Educació

La humanidad entera tiene la obligación de ser una Sociedad del Aprendizaje

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La educación ya no es un aspecto más de la vida social sino, junto con la comunicación, el eje en torno al cual se articulan los cambios que se están produciendo en la “sociedad compleja” y las transformaciones profundas que se darán en breve. Lo que sigue son unas notas articuladas en torno a la  presentación del curso 2016 del Master Internacional en Comunicación y Educación que hizo su director, José Manuel Pérez Tornero. (Las frases entrecomilladas son suyas y lo que sigue, mis reflexiones).

“La humanidad entera tiene la obligación de ser una Sociedad del Aprendizaje”.

Una “sociedad de la información” o “sociedad de la comunicación”, así a secas, no tiene sentido alguno si lo que deseamos es que la humanidad progrese (suponiendo que deseemos el progreso de la humanidad). Solamente el aprendizaje como perspectiva del conjunto del género humano puede conducirnos a, por lo menos, que no es poco, el umbral de la supervivencia como especie. No el mero aprendizaje de competencias técnicas o habilidades profesionales sino la capacidad de interactuar con el medio –medio físico, medio social, medio cognitivo– para superar los retos que nos presentan los cambios que se dan en el medio. El hombre está sujeto a las leyes de la evolución, y la evolución se produce adaptándose al medio. El proceso adaptativo propio del ser humano es la cultura: la capacidad de dominar a la determinación natural y física por medio del conocimiento. Por tanto, o aprendes o desapareces.

“Tenemos que aprender a hacer; a hacer más, mejor y más rápido”.

Porque los cambios en el medio son más rápidos que en cualquier otra época anterior. El cambio climático se ha acelerado del mismo modo que la circulación de información disponible –y necesaria– es más rápida e intensa que nunca. Si seguimos el axioma de que “todo comunica, es imposible no comunicar” debemos decir que “todo el tiempo aprendemos, es imposible no aprender”. Sin embargo, los cambios rápidos e intensos que estamos viviendo han introducido una amplia gama de pseudoaprendizajes, que nos exigen adquirir pseudocompetencias y generan pseudoconocimiento. Esos pseudoaprendizajes se centran en las nuevas formas de entretenimiento pero también invaden las profesiones y sobre todo, crean un peculiar cinturón de hierro en torno al conocimiento, la profesionalidad y la educación, que mantienen fuera de ellos a importantes segmentos de las nuevas generaciones mediante una descomunal maniobra de distracción que les hace creer que se implican en algo relevante cuando no hacen más que girar en círculos. Así se mantienen y profundizan las desigualdades entre clases y se perpetúa el sistema de dominación.

“Es necesario caminar hacia una nueva gobernabilidad mundial y para ello es necesario que haya más escuelas. Faltan escuelas para la gente pobre, escuelas de élite las hay en todos los países. Y las que hay en los países pobres son sucedáneos. Las escuelas de los países pobres deben ser asequibles, incluso geográficamente, y deben acabar con el abandono escolar real; simplemente hay países que no escolarizan”.

Luchar contra la desigualdad de recursos cognitivos es prioritario en la lucha general contra todas las desigualdades económicas, de derechos y de género. La escuela no es un derecho más sino el pedestal imprescindible para que el resto de derechos pueda materializarse y las desigualdades generales reducirse o ser eliminadas. Sin igualdad en derechos cognitivos no hay igualdad social, pero tampoco fraternidad ni libertad: el ignorante no es libre y no puede serlo. Hoy día la ignorancia es inducida, y lo es de manera estructural a través de un sistema de opresión.

“En los países desarrollados las escuelas deben servir para el mundo, deben ser positivas y capaces de socializar a los alumnos en ese mundo que cambia con rapidez. No hay innovación sin tecnología, pero necesitamos sobre todo una tecnología crítica”.

Una vez oí decir a Joan Majó, cuando era ministro de industria, en una intervención ante un auditorio de profesionales de la televisión, que “la escuela forma personas para una sociedad que ya no existe”. Consciente de ello, un sector de la escuela cree superar ese desequilibrio poniendo el acento en laformación tecnológica y otro sector piensa que  es necesario ponerlo en la potenciación de las facultades cognitivas, creativas y la inteligencia emocional. Todos están en lo cierto, pero mientras tanto, el sistema que fomenta las desigualdades para perpetuar la dominación sigue su camino: con un pragmatismo tan contundente como cínico, mantiene en la confusión a profesores, padres y alumnos retocando, cambiando y trastocando planes de estudios sin criterio alguno, de modo que solamente sobrevivan al caos los más dispuestos a enrolarse en formas de instrucción superior orientadas a laformación ce capitanes de empresa o ejecutores de su gestión. El sistema escolar de los países desarrollados, que aparentemente cumple con la tarea de formar integralmente a los ciudadanos, fomenta tanto o más la desigualdadque el de los subdesarrollados.

Y sin embargo, no hay marcha atrás en el camino de la tecnología. Las gravesdesigualdades de nuestro país motivadas por la falta de formación han resurgido con el hundimiento de la construcción y los riesgos evidentes de nuestra economía de baja productividad. Pero necesitamos una tecnología crítica, es decir, una competencia tecnológica capaz de cuestionar las lógicas meramente instrumentales de la tecnología y los fines a los que pretenden servir. Una nueva constitución de las personas de conocimiento basada en las humanidades, concebidas estas no ya como el conocimiento de un repositorio de saberes de otros tiempos sino de un cuerpo de formaciones y reflexiones que permita ser capaz de conferir sentido a las acciones humanas, a considerar sus consecuencias y valorar juiciosamente sus motivaciones.  Solamente así se puede escapar del círculo de hierro de los falsos aprendizajes basados en el entretenimiento alienante, de la confusión del caos escolar inducido deliberadamente y de la baja calidad de launiversidad empobrecida y burocratizada para hacer con ella lo que se está haciendo con la sanidad pública.

“Tenemos que enseñar a aprender a aprender. Debemos formar comunicadores multitarea que sean a la vez capaces de formar a la gente. Debemos conjurarnos en una tarea colectiva de aprendizaje que trabaje para una paz positiva y, a través de la interculturalidad, crear condiciones de entendimiento”.

Lo dijo el gran John Donne: “Ningún hombre es una isla” y las campanas están sonando ahora precisamente por nosotros. Se trata de una tarea descomunal de alcance mundial: combatir las desigualdades y la opresión mediante la educación, la formación y la promoción del pensamiento crítico a través de la comunicación y las oportunidades que ofrece para abrir caminos en medio de la interculturalidad. Ya no es asunto de maestritos, escuelitas o televisioncitas: se juega en esta partida el futuro de la humanidad misma.

Master Internacional en Comunicación y Educación

Inauguración del curso 2016 del master

Blog de José Manuel Pérez Tornero

Gabinete de Comunicación y Educación UAB

Media and Information Literacy and Intercultural Dialogue. Descarga del Anuario MILID en PDF (en inglés).

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