Educació

Las herramientas no son útiles

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Por GABRIEL JARABA

Este texto forma parte del libro Ideas para aprender a aprender. Manual de innovación educativa y tecnológica. José Manuel Perez Tornero y Santiago Tejedor, eds. Ed. UOC, Barcelona 2016

Ver una amplia descripción de los contenidos de este volumen.

 

“Sea cual sea tu edad, crianza o educación, aquello de que estás hecho es principalmente capacidad no empleada”. George Leonard

“¿Cómo que no son útiles, caballero? Si es con las herramientas como conseguimos hacer cosas y obtener resultados. Necesitamos más y mejores herramientas en el aula en un momento en que la educación se enfrenta a unas tareas ingentes, en un mundo cambiante, polarizado en torno a las industrias de la comunicación, donde debemos lograr que los alumnos se desarrollen en nuevos escenarios presididos por la tecnología”.

Pues no, las herramientas no son útiles, y menos en educación. Quiero decir que una herramienta no es un mero instrumento, algo que nos es útil para la consecución de un fin o la configuración de un producto. La máxima confusión entre el concepto de herramienta y el de utilidad se da en la lengua francesa, en la que “herramienta” se dice “outil”. Cuanto más avanza la tecnología y la ciencia, más desconfío de lo que me parece una tendencia a reducir al ser humano a la “unidimensionalidad” de la que hablaba Herbert Marcuse, en clave de un utilitarismo al que se le demandan soluciones inmediatas y simples.

El criterio utilitarista se extiende a medida que la sociedad se hace más compleja y la gente se inquieta por que las fórmulas otrora eficaces y de sobras conocidas se revelan inoperantes. Y mediante esa perplejidad se introduce en la educación un sesgo que trata de inclinar los contenidos y orientaciones de los programas hacia todo lo que supuestamente propicie respuestas eficaces.

La “sociedad del riesgo”, teorizada por Ulrich Bech, es asimismo sociedad de la incertidumbre. Los cambios son de tal alcance y se producen con tanta rapidez que esa incertidumbre se vuelve insoportable. Las transformaciones y las disrupciones producidas por ellas hallan en el mundo de la educación una especie de pararrayos en el que convergen todas las tensiones. Tales tensiones crean una profunda desorientación en las personas más conscientes e inquietas por lo que está en juego en el campo educativo. Todo cambia y lo hasta el momento establecido no parece ser más propicio para que los educadores lleven a cabo su tarea. Surge entonces todo tipo de interrogantes sobre las herramientas educativas más adecuadas para afrontar estos nuevos tiempos y cambios.

¿Cómo dotarse, entonces, de herramientas eficaces para llevar a cabo la labor educativa? Las herramientas existen ciertamente, y son, por supuesto, necesarias. Pero una herramienta no es un útil sino una mediación. Una herramienta en manos de un educador no es una palanca para desplazar un peso que cuesta de mover sino una ventana que abre camino a nuevos espacios en los que vivir distinto y mejor.

Si es una mediación, una herramienta no es un fin. No mejoraremos la calidad de la educación mediante la agrupación de un número determinado de herramientas dotadas de una cualidad concreta. No es la herramienta la que hace la labor sino el modo en que se emplea, que depende de la habilidad de quien la empuña. Y en el caso del educador tal habilidad no es mera competencia técnica y profesional sino algo de mayor enjundia: su calidad personal, el alcance de su valor como ser humano expresado en su presencia impecable.

En educación no son las herramientas las que consiguen promover cambios sino los educadores que marcan una diferencia: aquí es el médico quien es la propia medicina. Una herramienta educativa en tanto que mediación, no es más que un camino que nos conduce a un lugar. ¿A qué lugar? No tanto al de la adquisición de una habilidad o el desarrollo de una competencia sino a uno mucho más valioso: al punto donde se produce la emergencia de capacidades no empleadas, la apertura a nuevas realidades, el atisbo de que es posible vivir mejor en un mundo distinto y de que lo que llamamos destino está en nuestras manos. Si pudiéramos llamar al destino “realización” entonces estaríamos poniendo ante nuestros alumnos un horizonte llamado libertad y las herramientas serían caminos iniciales posibles que les llevaran a emprender la ruta.

Vista la cuestión de este modo, las herramientas, en tanto que técnicas, estrategias o formas de conocimiento, son secundarias en su especialización concreta. Dada la gran cantidad de información disponible, lo relevante no es conocer tipos de herramientas, ni siquiera adquirir el adiestramiento correspondiente para utilizarlas. Es el propósito liberador a cuyo servicio deben ser puestas lo prioritario.

He aquí algunas líneas posibles para orientarse en la evaluación de una posible herramienta educativa que se pretenda aplicar:

  • ¿Concede protagonismo al alumno en la ejecución de las acciones que propone? ¿Hace de él un sujeto activo o un objeto pasivo? ¿Le introduce a la conciencia de “lo que haces te hace” mediante el “learning by doing” (aprender haciendo)?
  • ¿Demanda de él que ponga en juego simultáneamente varias de sus cualidades y habilidades? ¿Apunta al desarrollo de diversos aspectos de su ser y persona más que a la especialización estricta en una sola competencia?
  • ¿Le introduce a realidades, mundos, espacios, posibilidades que desconocía o que le resultan novedosos? ¿Son esos espacios ilusionantes para el alumno, suscitan en él motivación y deseo de acceder a esos mundos y a lo que representan para él?
  • ¿Una vez experimentada la mediación educativa, emerge de la acción habiendo superado alguna limitación, cambiado algo de su modo de hacer y ver las cosas?
  • ¿La mediación ha hecho aflorar una capacidad no empleada del alumno e incluso desconocida por él mismo o por sus educadores?

Estos cinco criterios de evaluación de las herramientas/mediaciones (que pueden ser más, y distintos) requieren la puesta en el centro de la cuestión la calidad personal del docente. Por eso decimos que en educación “el médico es la medicina”. No es, como se pretende en ciertas propuestas nuevas de reorganización de la educación, un mero orientador o coordinador de actividades. Es un catalizador y un agente de transformación –profunda y radical—de las existencias de los educandos.

Esa transformación solamente se produce mediante la presencia del educador y su concreción en una escucha activa y permanente. Para poder dar respuesta a los interrogantes más arriba propuestos, el docente debe ser capaz de percibir:

  • Las capacidades y potenciales latentes en el alumno que es posible hacer aflorar y actualizar.
  • Las actividades posibles que puedan facilitar ese proceso de actualización de acuerdo con las tendencias, apetencias ygustos personales del alumno.
  • Las limitaciones reales o imaginadas, autoimpuestas, por el alumno o por el entorno en el que vive y el mundo del que procede.
  • Las líneas de menor resistencia a atravesar en el proceso de actualización de potenciales.
  • Las experiencias de recompensa y nutrición que el ejercicio de mediación puede suscitar en el alumno.

 

Visto todo lo hasta ahora expuesto, es posible examinar y analizar con seguridad lo que pueden ofrecer las más diversas herramientas educativas disponibles.  Hay que tener en cuenta, en todo caso, que una mediación presupone siempre la existencia de unos lenguajes propios a través de los cuales la propia mediación se expresa y materializa. El educador se ve obligado a convertirse, entonces, en una especie de hermeneuta capaz de discernir la cualidad y pertinencia de cada mediación. Las dos listas de cinco puntos que hemos expuesto aquí, a título meramente orientativo, pueden ser caminos que nos aproximen al discernimiento necesario. Pero una vez determinada la mediación a utilizar, es necesario introducirse en el lenguaje que le es propio.

Una mediación comunicativa es necesariamente un artefacto lingüístico que en su expresión constituye un mundo propio, dibuja un ámbito en el que se da la experiencia humana. Si una herramienta no nos introduce a algo que sea expresión genuina de lo más centralmente humano no es tal mediación sino un mero útil que no se limita a ser un instrumento sino que a la vez nos instrumentaliza. Detrás de las técnicas con que se materialice una mediación que usemos como herramienta educativa reside un mundo y un lenguaje coherente con ese mundo. Y s a esa cualidad lingüística a la que hay que atender en el momento de discernir su pertinencia para la tarea educativa que nos propongamos emprender.

Una mediación educativa es en sí la expresión de un mundo, de unos valores y de una concepción del mundo. Su objetivo no es –únicamente—introducir a una habilidad o competencia sino iniciar a una dimensión de la vida humana a quienes se introducen en ella. De ahí el lugar cada vez más central que la alfabetización mediática y digital está ocupando en la promoción de nuevas mediaciones en las tareas educativas.

La naturaleza de la sociedad compleja y la expresión de la incertidumbre que en ella se suscita se expresa en toda una serie de narraciones superpuestas e interrelacionadas, vehiculadas principalmente por los medios de comunicación. Por esa razón, la alfabetización mediática, informativa y digital está llamada a ocupar un lugar central en las mediaciones educativas.

No se trata únicamente de contribuir a que los alumnos forjen un espíritu crítico ante los mensajes de los medios y de que se ejerciten en su interpretación y en el consumo adecuado de las distintas plataformas informativas (que no es poco). Lo que la alfabetización mediática nos proporciona es un marco de referencia en el que situar el descubrimiento de nuevas realidades posibles al que las mediaciones educativas han de conducir a los jóvenes. Del mismo modo que la geografía, la historia y la literatura han sido los agentes que han dibujado tales marcos de referencia hasta la actualidad, es la capacidad de situar a nuestros alumnos en la comprensión de lo que los medios significan y de las realidades complejas a las que apuntan.

Por si mismas, las tecnologías de la comunicación y educación no cambiarán nada. Lo que se precisa es la inteligencia humana puesta en acción decidida, la encarnación de esa inteligencia en la persona de un educador plenamente presente y la capacidad de discernimiento entre lenguajes y mediaciones, que apunten a la manifestación y actualización de la capacidad no empleada que constituye aquella parte de la persona que encierra, precisamente, su potencial de futuro.

 

Tres modos de utilizar las tecnologías de la comunicación para explicar historias

NARRACIÓN CREATIVA CON TWITTER

En contra de lo que dice la superstición popular, escribir de manera breve no es signo de pobreza de ideas sino la capacidad de síntesis que caracteriza la expresión madura de los conceptos. Usar Twitter para narrar una historia, frase a frase y paso a paso, es un medio excelente para aprender a escribir claro y concreto. Con Twitter podemos contar una historia, resumir un libro a asimilar o retransmitir una actividad en que participe la clase.

www.twitter.com

Wiki con recursos sobre Twitter: http://todotwitter.wikispaces.com

CONTAR HISTORIAS CON PODCASTS

Grabar una pieza de audio y difundirla mediante podcasts es un modo de fomentar la capacidad de expresión oral y de hacer que los más tímidos se atrevan a hablar en público… sin público delante. Podemos hacer “redacciones orales” en podcast que además pueden ir acompañadas de música o de sonidos de ambiente que antes habremos grabado de nuestro entorno cotidiano.

Programa sencillo para la edición de audio: http://audacity.uptodown.com/

Tutorial de Audacity:

http://www.jesusda.com/docs/ebooks/ebook_tutorial-edicion-de-sonido-con-audacity.pdf

Curso breve de podcast y su uso educativo:

http://www.edukanda.es/mediatecaweb/data/zip/1166/page_27.htm#

UN ALBUM DE VACACIONES CON PINTEREST

A todos nos gustan los álbumes de imágenes: cromos, tarjetas postales o fotografías. La red social de imágenes Pinterest nos permite crear nuestro propio tablero de ilustraciones, que se subdivide en diversos tableros temáticos, los que deseemos. Podemos crear un álbum con Pinterest para contar en imágenes como fueron nuestras vacaciones, para reflejar las actividades de nuestro grupo de amigos pero también para recopilar la historia de nuestra familia y su genealogía o para describir nuestro barrio, pueblo, ciudad o entorno inmediato. Las fotos pueden recogerse de la red o subirse desde la cámara o el ordenador.

www.pinterest.com

Videotutorial de Pinterest:

http://www.totemguard.com/aulatotem/2012/03/video-tutorial-de-pinterest-en-espanol/

Al ser las tres herramientas propuestas parte de la web social, tienen el interés de que el ejercicio educativo que cada alumno realiza con ella es compartido por el resto del grupo y de que la tarea puede ser emprendida de modo grupal. Con ello, los alumnos no (sólo) se ejercitan en habilidades tecnológicas sino que elaboran colectivamente lo concerniente a la expresión y estructuración del pensam

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