Transpersonal

Beneficios psicológicos del qigong

qigong otoño

Por GABRIEL JARABA

Este artículo fue publicado en la web del Instituto Qigong de Barcelona dentro del apartado Salud y Qigong, a modo de orientación para las personas que por primera vez se aproximan a esta práctica deportiva, higiénica, terapéutica y meditativa.

Percepción clara

Una sesión de qigong nos propone un modo de actuar distinto al de nuestras rutinas cotidianas. Es una propuesta para movernos, respirar y adoptar posturas que no son habituales para nosotros.  Pero no se trata de posturas forzadas, movimientos complicados o esquemas posturales extremos. Como se trata de una práctica inmediatamente asequible, el qigong aparece como un juego en el que se nos pide que empleemos nuestras capacidades funcionales y perceptivas de otro modo, pero atrayente y agradable.

Nos encontramos así practicando una actividad física, en la que hemos de atender a los movimientos y a su coordinación, al flujo de la respiración, a la ejecución correcta de las posturas, etc. Es un nuevo reto que nos hace “jugar en campo contrario”,  que al ser distinto de nuestra cotidianeidad obliga al conjunto de nuestras facultades perceptivas a desempeñarse en un entorno desconocido.

La capacidad adaptativa de la percepción desencadena así un proceso de cambio:  nueva exigencia implica nueva respuesta, y con ello, una adaptación más eficaz. Pues lo que entra en juego no es sólo la actividad física y el ejercicio de la respiración sino su coordinación con las facultades psicológicas relativas a la percepción, la atención y la concentración: el practicante debe ser consciente tanto de unas como de otras.

La práctica del qigong no es aleatoria o meramente intuitiva sino que se ciñe a un método: regular el cuerpo, regular la respiración y regular la mente. La secuencia de este proceso redunda en la ampliación y el afinamiento de nuestras facultades cognitivas, lo que nos aporta más información y de mayor calidad referente a nuestro estado psicofísico y de nuestro entorno y condiciones de vida en general: vivimos nuestra vida más atentos,  más despiertos y más motivados.

Atención

No hay  actividad humana que pueda ser practicada con eficiencia sin la adecuada atención, y de la calidad de esta dimana el provecho de la experiencia. Sin embargo, estamos acostumbrados a asociarla a obligaciones poco placenteras, con lo que identificamos diversión con dispersión y evitamos implicarnos en procesos que requieren el ejercicio de la atención.  La calidad recreativa del qigong nos permite superar este equívoco y crear un campo de juego adecuado para que nuestra atención se desarrolle.

En la vida cotidiana solemos  fragmentar nuestra atención o incluso dispersarla, con lo cual nunca obtenemos un alto rendimiento de esta facultad mental. En el qigong, en cambio, empleamos dos tipos de atención. Una atención dirigida a un objeto determinado en un momento dado –una correcta postura, por ejemplo—o una atención sostenida y continuada en un proceso: como el flujo de la respiración asociado a un movimiento lento y gradual de una parte del cuerpo o su conjunto.

La atención precisa, continuada y fluida es una fuente de salud psicológica,  experimentada durante siglos por todas las tradiciones meditativas, tanto las orientales (qigong, taijiquan, yoga) como las occidentales (oración contemplativa, lectio divina, práctica litúrgica). El paso de la atención breve, dispersa o fragmentada a la atención sostenida y dinámica es un avance psicológico de gran magnitud, y la puerta de entrada a espacios de vivencia de la madurez humana.  Mayor atención significa mayor eficiencia y mayor satisfacción de la experiencia, tanto en el ejercicio de las actividades externas y las relaciones como en la profundización en nuestra vida interior y en el modo como percibimos la vida y las cosas.

Concentración

La concentración es el mantenimiento de la atención en un solo punto. Existe una relación dinámica y dialéctica entre los procesos de la atención continuada y la concentración sostenida y profunda.

Hay relación directa entre la capacidad de concentración y la salud mental; un déficit de atención crónico forma parte de ciertos síndromes a los cuales la psicología clínica trata de poner remedio. Estamos mal acostumbrados a identificar la concentración con un tipo de esfuerzo que implica contracción e incomodidad.

La práctica del qigong, en cambio, nos abre la puerta a experimentar una concentración gradual y relajada  que viene favorecida por la atención dinámica y la coordinación entre cuerpo, respiración y mente. Una y otra se retroalimentan mutuamente, suscitando procesos de percepción profunda.

La concentración aporta autodominio y ejercicio de la voluntad, pero también puede favorecer la apertura a procesos de sanación de las emociones y las relaciones.  Una mayor concentración implica un alto equilibrio emocional, con el consiguiente despliegue de posibilidades de transformación y cambio en la conducta y mejoramiento del propio bienestar, de las relaciones y la comunicación.

Ecuanimidad

Equilibrio emocional es sinónimo de considerar las percepciones de modo ecuánime. Regular el cuerpo, regular la respiración y regular las emociones que experimenta nuestra mente nos introduce a una vivencia más fácil de momentos de ecuanimidad.

Esa ecuanimidad se vive con las emociones y con el cuerpo: los ejercicios de qigong fomentan el equilibrio y la armonía en lo postural y lo anatómico-funcional, y ese equilibrio se extiende a lo emocional y lo energético.

El qigong, con su cualidad de actividad somatopsíquica integral y terapéutica, nos propone un ejercicio agradable, inmediatamente satisfactorio y enriquecedor, y el equilibrio resultante hace que nos demos cuenta de que nuestra propia realidad corporal puede ser experimentada de otro modo. Nuestra persona física ya no es una carga que sobrellevar sino un medio a través del cual podemos expresarnos y vivir más plenamente.

Nos damos cuenta de pequeños cambios que se producen en la capacidad postural, funcional y respiratoria de nuestro cuerpo, y ellos se reflejan a su vez en nuestro estado emocional. La dinámica de la percepción, atención dinámica y concentración sostenida nos proporciona mayor calidad de vida puesto que con ella resolvemos tensiones, conflictos e insuficiencias: valoramos con mayor realismo nuestra situación y por tanto estamos en mejores condiciones para cambiar a mejor.

Conciencia profunda

Cuando la memoria depurada halla fácilmente el acceso a lo que en este mismo momento es mejor para nosotros o para la situación en que nos encontramos, responde inmediatamente a la exigencia y nos aporta una solución creativa. Ese tipo de eficiencia se llama intuición.

La intuición suele considerarse como fruto del azar pero es uno de los estados posibles de conciencia profunda, es decir, de un ejercicio integral de las facultades psicológicas que no actúa de manera fragmentada o limitada sino que aborda integralmente la situación en el que el ser humano se encuentra. En los últimos años ha hecho fortuna el concepto de “inteligencia emocional”, difundido por el psicólogo Daniel Goleman (a partir de su experiencia en Asia con los métodos de la conciencia y su traducción a un contexto psicológico) que es una capacidad derivada de esa integralidad, pero existen otras. Muchos deportistas de élite conocen las diversas manifestaciones que toma la intuición que se deriva de la integración entre cuerpo, mente, respiración y energía.

El famoso novelista japonés Haruki Murakami, autor de “Tokyo Blues”,  ha escrito sobre ello en “De qué hablo cuando hablo de correr” respecto a su experiencia como maratoniano.  Un ejemplo elemental de esa conciencia profunda es este: cuando debemos bajar unas escaleras a toda prisa, lo hacemos corriendo de manera fluida e ininterrumpida. Si contamos los escalones o pensamos en el mecanismo de la marcha, tropezamos.  En el fútbol, los goles memorables responden a esa misma intuición surgida de la conciencia profunda del instante. Es harto conocido el entrenamiento en meditación zen que en Japón siguen los tiradores de arco.

En la práctica del qigong podemos experimentar esos momentos de intuición, y además, favorecer que surjan otras manifestaciones más profundas de ella.  Como algún sabio ha dicho, “el fuego del movimiento de los músculos aviva la luz de la conciencia”. Una práctica continuada del qigong nos lleva a experimentar la relación que existe entre conciencia y energía, de manera empírica y directa. Esa “energía” que algunos consideran una entelequia está identificada por la medicina tradicional china –en cuyo marco teórico y práctico se da el qigong—y su circulación, cartografiada minuciosamente en la trama somatoenergética del ser humano.

La atención dinámica conduce al avivamiento de los procesos energéticos en el ser humano; la concentración en esos procesos pone en marcha el aumento y refinamiento de esa energía; es posible entonces que una circulación energética de mayor calidad y fluidez ejerza efectos en el continuo psicosomático. No sólo en lo fenomenológico sino en planos más profundos de refinamiento de la conciencia. Esa conciencia intuitiva que parece estar reservada a artistas, místicos y creadores, o bien experimentable de manera fortuita, puede ser accesible mediante una práctica metódica basada en la integración cuerpo-mente-energía.

Los beneficios psicológicos de la práctica del qigong nos aportan mayor eficiencia, bienestar, paz y salud. Este camino nos conduce no a la abstracción o al aislamiento sino al encuentro de la Humanidad.  El qigong nos ofrece una posibilidad de mejora y cambio que no es únicamente individual sino transpersonal y social, de acuerdo con otra frase sabia:  “Sé tú mismo el cambio que deseas ver realizado en el mundo” (Gandhi).

 

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