Comunicació i xarxa

2.0 y tecnopolítica: un coloquio sobre la democratización de la democracia mediante las redes sociales

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El jueves 18 de junio participé en el colloquio “2.0 i Tecnopolítica: ¿democratització de la democràcia?”, en el marco de la sèrie de debats Àgora que se celebran en el Musu d’Arqueologia de Catalunya, organizafos per la fundació l’Alternativa, una institución impulsada por Esquerra Unida i Alternativa que actúa como elemento de reflexión y dinamización de nuevos movimientos sociales y políticos. Compartí la palabra con Roger Palà, periodista y fundador de Crític; Facu Diaz, ciberactivista y director de Tuerka News; Jordi Delgado, profesor de Computación en la UPC: y Eva Balart, coordinadora de Comunicación de EUiA, además del público asistente que hizo sus aportaciones.

Ver el vídeo del coloquio.

Resumo algunas de las ideas que expuse a lo largo de la sesión.

La tecnopolítica no es algo nuevo de estos días; se remonta por lo menos a más de siglo y medio. Lenin dijo que “el comunismo es el socialismo más la electricidad” pero ya el telégrafo, a mediados del siglo XIX, ya fue la clave del ascenso de nuevos sujetos con nuevos valores. Fue la clave que permitió soñar con acciones sindicales coordinadas entre Francia e Inglaterra. La convocatoria en 1884 de la conferencia que daría pie a la Primera Internacional fue consecuencia directa del tendido del primer cable telegráfico bajo el canal de la Mancha.

De hecho, el capitalismo se convirtió en imperialismo mediante su extensión favorecida por las nuevas redes de comunicaciones: es el telégrafo nuevamente el que articula el flujo de información en el naciente imperio británico, con el tendido del cable entre Londres y Delhi. Pero la novedad de internet es que esta vez la información no es extendida sino distribuida en red y además circula en todas direcciones.

Al dicho de Lenin le faltaba, sin embargo, algo: más la electricidad y más el cine de Eisenstein. Lo que la tecnocomunicación vehicula no son meros impulsos electrónicos sino ideas. Internet no es una red de ordenadores sino de mentes. El origen materialista de los movimientos de izquierdas ha hecho pasar inadvertida una cuestión fundamental, que recupera y destaca Manuel Castells: las identidades.

Las izquierdas tienen un problema con la comunicación, y es que la consideran de un modo meramente instrumental. Pero la web 2.0 no permite operar del mismo modo que con los medios de masas: el concepto clave en ella es el de conversación. Ya no se trata de emitir mensajes que lleguen a un destinatario y hagan su “efecto” (si es que semejante cosa ha existido alguna vez). Ahora se trata de participar en conversaciones que confluyen en otras conversaciones y generan macroconversaciones. Y si es posible, generar esas conversaciones y mientras se está inmerso en ellas, ganarse una reputación.

Ello nos lleva a la cuestión central en comunicación política. La cuestión reside en establecer la agenda política e imponer la propia iniciativa en su ejecución. Las izquierdas vienen siendo incapaces de lograr esto desde que el Partido Popular tomó bien la medida a la situación y aupó a Aznar al gobierno imponiendo unas dinámicas de asalto al poder mediante un liderazgo incomparable en la imposición de la agenda política. Y lo han vuelto a hacer: el chusco episodio de un concejal del ayuntamiento de Madrid elegido por el nuevo movimiento Ahora Madrid a causa de un tuit intempestivo lo ha demostrado. Al día siguiente de la elección, la derecha lanza un asalto desde un punto no previsto por una concepción de la comunicación estática, tan estática que han ido pasando días y días después del episodio y el nuevo ayuntamiento de Manuela Carmena ha permanecido estólido comunicacionalmente: no han sabido hacer ni decir ni pío. Y eso que ese ha sido un éxito de unos movimientos sociales a los que se supone bregados en la nueva comunicación en red.

La nueva conversación en red propia de la web 2.0 pone en primer plano a los ciberactivistas junto a los activistas sociales. Se encuentran estos ante un frente múltiple: llevar adelante las luchas sociales, hacerlo insertos en una estrategia comunicacional deliberadamente elegida y sensatamente ejecutada, y defender la neutralidad de la red y la libre expresión al mismo tiempo que se extiende la tarea de alfabetización digital para ampliar el terreno de lucha comunicacional. Hay una diferencia fundamental en la concepción del activismo entre el nuevo movimiento tecnopolítico en red y los antiguos movimientos. Aquellos, cuando conseguían acceder a las instituciones, se quedaban a su puerta presionando para que los electos ejecutaran políticas públicas coherentes. Ahora es distinto: los activistas deben mantener y potenciar sus redes, articulándolas con las redes de sus representantes en las instituciones y con las propias de las mismas instituciones para impedir la reversibilidad de las reformas y tender cortafuegos y contraataques a las reacciones de los desplazados por la acción democrática.

La web 2.0 ha hecho realidad la promesa democrática de la ilustración: dar la palabra a todos y cada uno de los ciudadanos para aportarla a la construcción de la república. Internet es la imprenta del siglo XXI y la web 2.0 ha sido su Lutero, que ha dado acceso potencial a todos al texto fundacional. Las redes sociales han extendido la conversación incluso hasta los sectores menos formados para hacer uso sensato de la palabra, pero la democracia era eso: un hombre, un voto. Por lo tanto, una persona y su derecho a intervenir, por Facebook, Twitter y lo que sea, diciendo lo que sea. Esa es la grandeza de la palabra democrática, que no puede restringírsele a nadie.

Algunos se horrorizan de lo que muestra esa democratización de la palabra aportada por la web 2.0 y se lamentan del “ruido”: la realidad era eso y la gente es así. O se les concede la palabra y por tanto el voto a todos o no se le da a nadie. Ese error de perspectiva ha venido dado por una falsa visión del humanismo creada por ciertos intelectuales orgánicos burgueses: una ágora restringida a los mejores, los capaces de apreciar el arte, de expresarse con propiedad y de elegir siempre acertadamente. La realidad no es así. Ya en las primeras décadas del siglo XX se percibió como “rebelión de las masas” lo que era su mero acto de presencia gracias a la comunicación, la cultura y la política democrática. Ahora tenemos ante nosotros la tarea de extender hasta el último rincón la alfabetización digital y mediática, que es asimismo una de las tareas prioritarias de la Unesco, en la perspectiva de fomentar una ciudadanía digital global.

Esta es la lucha: por un lado, extender la alfabetización digital  para fomentar una ciudadanía participativa y crítica; por otro, articular redes y movimientos sociales hasta las instituciones para lograr políticas transformadoras; igualmente, defender la neutralidad de la red, su control por los gobiernos y su apropiación por las corporaciones. Y hacerlo en el marco de una nueva cultura política que rebase tanto las lógicas de las élites y los aparatos como las concepciones y las formas propias de décadas anteriores. Democratizar la democracia es posible, y eso solamente puede hacerse mediante la web 2.0.

(Foto: Jordi Delgado, Gabriel Jaraba Eva Balart, Roger Palà, Facu Diaz).

Todo sobre alfabetización mediática y digital: Gabinete de Comunicación y Educación de la UAB.

Un resumen de “Comunicación y poder”, de Manuel Castells, y una conferencia en vídeo del sociólogo de la comunicación.

Presentación del coloquio.

Fundación l’Alternativa.

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