instalado en una metodología y un corpus médicos establecidos y codificados. Entonces, ¿qué podía representar ser médico en una sociedad rural en su tiempo y lugar? Desde luego, algo más que un técnico que aplica remedios a medida; Hua To sabía lo que muchos médicos de hoy han olvidado: si se desea que la medicina sea promoción de la salud, debe ir acompañada de la pedagogía. Y sobre todo, que la prescripción médica apele no sólo a la necesidad fisiológica del remedio en aras de la recuperación de la salud, sino a aquello que el paciente considera deseable, conveniente, incluso agradable y prestigioso (las dietas fracasan, por ejemplo, a resultas del olvido de este principio). Medicina sin comunicación es tecnología salutífera pero no sanación humana.

La cultura en la que Hua To vivió no había realizado una ruptura violenta con su pasado chamánico. Un médico chino de aquella época no contraponía su profesión a otras prácticas sanadoras; ni siquiera formaba parte de una élite profesional ni social sino todo lo contrario, ya que era considerado apenas un artesano del mismo bajo nivel que quienes deben ensuciarse las manos con elementos y desechos orgánicos (recordemos que las sociedades de castas sinoindias sitúan en lo más bajo, como parias, a los carniceros y a los tamborileros; ambos tocan pieles. Y con ellos, los herreros y forjadores). Hua To solamente debió de contar con su sabiduría, habilidad y prestigio profesional práctico. Si deseaba promover entre su pueblo prácticas gimnásticas salutíferas, se hallaba en una posición de franca desventaja respecto a otros promotores de sistemas de qigong: ni era un jefe militar que pudiera imponer su prática por disciplina ni un abad monástico que hiciera lo propio por autoridad. Si deseaba popularizar un sistema de gimnasia popular, Hua To debía recurrir a otra autoridad.

Sin estructura ni institución que le respaldase, inmerso en un medio popular, la autoridad a que el doctor Hua To recurrió fue a la de la tradición antigua, al prestigio de las viejas danzas chamánicas. Y con ella, a la reminiscencia de algo que todavía debió permanecer incrustado en el sentir popular más profundo: la antigua y vívida admiración del animal mítico como portador de cualidades a incorporar y absorber como medicina, tanto energética como espiritual.Él no era un chamán ni el chamanismo en estado puro de los tiempos antiguos era ya una práctica regular, pero los corazones de sus coetáneos seguían vibrando con esa consideración primigenia del espíritu guardián animal como portador de vida y de una oportunidad real de regeneración ahora y aquí.

Hua To supo combinar muy sabiamente la capacidad operativa de la tecnología de la ejecución de sus cinco animales en las respectivas esferas funcionales, emocionales, mentales y energéticas (13) con la apelación a la psicología de las gentes que ejerce la reminiscencia en el recuerdo popular de los animales míticos y la confianza, probada durante siglos, en la medicina del animal de poder. Su método le caracteriza, en ese sentido, no sólo como médico sino como psicólogo y pedagogo relevante.

Pero nos queda la segunda parte de la pregunta. ¿Por qué un oso y no un dragón? ¿Por qué un mono y no la gran tortuga que sostiene la Tierra? Porque Hua To deseaba crear un método práctico que produjera resultados tangibles a partir de la práctica gimnástica, que pudiera ser practicado de manera autónoma por la gente corriente. Los animales inspiradores de los ejercicios debían ser portadores de inspiración simbólica, pero al mismo tiempo tenían que representar cualidades y valores propios de la vida humana cotidiana, de modo que la panoplia animalesca del ejercicio se inscribiera en la cotidianeidad práctica.

Por otra parte, el recurso a animales míticos provistos de cargas simbólicas más relacionadas con las profundidades del inconsciente hubiera sido harina de otro costal. Tratar con dragones, en caso de interiorizar psíquicamente sus cualidades simbólicas en un estado de conciencia modificada por la práctica psicofísica, o estado de qigong, hace necesaria la presencia de un especialista en estados modificados de la consciencia, experto en viajes chamánicos y en el trato con material subconsciente que requiere habérselas con algo muy distinto a lo que resulta de la práctica popular de la gimnasia. Los procesos catárticos no deben afrontarse en solitario. (Esta es, por cierto, una prevención que resulta muy válida aún hoy para nosotros). Aunque no figuren en los repertorios zoológicos, los dragones son muy reales, puesto que la creencia de que sólo es real aquello que posee un cuerpo material diferenciado de otros cuerpos es una idea occidental más bien limitativa y empobrecedora. Hua To debió ser, pues, conocedor del alcance del potencial míticosimbólico en acción de los animales de poder. Pero además, al tratar de dar forma a esa práctica de integración psicofísica popular y autónoma, debió de intuir un modo igualmente práctico de conducir su método hacia efectos de integración psicológica. Hua To no echó mano de animales de poder fantásticos, inductores de procesos de catarsis psíquica, sino de animales “reales” identificables en la vida cotidiana, portadores  de valores morales a desarrollar por los practicantes. La autoridad de la práctica y la eficacia inherente surgían, así, de la tangibilidad de las virtudes que los cinco animales seguían representando en el imaginario popular.

5. Una norma olvidada en la mirada moderna a los yogas: no hay integración psicofísica sin evolución moral y ética

En las aproximaciones que desde occidente se hacen a las prácticas de integración psicofísica nacidas en oriente existe una omisión esencial. La omisión es lógica, teniendo en cuenta el escarmiento que la sociedad desencantada se ha llevado de las teologías defensivas y de las utopías sociales. En la búsqueda de nuevas perspectivas existe un rechazo de los viejos sistemas morales, tanto por hipócritas como por inoperantes. El buscador de hoy no puede dejar de ser un ciudadano hijo de la modernidad y de la ilustración, educado en la autonomía del indivíduo, que lo último que desea es ser objeto de nuevas regulaciones morales y normativas vitales.

Existe una aspiración a obtener prácticas “en estado puro”, desprovistas de una normativa ética y moral, pues el moderno indivíduo autónomo desea, legítimamente, hallar en su fuero interno la fuente de una nueva ética, viva, existencial y práctica, que no se remita a “lo dicho por otros” sino que sea fruto de su búsqueda personal.

Esa posición no sólo es lógica sino necesaria. Pero conviene no olvidar que las prácticas integrativas orientales vienen dadas con un contenido ético y moral que les es inseparable. No fruto de una normativa establecida por un dogma previo sino como resultado de una “ley” inherente a su propio funcionamiento: no puede existir una integración psicofísica válida y real sin que se produzca, al mismo tiempo y como consecuencia de la práctica, una transformación personal en el plano moral y ético.

Cuando más popularizado se halla el yoga en occidente, más se olvidan las dos ramas fundamentales de su práctica codificada por Patañjali: yama y niyama, es decir, observancias morales personales y comportamientos éticos sociales. No violencia, veracidad, limpieza de intención, no apropiación de lo ajeno, moderación, son elementos de práctica no sólo no menos importantes que las prácticas posturales, respiratorias y energéticas, sino su base fundamental y su consecuencia al mismo tiempo. Del mismo modo subyace a toda práctica marcial el código de la lucha caballeresca, que pasa por el respeto al adversario, la prioridad de la defensa y la ausencia de crueldad y agresividad innecesaria. La “sombra” con la que lucha el “boxeador de las sombras” (como se ha calificado al practicante de taijiquan) no es otra que la sombra de los aspectos de su propia personalidad que no han sido aún
purificados por su práctica.

Los animales de poder chamánicos que resultan de alcance universal a todas las culturas ancestrales e indígenas tienen igualmente una característica común, primordial al mismo tiempo que sus cualidades regeneradoras, inspiradoras y curativas. En realidad, tales cualidades son inseparables de esa característica: cada animal representa una virtud, patente y realizable en el mundo humano.El animal mítico representa una cualidad moral, un logro virtuoso y una capacidad ética práctica que el ser humano puede y debe absorber e incorporar a su vida cotidiana, en su recorrido personal y en su vida social.

Una revisión de las cualidades morales atribuídas a los animales míticos, en las culturas más diversas, arroja resultados sorprendentes por lo similares que resultan. Hemos echado un vistazo a las cualidades que se les atribuyen entre pueblos indígenas americanos, civilizaciones asiáticas e incluso reminiscencias fabulosas existentes en relatos literarios occidentales, y por supuesto, en la antigüedad clásica griega y romana. Y podemos perfilar algunas cualidades morales que pueden ser inherentes a los cinco animales del Wuxingqi.

Por supuesto, y siempre dentro de nuestra hipótesis de trabajo y perspectiva, no pretendemos que Hua To eligiera sus cinco animales a partir de descripciones semejantes a las de los atributos que vamos a señalar asociados a ellos. Pero sí que, de esa descripción, resulta un esquema coherente, que apunta a la dimensión moral y ética del juego de los cinco animales como práctica de la virtud humana inspirada por las cualidades de los animales de poder.

Nos parece irrelevante que esa pueda haber sido tarea de Hua To; en cambio, nosotros, ciudadanos de la sociedad des-encantada, precisamos, como los contemporáneos del médico genial, de una inspiración que nos haga “revivir” con su práctica. En el occidente postmoderno y postilustrado del siglo XXI, esa inspiración nos viene traída por nuestra propia tradición de sabiduría perenne: el simbolismo creativo.

El porqué de esa posibilidad y esa necesidad nos lo sugiere otra antropóloga y pedagoga social contemporánea, la norteamericana de origen vasco Ángeles Arrien (14).

Ángeles Arrien, como Michael Harner, ha transcurrido de la investigación de los pueblos tradicionales hasta la pedagogía terapéutica con arquetipos ancestrales aplicada a ciudadanos modernos. Ha percibido con claridad la riqueza fundamental de la sabiduría de los pueblos tradicionales comparando sus estudios entre nativos norteamericanos con el ejemplo de su padre, uno de tantos pastores vascos emigrados a Estados Unidos. Ambos han sido para ella ejemplo de la ligazón íntima existente entre la fidelidad a unas raíces ancestrales y una cualidad de integridad personal fuera de lo común en las sociedades desencantadas.

“Nuestra sociedad, como tantas otras sociedades occidentales, está alienada de sus raíces mitológicas”, dice Arrien. “Este proceso de alienación puede ser aliviado reaprendiendo los modos de nuestros ancestros. Esa renovación requere un regreso a la fuente básica en la cual todos los mitos personales y culturales están forjados: la psique humana. No importa en qué mundo vivamos ahora: todos somos pueblos de la Tierra, interconectados por nuestra mutua humanidad. Cuando escuchamos a los pueblos apegados a la tierra, escuchamos a nuestro ser más antiguo. Las culturas indígenas apoyan el cambio y la curación, la transición y los ritos de paso, a través de estructuras míticas u de la incorporación a la vida cotidiana del arte, la ciencia, la música, el ritual y el drama. Cada cultura del mundo dispone de cantos, danzas y relatos, y son prácticas a las que todos tenemos acceso. Tenemos igualmente acceso a nuestros cuatro arquetipos internos, o huellas imborrables del comportamiento humano, que se encuentran presentes en la estructura mítica de las sociedades a través de todo el mundo”.

El método pedagógico chamánico de Ángeles Arrien se conoce como El Camino Cuadruple, y se refiere a los arquetipos del guerrero, el maestro, el sanador y el visionario. Cada uno de estos arquetipos fundamentales lleva pareja una actitud básica: poder, liderazgo y presencia; conexión con el corazón y el sentido; conexión con la naturaleza y visión de las cosas como son sin juzgarlas; implicación en las propias tareas sin apego al resultado.

Tanto en el método de Ángeles Arrien como en el de Michael Harner hallamos, de manera destacada, algo esencial en la práctica chamánica ancestral: la combinación de trabajo postural, apertura energética e inspiración míticoarquetípica. Con una y con otro, el antiguo chamanismo cobra nueva vida entre nosotros, de modo que lo devolvemos, de los anaqueles de las bibliotecas y las salas de los museos, a nuestra vida cotidiana. Los cinco animales del doctor Hua To producen esas transformaciones en las esferas psicofísicas. Si es así, cómo no iban a producirlas igualmente en esa dimensión olvidada de los procesos de evolución y cambio: la dimensión moral y ética. Pero de una ética práctica, realizable en las vidas reales de las gentes concretas aquí y en nuestro tiempo.

6. Las cinco lecciones de vida fundamentales y las actitudes arquetípicas de la existencia humana

Los cinco animales y sus cualidades míticoarquetípicas pueden, pues, servirnos de inspiración profunda para abordar ese proceso de cambio hacia una ética práctica. Veamos cuáles pueden ser esas cualidades y cómo pueden articularse en un todo coherente.

Hay que tener muy en cuenta que, en la perspectiva que vamos a dibujar, no pretendemos hacer “decir” al Juego de los Cinco Animales lo que no quiere ni puede manifestar, ni tampoco deformar una práctica perfectamente codificada en su plena validez. Pero sí que podemos abrir un resquicio a una nueva mirada, poética si se quiere, a los cinco animales de Hua To en busca de un poco de encanto y de ética práctica en la vida cotidiana.

En la descripción que hacemos de las cualidades arquetípicas de los cinco animales nos basamos en las sorprendentes similitudes que encontramos en las culturas indígenas norteamericanas, mongolas y siberianas y en las simbologías surgidas de la cultura clásica grecorromana, el renacimiento europeo y el simbolismo alquímico y esotérico occidental.

Deben entenderse como sugerencias arquetípicas y simbólicas a desarrollar por cada cual, a nivel privado y como inspiración suscitada por la práctica, aunque al margen de ella, para conectar de modo personal con unas “lecciones de vida” que nos abran horizontes hacia una ética práctica de la vida cotidiana.

EL TIGRE
o la fuerza de la supervivencia y la acción de conquista del medio

Dotado de gran fuerza y valor, el tigre acecha a su presa y cae sobre ella por sorpresa. Como todo felino, es un observador agudo que vive construyendo contínuamente estrategias. El cazador primitivo debe enfrentarse a él para sobrevivir, y al mismo tiempo admira sus cualidades de observación, constancia y contundencia. Las posturas de meditación en pie surgen de la experimentación del cazador-chamán primitivo que descubre en ellas un potencial de ampliación de la conciencia.

El tigre representa una ley: la vida comienza por el impulso vital. La necesidad de supervivencia y lucha. La asunción y desarrollo de la propia fuerza, la afirmación individual. Lo masculino, la fuerza. La capacidad agresiva de modificación del entorno. El desarrollo de las habilidades y la construcción de estrategias. El hombre es el único animal que utiliza armas. El arma primigenia es la piedra; el hombre es el único animal capaz de lanzar un arma a distancia: la compleja constitución anatómica que permite la bipedestación le da esa singular capacidad. Después de la piedra viene el punzón, que  hiere, desgarra y transforma la materia, como las garras y colmillos del tigre.

Palabras clave: impulso masculino, fuerza, habilidad, estrategia, capacidad de construcción técnica.

El tigre nos enseña: a asumir nuestra propia vida y a equilibrar las cualidades del liderazgo: poder, intención, fuerza física y gracia. La responsabilidad de responder ante cualquier circunstancia mediante el valor, que es la asunción de lo que uno verdaderamente es.

EL CIERVO
o la percepción profunda, la apertura del corazón, la empatía y la compasión

Hervíboro integral, el ciervo es considerado símbolo de la mansedumbre y la dulzura en todas las culturas. Su fino oído es capaz de percibir hasta el menor rumor que se produce en el bosque. Su dulzura es la conclusión de su belleza, gracia y agilidad. Su cornamenta es considerada símbolo de renovación constante: la mirada del ciervo descubre todo lo relevante en el entorno, y los antiguos le atribuían el conocimiento de las plantas medicinales. En el cristianismo de la antigüedad y la alta edad media, el ciervo aparece en visiones asociado a la cruz, en una cristofanía en la que representa las cualidades de la pureza de corazón.

La ley que representa el ciervo es que el impulso agresivo no es el único modo de vivir. Nuestras incursiones en los entornos vitales necesitan de la empatía. La percepción del entorno y de los otros no sirve sólo para nuestro propio provecho y beneficio. El impulso agresivo masculino precisa de la percepción y empatía femeninas para crear una vida digna de ser vivida.

Palabras clave: percepción, empatía, suavidad, apertura de corazón.

El ciervo nos enseña: el imperativo ético de no dañar. El equilibrio de las propias cualidades del liderazgo se transforma así de agresividad en cooperación.

La relación simbólica que asocia su cornamenta al árbol de la vida hace de él un símbolo de renovación y de capacidad de elevación, fruto de la creatividad. La apertura de corazón y la capacidad empática fomentan la creatividad humana, y con ello, nos eleva y nos hace transformarnos y progresar.

EL OSO
o la sabiduría práctica enraizada en la tierra y la introspección meditativa

El oso es una criatura dotada de gran fuerza, que el ser humano ha deseado adquirir. Por eso, en Europa desde antiguo ha dado orígen a un nombre propio, Bernardo, o bern-hardt, oso fuerte, en alemán. Además de fuerte, es también hábil, tanto para cazar truchas a mano, con buena vista y tino, como para descubrir la miel escondida en los panales ocultos en los árboles. El oso posee el don de la sabiduría práctica y del goce de la vida, como rascarse la espalda en un árbol, y su caminar plantígrado le hace estar bien enraizado en la tierra, lo que no le impide trepar en busca de una presa elusiva.

Pero además de todo ello, el oso es un animal que inverna, y es por tanto capaz de retirarse al fondo de una cueva y dormir una buena temporada. Durante el invierno, cuando la Reina del Hielo domina la tierra, el oso entra en la cueva para digerir las experiencias del año. Ningún otro mamífero realiza esa función, y por eso representa la capacidad de introspección.

Por ese motivo el oso está asociado a la introspección meditativa, al mundo de los sueños y a la capacidad de trascendencia: trascender la ilusión de la realidad física para acceder a la expansión de la eternidad.

El poder del oso es entrar en la Cabaña de los Sueños para hallar caminos alternativos para nuestros objetivos. Pero ese gran poder sólo puede ser ejercido a partir de una gran capacidad de enraizamiento.

Palabras clave: enraizamiento, realismo práctico, prudencia, tino, autodominio, introspección, digestión de las experiencias, abandono al sueño visionario, trascendencia.

La lección del oso es: para llevar una vida significativa no basta con conquistar nuestros objetivos y asumir la vida social. Estamos llamados a descubrir la trascendencia a través de la introspección meditativa y con ella, armonizarnos con el mundo de los sueños que representan a nuestro inconsciente. Pero es condición para la transformación meditativa trascendente estar dotado de raíz, realismo y sabiduría práctica. Si no, corremos el riesgo que resultó fatal para Ícaro: que nuestras alas artificiales de cera se derritan al contacto con la luz. Oso fue más sabio que él, y tomó un camino más prudente, al desconfiar de la luz cegadora y optar por el vacío como el sabio taoísta o el meditador ch’an.

EL MONO
o la habilidad puesta al servicio del compromiso y la fidelidad

Si los cinco animales de Hua To se caracterizan por sus peculiaridades características, el mono ostenta una bien singular: los primates son los únicos animales dotados de manos con cinco dedos. Ello le confiere una habilidad y capacidad técnica muy particulares, que unidas a su mente curiosa e inquisitiva, le hacen especialmente apto para el aprendizaje mediante la imitación.

Los experimentos científicos destinados a enseñar a los monos la lengua de signos que utilizan los sordos (en Estados Unidos, mediante el estándard lingüístico correspondiente, el Ameslán, o American Sign Language) han resultado sorprendentes pues revelan una capacidad de comunicación con el ser humano totalmente insólita en el reino animal, ya que se trata de una capacidad lingüístico-simbólica. Más recientes son los experimentos realizados con su capacidad de cálculo, que denotan habilidades aritméticas propias de las criaturas humanas de cinco o seis años de edad.

En occidente, el mono ha recibido escaso tratamiento simbólico, probablemente a causa de un prejuicio: considerarle una pobre imitación del hombre. De este modo ha sido reducido a atracción de feria, tanto en circos como en zoos e incluso de la mano de músicos callejeros. (En la playa valenciana de la Malvarrosa uno de los restaurantes paelleros más famosos es El Monkili, puesto que en aquel lugar, a principios del siglo XX, un vagabundo francés tocaba el acordeón mientras hacía bailar a un mono, y él tarareaba “et tout le monde qui rit”. El nombre de la instalación hostelera es, así, una reminiscencia de la inveterada burla hacia el animal).

Sin embargo, dos grandes leyendas orientales, de profundo contenido filosófico y religioso, hacen del mono un compañero ideal del hombre. En India, Hanuman, elevado a la categoría de dios a causa de su papel de ayudante de Rama, héroe y dios protagonista del poema épico del Ramayana. Hanuman es ejemplo de fidelidad, perseverancia y sacrificio en aras de un interés superior. Pone sus grandes habilidades al servicio de una Causa, y arriesga su vida por ella hasta que la victoria final debe gran parte de su éxito a su papel. Hanuman es considerado hoy día como modelo y ejemplo del correcto modo humano de vivir.

En China, la narración mítica matriz en este sentido es la leyenda del Rey Mono, de la que surge Song-Gukuo (que reencontramos en la serie anime Bola de Dragón como Songoku) es un simio que realiza el mismo papel, hasta erigirse en símbolo del Guerrero Iluminado (Mao Zedong, durante la Larga Marcha que culminó con la victoria del Ejército Popular Rojo en 1949, lo propuso como ejemplo del soldado militante comunista).

Es curioso que el despreciado payaso animal en occidente sea en oriente arquetipo de las virtudes de la caballería. Nos salva que el gran Edgar Rice Burroughs (15) recuperara la familiaridad entre simios y hombres con la historia de Tarzán de los monos. Tarzán, es decir, Lord Greystoke, John Clayton III, nunca renunció a Kala, su madre adoptiva simia en la selva, y encarnado en el cine por Christopher Lambert, llora amargamente ante el cadáver del mono abatido a tiros por la policía en Hyde Park, exclamando: “¡Es mi padre!”. La comunidad de monos ejerce aquí colectivamente el papel nutricio del  arquetipo, como lo hicieron, en el caso de Mowgli, Akela (lobo), Bagheera (pantera) y Baloo (oso). El Mono salva al indefenso hijo de los Clayton rescatado del naufragio y hace de él un hombre.

La capacidad de aprendizaje del mono le acerca a lo humano, con quien comparte capacidad tecnológica y lingüística. La instrucción confiere serenidad y equilibrio, pero no existe aprendizaje sin método y por tanto compromiso.

La lección del mono es: la vida de uno debe estar puesta al servicio de un ideal superior y debe ser la expresión de un compromiso, sin importar el sacrificio. Del mismo modo que la fuerza e ímpetu del tigre deben expresarse en la empatía dentro de la vida colectiva y social, la trascendencia a que nos abre el oso debe materializarse en un compromiso al que rendir fidelidad. Nuestras habilidades de nada valen sin perseverancia, sacrificio y compromiso.

LA GRULLA
o la transformación final que nos eleva y une la visión del Cielo con las tareas de la Tierra

El vuelo de las aves ha seducido al ser humano desde los más remotos tiempos, y su arquetipo le ha impulsado hasta desarrollar la aeronáutica y la astronáutica. Muchos reinos han adoptado al águila como tótem fundador, desde los antiguos enclaves balcánicos creados como naciones en lucha contra tártaros y mongoles (Albania o Skiperia, es decir, patria de las Aguilas) o pirenaicos (la Arrano Beltza o águila negra, símbolo primigenio de Euskalherria y emblema del rey Sancho II el Fuerte de Navarra).

El vuelo del ave simboliza la visión elevada, la capacidad de ver más y más lejos, de alzarse por encima de lo “terrestre”, una transformación total desde lo terrenal material hasta lo aéreo etéreo. El ave es portadora de buenas noticias, tanto en el monte Ararat como en Belén, y las alas son símbolo de fortuna; Hermes, mensajero de los dioses, es el de los pies alados. Lucir escarapelas aladas en los uniformes militares es símbolo de honores y reconocimiento.

Todos los símbolos de aves apuntan a la sabiduría y a la culminación del proceso de individuación y espiritualización. La lechuza de Atenea representa la inspiración y la percepción de lo oculto; Fénix renace de sus cenizas al final de un ciclo que concluye en la purificación por el fuego (consecuencia del empeño y sacrificio que el mono nos enseña). La grulla china es un trasunto de la ley del Cielo, a la que debe apuntar la transmutación final. Tocarse con plumas indica que uno ha surgido vencedor de la ordalía suprema.

El ave espiritual nos muestra dos caminos de heroismo, el de la vía externa del vuelo majestuoso y victorioso, fundador de naciones, y el de la vía interna del sacrificio altruísta. En el grado 18 del masónico Rito Escocés Antiguo y Aceptado, correspondiente al Caballero Rosacruz, el símbolo central es el del pelícano, que con su pico arranca trozos de su propia carne para alimentar a sus crías, carne que se renueva constantemente gracias al poder de la Gran Compasión: es el Fénix abnegado. Uno y otro camino son el mismo.

El ave transforma lo instintivo y transmuta la angustia por la supervivencia en optimismo sereno. Solamente la fe nos permite elevarnos, pues, como dijo Gilbert Keith Chesterton, “los ángeles son capaces de volar porque son se toman a sí mismos muy a la ligera”.

La lección de la grulla es: nuestro recorrido por la vida aspira a la máxima elevación, al conocimiento de lo Alto; debemos alzar nuestra mirada al Cielo para, al conocer su Ley, transmutar nuestras aspiraciones terrestres en inspiración y acción fructífera. El ave simboliza que pertenecemos a lo Alto pero que lo sublime está al servicio de quien desde abajo reclama los frutos celestes.

Ahora dominamos la fuerza, la destreza, la compasión, la meditación y el compromiso. Ahora podemos transmutar la Piedra, arma primigenia, en Flecha, que se proyecta hacia el infinito gobernada por sus aletas hechas de pluma de ave. La flecha es el instrumento de Quirón, el sanador herido, centauro que enseña al ser humano las artes de la curación mediante la asunción de las propias insuficiencias y la aceptación del dolor. La flecha nos indica que los practicantes de las disciplinas pedagógicas terapéuticas debemos aceptar el arquetipo de Quirón. Pero, como dijo otro sabio, Rudyard Kipling, “esa es ya otra historia”.

7. Conclusión: razón de la visión simbólica

“¿Cómo podría mantenerse una leyenda y perpetuarse si cada generación no tuviera ‘razones íntimas’ para creer? La significación simbolista de un fenómeno tiene a facilitar la explcación de esas razones misteriosas, porque liga lo instrumental a lo espiritual, lo humano a lo cósmico, lo casual a lo causal, lo desordenado a lo ordenado; porque justifica un vocablo como universo, que sin esa integración superior carecería de sentido, desmembrado en pluralismo caótico, y porque recuerda en todo lo trascendente”. (17).

El simbolo alude a una realidad que queda fuera de nuestro alcance en lo inmediato, y abre en nuestra mente posibilidades de contacto con ella. El símbolo es un puente de comunicación entre las realidades internas y externas, que supera las barreras del tiempo y el espacio. Ese puente de comunicación es una matriz creadora de realidades que son capaces de cobrar sentido una y otra vez, ahora y aquí, de manera siempre renovada y re-generada. El símbolo, fragua del conocimiento humano, hace que la palabra poesía recupere nuevamente su significado y valor: creación Así, por medio de su significación simbólica, los cinco animales del doctor Hua To cobran nueva vida y acuden en nuestro auxilio con su poderosa medicina que confiere sentido, encanto y esperanza a nuestras vidas.

Bibliografía y notas

(1) Chang, K.C. 1999. Collected Treatises on Chinese Archaeology, Zhongguo kaoguxue lunwenji . Beijing: Shenghuo Dushu Xinzhi Press.
(2) Despeux, Catherine. 1989. “Gymnastics: The Ancient Tradition” in Livia Kohn ed. Taoist Meditation and Longevity Techniques. Ann Arbor: Center For Chinese Studies, The University of Michigan.
(3) Elíade, Mircea. 1989. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis.México: Fondo de Cultura Económica.
(4) Levi-Strauss. 1955. Tristes tropiques. Paris: Librairie Plon.
(5) Malinowski, Bronislaw. 1995. Los argonautas del Pacífico occidental. Barcelona: Península.
(Primera edición, 1922).
(6) Mead, Margaret. 1990. Adolescencia, sexo y cultura en Samoa. Barcelona: Paidós. (Primera
edición, 1928).
(7) Watzlawick, Paul.1981. Teoría [Pragmática] de la comunicación humana (con Janet Beavin y Don Jackson). Barcelona: Herder.
(8) Perls, Fritz .1976. El enfoque gestáltico. Santiago de Chile: Cuatro Vientos.
(9) Bandler, Richard, y Grinder, John. 1975. La estructura de la magia. Santiago de Chile:Cuatro Vientos.
(10) Castaneda, Carlos. 1974. Las enseñanzas de don Juan. México: Fondo de Cultura Económica.
(11) Gordon Wasson, Robert. 1974. María Sabina and her mazatec mushroom velada. New York: Harcourt Brace Ivanovich..
(12) Harner, Michael. 1987. La senda del chamán. Navacerrada (Madrid): Swan.
(13) Leonelli, Núria. 2006. Los cinco animales del dr. Hua To y las cinco esferas emocionales, físicas y mentales. En revista Tai chi chuan, nº 10. Madrid: Luis Soldevila Ribelles.
(14) Arrien, Angeles. 1992. The four-fold way. Walking the paths of the warrior, teacher, healer and visionary. San Francisco: Harper.
(15) Rice Burroughs, Edgar. 1912. Tarzan of the Apes. A romance of the jungle. All-story magazin. New York.
(16) Kipling, Rudyard. 1894. The jungle book. London: Macmillan.
(17) Cirlot, Juan-Eduardo. 1982. Diccionario de símbolos. Barcelona: Labor.

Ilustración: la grulla, ejecutada por Núria Leonelli.

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